Josefina Carreño Montoya.

Maestra y Licenciada en Psicología.

En las últimas décadas del siglo XX se extendió la tendencia a cuestionar la bondad de los cuentos maravillosos en la infancia. Según esta moderna teoría, los cuentos tradicionales mostraban personajes y modos de vida sexistas, crueles y violentos. Antiguos. Hacían referencia a modos de vida arcaicos, a usos y costumbres agrarias, al pasado. Nada que tuviera que ver con el “progreso” y la falsa “modernidad”, con la “Arcadia” feliz emergente.

Según los estudiosos más serios, el origen de los cuentos maravillosos se remonta al Neolítico, coincidiendo con la aparición del Patriarcado como organización jerarquizada de la sociedad. Los cuentos, relatos orales de sabiduría ancestral, describen arquetípicamente todas las dualidades emocionales humanas, sus conflictos y sufrimientos. Son fuente de vida.

Si los cuentos son la verdadera literatura realista, según Chesterton, entonces, por qué hemos pretendido silenciarlos, por qué las sociedades urbanas  e industriales pretendieron ocultar sus historias y enseñanzas. Pudiera pensarse que, como Alicia en el País de las Maravillas, miramos con asombro hechos que nunca dejaron de estar, pero que se pretendió invisibilizar.

Si los cuentos maravillosos nacen con el Patriarcado, es altamente probable pensar en las mujeres, tanto como corresponsables de su autoría anónima, como transmisoras y contadoras. Entonces, no es descabellado suponer su interés por mostrar personajes-arquetipos que pudieran representar dualmente las virtudes y peligros. La violencia, el abandono, la legitimidad del heredero, son temas reiterativos. ¿Ficción o crónica  de  los terribles conflictos que devinieron en el nacimiento y desarrollo del nuevo orden patriarcal emergente?

“Cuentos de los niños y del hogar” es el título de la obra recopilatoria de los Grimm. En mi opinión, muchos de los cuentos tradicionales fabulan, en un intento de romper el silencio y el aislamiento, las vidas y penurias de los  moradores en exclusividad del hogar, a saber, las mujeres y sus crías. Silencio y aislamiento. Secretos guardados bajo ”las siete llaves” cual Barbazul. Infamia y violencia patriarcal.

Abrir las “siete puertas”, los cuartos oscuros, las casas escondidas, refugios de dolor, abuso y maltrato, sigue constituyendo la clave necesaria y urgente. Porque cualquier manifestación de violencia nos concierne como sociedad y sus víctimas requieren amparo, ayuda y protección. Por ello adjetivar la violencia sólo debe ser un medio para analizar las causas que la generan, nunca para desentenderse o menospreciarla. Hablar de violencia doméstica nunca nos pareció adecuado, a no ser que venga referenciado por los verbos domesticar y domar, sinónimos según la RAE. ¿Acaso su etimología no clarifica su  origen patriarcal?

La violencia de género, manifestación extrema de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, genera muertes y orfandad, maltrato y abusos, desprotección y miedo. Pareciera que hoy sigue siendo necesario decir bien alto que esta realidad nos concierne a todos y todas, que la Ley Integral contra la Violencia de Género se incumple, que es urgente poner en el centro de la agenda política y social esta terrible situación. El informe del Ministerio de Presidencia e Igualdad de 31 de octubre del año en curso, es muy ilustrativo. Les animo a consultarlo. Mil veintiséis mujeres asesinadas en el territorio español desde el año 2003 en que se iniciaron los registros de Violencia de Género. Más de cincuenta en este 2019. Treinta y cuatro menores (2013-19) víctimas mortales en casos de VG contra sus madres. Datos oficiales referidos a mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Por los hombres que decían quererlas.

Es urgente tomar conciencia que esta es una lacra social, no un problema doméstico.

Por ello, necesitamos políticas de protección hacia las mujeres en riesgo, programas coeducativos que rompan con los roles de género y favorezcan las relaciones de respeto e igualdad, campañas institucionales de concienciación que aíslen conductas sexistas y misóginas. Porque “una sociedad libre de Violencia de Género” sólo lo será cuando consigamos la igualdad efectiva de derechos, oportunidades, trato y condición para todas las personas. Las mujeres somos el cincuenta por ciento (o más) de la población.

Mucho hemos avanzado.  La historia de la “Bella durmiente” alecciona sobre las consecuencias del silencio y la  pasividad de una sociedad dormida.

Este 25 de noviembre, “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia hacia las mujeres”designado por Naciones Unidas  hace ya 25 años, puede ser un buen momento para desenmascarar el terrible secreto de Barbazul.

 

Caravaca, 18 de noviembre  de 2019