FRANCISCO SANDOVAL

La casa consistorial caravaqueña, a diferencia de otras de la comarca, es un edificio concebido expresamente para la función que desempeña desde 1763. Jaime Bort, arquitecto de la fachada de la catedral de Murcia, fue quien trazó los planos originales, que posteriormente sufrirían alguna modificación.

El edificio participa de la ciudad y, en vez de añadirse a la plaza, él la conforma. Se levanta perpendicular al histórico camino de Murcia a Villanueva de los Infantes, del que son herederas las calles Puentecilla y de la Monjas. Por ello, su elemento más característico es el arco (o de forma más precisa, la bóveda de cañón) que permite que este eje urbano atraviese el inmueble.

Su fachada a la Plaza del Arco se organiza en tres cuerpos de los cuales los dos primeros tienen una elevación considerable: a la altura de la cornisa que remata el segundo cuerpo encontramos en los edificios adyacentes desarrolladas tres plantas, incluso cuatro en los siguientes edificados con posterioridad. Esta línea de cornisa hace coincidir el remate de la antigua Alhóndiga, la cárcel y el Círculo Mercantil, y nos habla de lo que podría haber sido una plaza más homogénea si las edificaciones restantes se hubieran ceñido a dicha altura.

La Casa Consistorial presenta un doble acceso mediante una portada de mármol jaspe y negro a cada lado, y en uno de ellos se dispone una escalera imperial. El balcón del segundo cuerpo recorre todo el alzado del edificio, que es a su vez el ancho de la plaza, lo que propicia una relación directa con la profundidad de esta. El balcón adquiere un significado mucho más allá del elemento arquitectónico, pues es también prólogo de las fiestas patronales.

El tercer y último cuerpo es de altura más reducida. Sin duda lo más llamativo es el escudo de la ciudad inserto en un medallón que parte un frontón curvo, y es que pocos municipios tienen el privilegio de tener el escudo propio tallado en piedra en la fachada de su ayuntamiento.

Quiero detenerme en un detalle, más técnico, que pasa desapercibido, y que no lo he visto mencionado en las descripciones que he consultado. Desde la plaza es imperceptible, pero sí se ve desde la torre de El Salvador cómo funciona su cubierta. El edificio se cubre con un faldón inclinado que evacúa el agua hacia la calle Puentecilla. Sin embargo, en su fachada principal a la Plaza del Arco se simula una cornisa con un acabado de tejas, que en realidad tiene escasísima profundidad, pues enseguida encuentra el tejado su inclinación opuesta hacia la Puentecilla.

Este detalle que pueda aparentar poca importancia evita la ruina del balcón, pues impide que toda el agua del tejado caiga sobre él. No obstante, sí que cae una pequeña porción que, con el escaso saliente de la cornisa, provoca algunas humedades en la fachada. Esto nos hace pensar si, quizá, el remate de cornisa y tejas fuese una solución alternativa al proyecto original de Bort. El ayuntamiento de Cuenca, del mismo arquitecto, se remata con un ático y unos pináculos y jarrones tan del gusto de la época de tal forma que el tejado queda oculto. Este recurso se emplea también en la casa consistorial de Lorca. La posible existencia de dicho remate en el plano original es tan solo una hipótesis que, no obstante, nos recuerda que el arte de construir va aparejado siempre de una técnica que lo ampare y haga posible.

LA RELACIÓN CON LA PLAZA

Como ya se ha dicho, la casa consistorial da origen a una plaza que acogerá el mercado semanal y cuya relevancia queda consolidada. Algunas edificaciones entre la alhóndiga y lo que fue la puerta de Santa Ana llegan a alcanzar las 5 plantas en el siglo XIX, un atrevimiento para una época previa a la aparición del ascensor, que nos da idea del valor del suelo en la plaza. Esta es, en mi opinión, una edificabilidad que no se habría dado antes en Caravaca. En el diccionario de Madoz se describen en 1846 casas “de 40 pies de alto” en el lado oriental de la plaza, y las fotos de 1900 nos muestran edificios como el portal no4 que conserva desde entonces sus cinco alturas.

En cuanto al famoso arco, no sigue la directriz de la calle, sino que muchos consideran que mira hacia la portada de El Salvador. La estereotomía del arco no es para nada complicada y su embocadura es perpendicular a la fachada, por lo que no podríamos decir que solo el arco busque una dirección concreta, es toda la fachada del ayuntamiento la que se replanteó con esa orientación y no otra.

Entramos ya en el terreno de la conjetura. Se hace necesario investigar más, al menos por mi parte, para saber si el proyecto buscaba esa relación directa con la fachada de la iglesia de El Salvador. Si así fuese, habría sido imprescindible demoler las casas que se hallan en medio, suponiendo que ya estuviesen ahí a mediados del XVIII. Sin embargo, ya entrado el siglo XIX, y con las circunstancias de auge antes descritas, no parece que a sus dueños les hubiese parecido una buena idea.