JOSÉ ANTONIO MELGARES

La fecha del 14 de septiembre ha sido siempre un referente obligado en el calendario local caravaqueño. Una fecha emblemática que ahora sólo tiene importancia religiosa, y apenas socioeconómica en el campo, pero que era esperada por nuestros abuelos, y los abuelos de aquellos, por muy diferentes motivos.

Reverso del programa de 1943

Reverso del programa de 1943

Sin duda alguna, el origen de la importancia de esta fecha es religioso. Se trata de una de las tres festividades litúrgicas que la Iglesia Católica celebraba en honor a la Cruz de Cristo (el 3 de mayo: la Invención, el 16 de julio: el Triunfo —fiesta española que recordaba el triunfo de las tropas cristianas sobre las moras este día del año 1212, en Las Navas de Tolosa— y el 14 de septiembre: la Exaltación), siendo esta última, como se sabe, la única que permanece en el santoral o calendario litúrgico, aunque se consienta, por su popularidad, la del 3 de mayo.

Antiguamente, y me refiero al S. XVI y siguientes, el Concejo y la Clerecía asistían por la mañana, junto al resto de la población, a la ceremonia en que se bajaba la Vera Cruz de su torre en la Fortaleza, se celebraba misa mayor en su capilla del Castillo, y se mostraba públicamente, por una de las ventanas altas del edificio, al gentío allí congregado que la aclamaba y vitoreaba, todo ello precedido y seguido del denominado pleito homenaje.

Posteriormente y ya en el S. XX, previo a la fecha del 14 de septiembre se celebraba un novenario preparatorio, unas veces en El Salvador y otras en su Santuario, que concluía en esa fecha con la procesión vespertina que, como hoy, siempre tuvo lugar alrededor del Castillo (salvo en ocasiones contadas y puntuales), aunque de manera diferente pues la Reliquia era llevada en andas pobladas de flor, por clérigos locales. La sustitución de aquellas andas por el palioactual vino motivada por la escasez de sacerdotes, ya que por su culto de latríasólo ellos pueden portarla.

El novenarioprevio al 14 de septiembre se sustituyó por el quinario actual (cinco días en lugar de nueve), en los años sesenta del S. XX, con la excepción hecha de los años en que fue Hermano Mayor Andrés López Augüy, en que se recuperó la vieja tradición del novenario, no seguida por los siguientes hermanos mayores.

Antaño, el 14 de septiembre comenzaba la Feria de Ganados que tanta fama dio a Caravaca en el espacio geográfico agropecuario del Levante y Sureste Español. De su comienzo en esta fecha, y su prolongación durante ocho días, dan cuenta el padre Martín Simón de Cuenca en su Historia de Caravaca publicada en 1722 y muchos documentos de nuestro Archivo Municipal. Durante la misma se celebraban corridas de toros y comediasen la actual Plaza del Arco, y más tarde (cuando se construyó en el S. XIX), en el teatro Thuillier. Se montaban casetas para la venta de diversos artículos en el tramo de la calle Mayor que corre frente a la fachada principal de El Salvador, y había gran movimiento de ganado mular y vacuno, aquel en la Glorieta y aledaños de la misma y éste en el Egidoe inmediaciones de la Plaza de Toros. De este mercado de ganados aún queda constancia en abundantes fotografías realizadas durante los años del ecuador del S. XX y, sobre todo, en la memoria de los mayores. La lógica nos obliga a pensar que estas fechas previas y posteriores al 14 de septiembre eran las más idóneas para la compraventa de ganado mular y vacuno, tras la conclusión de las faenas de recolección de los frutos del campo, sobre todo de los cereales, que tanto influyeron en la economía local de otrora.

También la lógica nos obliga a justificar la paulatina desaparición de esta feria a la vez que se impuso la mecanización de las faenas agrícolas que motivó la sustitución de los animales de tiro y labranza por la maquinaria agrícola. Segadoras, trilladoras, tractores y, finalmente, cosechadoras, sustituyeron en las faenas del campo a los tradicionales caballos, mulas, burros y bueyes, por lo que la feria de septiembre (que con el tiempo se había trasladado a los primeros días de octubre), cayó en la crisis que abocó a su desaparición durante los años sesenta, no sin antes haber pasado por fases de transformación en Feria de Maquinaria Agrícola que no llegaron a cuajar en el futuro, hoy presente.

También la fecha del 14 de septiembre fue tradicionalmente, y aún lo es aunque con menor volumen económico, el momento en que se iniciaban, renovaban o concluían los contratos en el campo. Contratos de aparcería, venta y alquiler de espacios dedicados al pastoreo y a la agricultura como corrales, apriscos, bancales, pastos e incluso fincas. Contratación y despido de pastores y mozos de servicio, y un largo etcétera de cuya actividad dan cuenta innumerables escrituras notariales de los archivos locales y regionales. Todo ello, insisto, sigue existiendo en la actualidad, y aún son muchos los contratos relacionados con la tierra, el ganado y cuantos se ocupan de la producción y el cuidado de una y otro, que se inician y concluyen cada 14 de septiembre.

En las inmediaciones de la fecha en cuestión se inicia cada año el nuevo curso escolar en la enseñanza primaria, y poco después en la secundaria y, finalmente, en esa fecha, con la celebración del Quinario y la Cruz de Septiembre, ya de regreso de las vacaciones estivales y con las pilas del cuerpo y del alma cargadas, se inicia en la actualidad lo que podríamos denominar el Año Festero de preparativos y actividad continua para una nueva edición de las Fiestas de la Cruz. Año Festero que, como también se sabe, concluye con el Cabildode la Cofradía que tiene lugar el último domingo de junio, en el que se rinden cuentas, personales y económicas, de lo realizado a lo largo del mismo.

Una fecha, la del 14 de septiembre que, como dije al principio, no pasa desapercibida en el calendario local anual, y que no sólo fue referente para nuestros antepasados, sino que lo sigue siendo para nuestra generación, en la primera década del S. XXI.