Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
El fenómeno del bandolerismo es muy representativo del siglo XIX español; aunque evidentemente su origen es muy anterior, fue en esta centuria cuando la figura del bandolero alcanzó mayor auge y consideración popular, adjudicándole en muchos casos Enfrentamiento entre bandoleros y la Guardia Civil. un carácter de rebeldía contra las injusticias sociales, tan frecuentes en la época, que no siempre se correspondió con la realidad. La presencia de estos personajes fue continua y constante, siendo esta una de las causas de la creación de la Guardia Civil, aminorando el número de salteadores de caminos y consiguiendo de este modo hacer más seguras las vías de comunicación.
En nuestra comarca fue también corriente la aparición estos personajes. Conocemos la presencia de Marcos Ferrer “el manco de Alcantarilla” en 1836, de la cuadrilla de Juan Marín una década más tarde y de la de Vicente Franco, que fue capturado en Murcia en 1849, entre otras, siendo digna de destacar la historia de Juan Manuel Noguera, que cayó abatido por la Guardia Civil en Los Royos el 2 de octubre de 1847.
Noguera no era de Caravaca, sino de Pliego, donde debió nacer alrededor de 1810, ya que su registro de enterramiento especifica que tenía 37 años de edad en el momento de fallecer. Comenzó sus correrías en 1845, según opinión generalizada, por motivos políticos para vengar algunos agravios. Sin embargo Manuel Guerrero Torres en su historia inédita de Caravaca, le confiere un origen más romántico, responsabilizando de la misma a ciertos desaires amorosos que le llevaron a matar “a un mozo pendenciero. No quiso entregarse a la justicia. Su caballo estaba habituado a la sierra, y a la sierra se fue. Pronto tuvo una partida de hombres expertos como él en el manejo del caballo y del trabuco”. 
Su presencia en varias comarcas murcianas, incluyendo la nuestra, se hizo pronto habitual, despertando cierta simpatía en amplios sectores que le veían como un paladín frente a la opresión de los terratenientes. Sus correrías alcanzaron gran fama, llegando incluso a ser suplantada su personalidad, según relata Ricardo Montes en su artículo sobre el bandolerismo en el noroeste murciano, “cuando ya era considerablemente conocido, se enteró de que un tal Guayetano andaba asaltando gentes en lo que él consideraba sus campos por ser Moratalla la primera comarca que padeció sus correrías.  Al parecer, el tal Guayetano se hacía pasar por Juan Manuel Noguera para infundir más temor y respeto.  Harto de que le achacaran fechorías ajenas, se acercó por Moratalla, lo sorprendió y lo degolló”. Una de las anécdotas más celebres de este bandolero es la referida a su herrador al que le hacía poner las herraduras a su caballo al revés para despistar a sus perseguidores. Se dice, y esto forma parte de su leyenda que lo eligió “por ser ciego, para que al no poder verlo tampoco pudiese reconocerlo ni describirlo nunca y, además hacía que le colocara las herraduras de noche y en el cementerio”.
Sus andanzas continuaron durante los dos años y medio siguientes, consiguiendo burlar a la justicia en numerosas ocasiones, ayudado por personas agradecidas a su generosidad y protección. Sobre su muerte existen diferentes versiones, una que justifica la presencia de su partida en Los Royos por un asunto amoroso: “una mujer que acaso lo lloró después de muerto, por despecho o por celos lo denunció diciendo la casa en donde se encontraba con otra mujer” y otra que afirma que se presentó a cobrar cierta cantidad de dinero a un tal Marín. Además existe otra, basada en el informe que el oficial al mando, el Comandante de la Guardia Civil de la Provincia de Murcia D. Manuel Frexas, remitió al Jefe político de Murcia y que fue publicado en diversos periódicos de tirada nacional (La Esperanza, El Clamor Público, El Heraldo de Madrid, El Español, etc.). Según se desprende del mismo, fue este último, D. Rafael de Humara y Salamanca, el que ordenó al referido comandante la localización y captura de la gavilla de Noguera “para la tranquilidad de la provincia toda”, lo que hizo enviando un piquete formado por “tres caballos y cuatro infantes”.
