José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Tras la Guerra Civil, y mientras se organizaba la nueva administración local surgida del espíritu del 18 de julio de 1936, dos personas se hicieron cargo, sucesivamente y de manera provisional, del Ayuntamiento: Felipe Martínez Iglesias, Luís Martínez-Carrasco Blanc y José Luís Gómez Martínez, este último hasta febrero de 1942 en que fue nombrado por el Gobierno Civil de Murcia y con carácter estable, el abogado Antonio Guerrero Martínez, quien había sido primeramente jonsista y luego falangista y primer Jefe Local del Movimiento.

Antonio Guerrero nació en la C. de Segunda Traviesa el 16 de enero de 1911, como quinto fruto del matrimonio integrado por José Guerrero Alfocea y Mariana Martínez Álvarez. Cursó la formación primaria en el colegio de los PP. Carmelitas Descalzos de la Glorieta con los padres Rafael y Gabriel (donde coincidió, entre otros, con compañeros como Pepe Gómez, Paco Haro y Ángel Martínez Carrasco), y la secundaria en el Instituto de Los Andenes (luego Colegio Cervantes), del que era director D. Ángel Dulanto y donde daba clases de Química el farmacéutico D. Cayetano Laborda (de la Botica de las Columnas).

Buen jugador de fútbol (con nombre de Roberto), actuó en el equipo local como interior derecho junto a Javier Buendía, Ángel Martínez-Carrasco, Espejo, Juan Corbalán, Enrique Blanc (Bolo), el Zorro, Carricos, Ignacio Velázquez y otros de fuera, quienes pusieron al equipo en tercera división. El sobrenombre Roberto con el que era conocido entre los aficionados, respondía a la negativa de su padre a que practicara dicho deporte, por lo que Guerrero se escondía tras el nombre futbolístico para evitar problemas familiares.

Tras el bachiller hizo Derecho, como alumno libre, en la Universidad de Murcia, viéndose enrolado en la política del momento, primero como miembro de las JONS (Juntas Ofensivas Nacionales Sindicalistas), en compañía de Juan Rico, Vicente Navarro Mora, Pepe García y El Sordo de la Luz entre otros muchos; y luego como falangista tras la integración de las JONS en aquella otra ideología política, fundada en Madrid, en 1933,  por José Antonio Primo de Rivera, de la que fue su primer jefe en Caravaca como ya se ha dicho.

Durante la Guerra Civil estuvo encarcelado en el Castillo, siendo uno de los que se salvaron de la matanza ocurrida en su interior durante la noche del 1 al 2 de octubre de 1936, ocultándose en la cornisa de la cúpula del templo. Quienes se salvaron con él fueron todos trasladados a la prisión provincial de Murcia y después a otros presidios en Albatera (Alicante) y Órgiva (Sierra Nevada), donde los ocuparon, en trabajos forzados, en la construcción de una carretera. En Órgiva le sorprendió el final de la Guerra, siendo trasladado en un camión hasta Caravaca.

Organizó en compañía de otros la compañía murciana de la División Azul, marchando a tierras rusas en la denominada Primera División (ó de los idealistas), en cuyas filas figuraba el único caravaqueño que falleció en la misma: Felipe Marín Fuentes. Estuvo en Smolensko, donde sufrió la congelación del hombro y brazo derecho, motivo por el que fue evacuado a Postdam (Alemania) y devuelto finalmente a Caravaca.

En 1942, el Gobernador Civil Cristóbal Graciá Martínez lo nombró Alcalde y Jefe Local del Movimiento,  dando comienzo a un período en que tuvo que emplear muchas de sus energías en sacar gente de la cárcel, a donde se iba a parar por cualquier cosa como hablar mal de Franco, cantar el himno de Riego (estando borracho, que sobrio nadie se atrevía a ello), cortar ramas de los árboles de la Glorieta para calentarse en invierno y un largo etcétera que el lector puede imaginar, además de hacerlo por delitos como el estraperlo o el hurto, en años de extrema escasez.

Durante el período de diez años en que se prolongó su mandato al frente del Ayuntamiento, tuvo como concejales, entre otros, a Gabriel Elbal Navarro, Vicente Navarro Mora, José Luís Gómez Martínez, José García, Vicente Elbal y el médico Alfonso Zamora Samper, junto a quienes pudo llevar su programa político y social adelante con muy pocas ayudas de fuera, sin apenas ingresos económicos en el Ayuntamiento y entre la indigencia generalizada del pueblo. A pesar de todo, durante su mandato como alcalde se construyeron las Casas Baratas en el Camino del Huerto, se inauguró el Campo de Fútbol tras el Matadero (donde hoy se encuentra el complejo escolar La Santa Cruz). Se entró en la Mancomunidad de los Canales del Taibilla. Se erigió, por suscripción popular, la desaparecida Cruz de los Caídos y se configuró urbanísticamente su entorno. Se logró la venida de los Claretianos que se hicieron cargo del cuidado y culto a la Stma. Cruz en el Castillo (1945). Se adquirió, también por suscripción popular, el relicario para la Sda. Reliquia, realizado por la casa Beldarían de San Sebastián. Se reconoció el Castillo y el Santuario de la Vera Cruz como Monumento Nacional (1944) por el Gobierno de la Nación. En 1950 se solicitó la creación de un Centro de Enseñanza Media Profesional, que no llegaría hasta 1967 y cambiaron algunos nombres de calles como la Pl. del Templete, que comenzó a llamarse de S. Juan de la Cruz, la Pl. del Progreso (hoy Nueva), del Obispo Frutos Valiente y el Camino del Huerto: Avda del general Jordana. Así mismo se impulsó la inauguración del Cementerio Municipal, construido y sin uso desde varios años antes.

Nombró los primeros guardias municipales, entre ellos al Rojo Sabina y a Ponce (quienes también actuaban como maceros de la Corporación), a Juan Torrecillas, Calvillo, y a José el Parrala, todos ellos bajo el mando del sargento Almagro, que era de Alicante.

En enero de 1943 contrajo matrimonio con Caridad Guerrero Rodríguez en el domicilio de la novia y finca de El Jardinico, según costumbre relativamente frecuente entre la sociedad de la época. Fruto de dicho matrimonio llegaron al mundo sus dos hijos: José Antonio y Pedro Sergio.

En 1951, a petición propia dejó la alcaldía, no así la Jefatura Local del Movimiento, proponiendo al Gobernador Civil una terna de posibles herederos en el cargo, compuesta por Gabriel Elbal, Vicente Navarro Mora y Manuel Hervás Martínez, el más joven de los tres, quien fue nombrado como su sucesor en la Alcaldía.

En 1952 marchó a Madrid como letrado del Sindicato Nacional de Ganadería, del que era su presidente Diego Aparicio. En este su nuevo cargo fue uno de los creadores de la feria Internacional del Campo, en 1956 y del raily hípico Lisboa-Madrid que se celebró en los años 1958 y 59, entre otras actividades.

Aunque físicamente hubo de alejarse de Caravaca por razón de su propio trabajo, siempre permaneció unido a la ciudad (donde transcurrían sus vacaciones), por vínculos afectivos, familiares y económicos. Y aunque falleció en Madrid, el 25 de noviembre de 1975, fue velado en su casa caravaqueña y enterrado, por propia voluntad, en el panteón familiar del cementerio cuya puesta a punto y comienzo de su funcionamiento él mismo impulsó.