José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.
Superconocido en la comarca y fuera de ella, añorado por los ausentes y visita obligada con quienes vienen de fuera, en la seguridad de que no te equivocas, ePaco, segunda generacións la definición que del Bar 33 hace mi amigo Luis Miguel Orrico Martínez, muchos años ausente en Madrid y reincorporado reciente y activamente a la sociedad local.
Así es el establecimiento de restauración que, regentado por la segunda generación, abre sus puertas a la clientela donde siempre lo hizo: en el nº 15 de la calle del Pilar, desde 1950, en que la antigua taberna allí mismo ubicada, propiedad de Sebastián Jiménez (de Singla), decidió convertirse en bar de tapas contando con Javier Robles Guerrero como camarero del mismo.
El bar comenzó siendo bodega de un tal Conrado, de quien sólo he podido averiguar su nombre, convirtiéndose en taberna y punto de venta de vinos en manos del citado Sebastián Jiménez. Dos años más tarde, en 1952 el empleado Javier Robles Guerrero y su mujer Francisca Gómez Guirao se quedaron con el negocio, no sin antes haberlo bautizado con el nombre de 33 en recuerdo de la edad de Cristo cuando acabó su vida terrenal. (Otros establecimientos del mismo nombre los hay en Granada, Mallorca y Lourdes).
Javier y Francisca habían contraído matrimonio en 1948. Él, que había sido barbero y camarero ocasional, demostró ser un buen barman y ella una excelente cocinera constituyendo el binomio perfecto para que el 33 se convirtiera muy pronto en lugar de referencia gastronómica, al que además de ir de tapas a cualquier hora del día, se iba a que Francisca revelara el secreto de sus exquisitos platos.
Javier había nacido el 14 de junio de 1910, fruto del matrimonio formado por Javier Robles Sánchez y Francisca Guerrero Martínez, del que también nacieron otros hijos (José Mari, el del Hotel Victoria y Pedro, de BANESTO, además de dos hembras). Por su parte Francisca, la esposa, había aprendido a cocinar de su propia madre: Josefa Guirao Sánchez, perfeccionando el oficio en el Hotel Delfín de Los Alcázares (en el mar Menor). Asiduamente José Mari (el del Hotel), desviaba clientes suyos a comer o a tapear al 33, donde su hermano y cuñada les regalaban el paladar, de ahí que el lugar comenzara a tomar fama de inmediato, y no sólo entre la sociedad local, sino fuera de nuestras fronteras, contándose por decenas los famosos que inicialmente pasaron por allí, entre otros el torero Victoriano Valencia (que se hacía acompañar por el Potito), Juanita Reina, Antonio Molina, Juanito Valderrama; y después Rocío Durcal, Loquillo y Los Trogloditas, Manolo, Chuster y Carrasco (jugadores del Barcelona C.F), Millán de Martes y 13 y muchos más de imposible relación.
El lector entrado en años recordará las sabrosas tapas cocinadas por Francisca, entre ellas: la torta de boquerones, las de bacalao, los michirones, las patatas con ajo, dátiles con bacon, huevos de codorniz, canapés de salmón, calamares rellenos, carne mechada, oreja de cerdo frita, queso con arándanos, sepia, chipirones con pimientos de Padrón, pulpo a la gallega, Guíscanos (en temporada) y embutidos de la tierra, entre otras muchas delicias del paladar; siendo sus proveedores habituales las Parrulas (embutidos caseros), los Catorce de Archivel, los Jiménez de Singla; Pepe Carrasco (cervezas y refrescos) y las Bodegas Tudela (vinos y anisados), además del mercado de abastos local.

Javier y Francisca no tuvieron hijos, así que para asegurar el futuro del negocio se preocuparon de enseñar, desde muy niño, los secretos del mismo, a su sobrino Francisco Verdejo Gómez, quien comenzó a trabajar como ayudante a los trece años, alternando sus estudios en el Cervantes con el bar y haciéndose cargo del mismo en 1966 cuando murió Javier, a los 56 años, a causa de una hernia inguinal estrangulada. Francisca siguió en la cocina, cuidando también del futuro, por lo que enseguida enseñó a Carmen Andreu Martínez, primero novia y luego mujer de Paco, los secretos de la cocina, tan bien guardados en su cabeza hasta entonces. Francisca murió, anciana, en 2006, al cuidado de Paco y Carmen, sus sobrinos.
Paco y Carmen, la segunda generación del Bar 33 siguen en la actualidad ofreciendo a caravaqueños y forasteros lo mejor de la cocina local para deleite de sus sentidos y preocupándose del futuro, asegurado gracias al paulatino aprendizaje de su hijo Eugenio, tercer fruto de su matrimonio en el seno del cual han nacido también María José y Javier, quienes han decidido seguir por otros caminos profesionales.
El 33 apenas ha sufrido transformaciones en su aspecto tradicional. Ya en manos de Paco, en 1968, se sustituyó la barra, en exceso alta para los clientes, y se dio mayor capacidad al establecimiento al trasladar la cocina de lugar. También se sustituyó el mobiliario, pero en lo esencial el establecimiento de hoy sigue siendo el que disfrutaron las generaciones de la segunda mitad del S. XX.
Las anécdotas se multiplican en la memoria de sus actuales dueños. A manera de ejemplo mencionaré las siempre relacionadas con sus particulares y sorpresivas Gambas al ajillo, y la que protagonizaron unas señoras madrileñas (que siempre suelen preguntar mucho) cuando tras comer unas panochas asadas comentaron lo sabroso de las mismas pero la dureza del centro de ellas. (Evidentemente se habían comido también el zuro).
Con medio siglo largo de experiencia, dos generaciones en su haber y una tercera preparada para el relevo cuando sea necesario, el Bar 33 sigue siendo referencia culinaria dentro y fuera de Caravaca, al que antes se mencionaba junto a la Cristalería de Orrico, no necesitando en la actualidad otro comentario que el de su propio nombre para llegar hasta él. En su interior se respira tradición, y en toda su superficie flota la historia reciente de Caravaca (que han protagonizado las gentes de ayer y hoy), todo ello entre aromas y sabores de siempre que saben a futuro del mañana de nuestros hijos.