Este oficial no estaba presente en el enfrentamiento, por lo que el informe incurre en algunos errores. Según el mismo, el grupo de la Guardia Civil localizó a los bandidos el día 30, teniendo lugar un primer enfrentamiento en el que fueron capturados dos bandoleros. Al día siguiente, 1 de octubre, se produjo un tiroteo resultando muerto uno de los malhechores, el llamado José Sáez “el Ronco” (el informe equivoca el nombre llamándolo Manuel). Los dos supervivientes, Noguera y Silvestre Rizo alias “el majo de los canarios”, buscaron refugio en la cercana aldea de Los Royos, donde en la tarde del día 2 hubo un nuevo enfrentamiento siendo muertos los dos bandoleros junto con el guardia civil Antonio Martínez, natural de Archena de 25 años de edad, herido mortalmente de un trabucazo a quemarropa por el propio Noguera. El referido R. Montes, añade algunas variantes a este relato, no citando ningún enfrentamiento previo puesto que la guardia civil, avisada de la visita de la cuadrilla de bandoleros a Los Royos, tenía rodeado el lugar, “la gavilla, al verse descubierta, abrió los portones de la venta y salió al trote.  Juan Manuel cayó herido gravemente y al sentirse morir desde el suelo pidió auxilio; se le acercó para ayudarle el guardia Antonio Martínez, quien cayó en la trampa y fue muerto a su vez por el bandolero, decidido a morir matando”. Por su parte, Guerrero Torres rememora el suceso haciéndose eco de la tradición popular: “La guardia civil rodeó la aldea de Los Royos antes de que amaneciera. Uno de su cuadrilla avisó a Juan Manuel. En la casa donde estaban no tenían sus caballos, pero dispararon sus trabucos contra los que los perseguían. Los guardias avanzaban y estrechaban el cerco. Los bandoleros se vieron obligados a salir corriendo hacia los montes por la puerta medio oculta de un pajar. Aumentaron las descargas de los guardias y los bandidos cayeron. Juan Manuel, solamente herido; el Rizos, muerto. Un guardia civil caravaqueño, el hijo de La Gañana, puso la punta de su sable en el pecho al bandido que en el suelo se desangraba. Con la mano izquierda le cogió el sable por el filo para desviarlo mientras le decía: “Al caído no se mata así”. El guardia tiró del sable cortándole los dedos, mientras Juan Manuel le disparaba su pistola. Juan Manuel, muriendo y matando”. Esta versión contiene también algunos errores, ya que el guardia civil fenecido no era de Caravaca ni tampoco menciona al “Ronco”, tercer bandolero muerto.
El enfrentamiento con la Guardia Civil con la consiguiente muerte de Noguera causó tal sensación entre la población que pronto comenzaron a surgir coplillas recogiendo el suceso, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días. Montes recoge cuatro de ellas: “En la venta de los/Royos residía/Juan Manuel, mientras/su querida lo vendía”; “En los Royos mataron/al valiente Juan Manuel/con un piquete de tropa/y el teniente coronel/Muriendo y matando estaba/cuando estaba ocurriendo/llamó a un civil/y cogiendo la mano/lo mató con un fusil”; “En la Venta de Los Royos/allí mataron a tres/el hijo de la Gañana/al Rizos/y a Juan Manuel” y “En la Venta de los Royos/mataron a Juan Manuel/al Majo de los  Canarios/y al Cigarrillos también”; mientras que Guerrero Torres aporta una quinta: “En la venta de Los Royos/dicen que han matado a tres/al hijo de La Gañana/al Rizos y a Juan Manuel/en la plaza están tendidos/salga el que los quiera ver”. 
El informe oficial indica asimismo, que las fechorías de esta cuadrilla albergaban intencionalidad política, considerándola partidaria de los sublevados carlistas: “Los referidos Juan Manuel y Silvestre Rizo estaban solos, llevaban vigote y gorro, circunstancia que,  unida a las noticias que antes y después he adquirido sobre los proyectos que tenían, me confirman en la opinión, bastante generalizada ya, de que su intento era levantar la bandera montemolinista para continuar a su nombre su larga carrera de crímenes”. Los cadáveres fueron conducidos a Caravaca, inicialmente se pensó trasladarlos a Cehegín, ordenándose que los de los bandoleros fueran “expuestos al público para escarmiento de los malvados”, siendo los cuatro enterrados el 3 de octubre en el cementerio parroquial de Caravaca.
Los guardias civiles fueron recompensados por la reina Isabel II, quien agradeció el “celo y actividad con que se condujeron en la persecución de la gavilla”, proponiendo el ascenso de D. Manuel Frexas al empleo de primer comandante, así como la concesión de la Cruz de San Fernando de 1ª clase al teniente D. Casto López Espinosa y la Cruz pensionada de María Luisa al guardia fallecido. Por su parte, el Ayuntamiento de Caravaca, en su sesión de 27 de noviembre, acordó agradecer públicamente la magnífica labor de “D. Manuel Frexas capitan de la Guardia Civil, de cuya mano protectora se recibio el sacudimiento del yugo que nos oprimiera con el exterminio total de dicho bandido, y su Gavilla”.