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El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas

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El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas

Aparentemente en los ríos impera el orden y la jerarquía. Pero luego en la realidad las cosas no son exactamente así. Como todos los asuntos complejos que funcionan de acuerdo a las normas que dicta la naturaleza, los ríos son fieles a algunos principios, como la gravedad o la sujeción a las estructuras geológicas. Pero luego vienen a interferirse otras veleidades de los terrenos, como la caprichosa posición de los relieves, la diferente naturaleza de las rocas, las masas de vegetación, e incluso la intervención de los hombres, cuestión esta no menor en los tiempos que corren.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
Benizar desde el Rincón de las Cuevas

Así, el Segura, río importante por tal cantidad de razones que nos faltaría papel para enumerar solo una parte de ellas, se nutre de una cuenca compartimentada en subcuencas disimétricas y diversas. En cabecera se puede decir que el río lo forman el propio Segura, el Madera y el Zumeta. Por su margen izquierda destacan el caudaloso río Mundo y el Tus. Y por la derecha, toda una serie de afluentes que, entre otras cosas, imprimen carácter a los pueblos, aldeas y cortijos de Nerpio, Moratalla, Caravaca, Cehegín, Bullas y Mula. Son el Taibilla, el Alhárabe, el Argos, el Quípar y el Mula. Luego está el Guadalentín o Sangonera que brama por su cuenta y recoge aguas del país lorquino y de gran parte de los Vélez. En total, unos 15.000 km2 de cuenca. Dicho así en tan pocas palabras, solo nos faltaría añadir los caudales de cada uno de estos tributarios para dejar todo en orden. Sin embargo, muchas circunstancias desmienten esta aparente realidad aritmética y geométrica. Una de ellas es la que nos ocupa.

Entre los ríos Taibilla y Alhárabe, una serie de arroyos avenan sierras, serratas, valles y vallejos, recogiendo aguas de manantiales a diestro y siniestro y conformando riberas ricas en biodiversidad, que además han aportado a los humanos desde tiempos prehistóricos todo lo necesario para vivir. La cuenca de estos arroyos suma aproximadamente un 5% del total de la del Segura, pero ocupa un lugar central en la misma y tiene características físicas y humanas que le dan la suficiente singularidad para reclamar su protagonismo en el solar ibérico.

Uno de estos arroyos es el de Benizar, que en realidad funciona como un verdadero río. Remonta, por un lado, hasta Mazuza y Otos, poblaciones a las que dan vida dos manantiales notables, que permiten tandas de riegos.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
El molino de Antón | Foto Jesús López

En Mazuza los calares que envuelven al poblado por el poniente alumbran las aguas que bajan hasta el pueblo, abastecen a las casas y alegran su restaurado lavadero que los del pueblo cuidan con capricho. Han puesto allí una teja conmemorativa con la gracia del arte popular, que dice “Lavador de Mazuza, mayo 2014”. En Benizar hay algún otro lavadero y tengo oído que fue un cura el que se las apañó para que lo hicieran, que los curas, aparte de predicar, a veces hacen cosas.

El caso es que los lavaderos, algunos de ellos recién restaurados, aliviaron muchas penas a las mujeres antes de que se inventaran las lavadoras eléctricas. En los inviernos lavar en las acequias o en los remansos de los arroyos era muy penoso. No tanto en los veranos. Así que la cubierta y las losas de obra aliviaban de la helada. Y en el buen tiempo las conversaciones se animaban, a veces para bien y a veces no tanto.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
Rincón de las cuevas | Foto Jesús López

El otro brazo del arroyo es estrictamente el de Benizar. Allí nacen o renacen sus principales manantiales, sin contar las aguas que episódicamente afloran en el hermoso paraje del Rincón de las Cuevas y que vienen de Charán y esa parte. Tenemos, en el mismo pueblo de Benizar, tres fuentes: la Fuente Fresca, la del Molino, y la Fuente Arriba o Fuente Grande, que derrama sus chorros con generosidad durante todo el año y refresca la vista cuando tomas la carretera que va a El Sabinar.

Benizar es un pueblo notable y se ha formado de la unión de tres cortijadas o aldeas: La Tercia, el Villar y El Molino. En todas ellas, pero especialmente en la de El Molino los vecinos cuidan las callejuelas y las casas con mucho capricho y de vez en cuando organizan actividades para los visitantes, haciendo lucir las aguas, las luces y las lustrosas macetas y tiestos para su propio disfrute y para el de los visitantes. Las gentes de Benizar son aguerridas y serranas, y resisten los envites de los males de nuestros tiempos porque no pierden su arraigo y aman su tierra. O eso creo yo. Y se merecen más de lo que los mandantes les dan. Mucho más.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas

El arroyo se deja caer en dirección norte a los predios socoveños, saltándose la raya de las provincias, que le pilla muy cerca, y partiendo por la mitad el trozo del anticlinal de Socovos con el que tropieza hasta abrirse paso. Una vez que entra en las vegas de Socovos, al arroyo lo enseñorean bosques y matorrales de ribera hasta que hace su entrada al río Segura, hoy día al pantano del Cenajo, desde que construyeron la presa. En los lugares más estratégicos de sus riberas el arroyo movió molinos, varios. Se conserva bien la arquitectura de uno de ellos, el de Antón, así como algunas de sus partes. Se ven desde la carretera el caz, el cubo y el cárcavo. El socoveño Joaquín Miranda recuerda con añoranza cuando de niño iba a visitar a sus tíos, que gobernaron el molino después del tío Antón. Los molinos que hay más adelante, el de la Dolores “la viuda”, el de Miguelillo y el de la Juana Antonia están en ruinas, como tantos otros que dieron la harina necesaria para sobrevivir a tantas familias.

Junto al arroyo florecieron notables cortijadas, hoy en estado de semiabandono, como las Casas del Arroyo, o casas del Royo, donde llegaron a vivir más de 20 familias, cultivando cereales, frutales y cuidando de ganados y de una notable recua de caballerías. Por el lugar transitaba mucha gente de los alrededores y de los pueblos de Socovos y Férez, recolectando aromáticas, leña o esparto, bajo la mirada tolerante del guarda que allí había, que no todos los guardas fueron comprensivos con la gente necesitada.

El arroyo de Benizar y sus gentes ribereñas
Roble monumental en Casas del Royo | Foto: Jesús López

Las casas del “Royo” tuvieron luz eléctrica en tiempos prematuros, probablemente por su cercanía con el pantano del Cenajo, de manera que, antes de irse, la gente pudo disfrutar allí de teléfono y hasta de televisión. Actualmente no vive nadie de manera permanente. Una de las casas -creo que perteneciente a los dueños- está arreglada con gusto y capricho, porque seguramente irán en temporadas. A la par de la cortijada se conserva un notable robledo, con árboles admirables de gran porte, que han resistido a las sequedades y a las adversidades de los tiempos y que son auténticos monumentos de la naturaleza.

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Un comentario

  1. Buena exposición del los encantos del lugar.

    Como en tantos otros, el agua y su inmenso poder marcó la ubicación de casas, huertas y molinos.
    Saludos

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