NOEMÍ GARCÍA MARÍN/PEDAGOGA Y ORIENTADORA ESCOLAR

Educar para la igualdad de género sigue siendo una tarea difícil en nuestra sociedad, pese al gran avance en los últimos años. Mejorar la educación en términos de igualdad requiere eliminar los prejuicios y las ideas preconcebidas mediante el fomento del pensamiento crítico desde las edades más tempranas (etapa idónea para asimilar pautas de conducta igualitaria). Trabajar la igualdad de género, ayuda a eliminar los estereotipos relacionados con éste y, por consiguiente, a prevenir situaciones de discriminación sexista en el futuro. Es por ello, que la mayoría de expertos coinciden en que es necesario ayudar a los escolares a reflexionar, ofreciéndoles estrategias que les permitan prevenir o erradicar de su entorno íntimo, personal y social la desigualdad y, por ende, la violencia de género. Para invertir esa tendencia y hacer posible una educación en igualdad, la familia y escuela tienen un papel fundamental.

ImaginiaDesde la escuela, es necesario el desarrollo de programas que modifiquen los contenidos sexistas en los materiales educativos. Formar al profesorado en propuestas pedagógicas como la coeducación, eliminando así estereotipos entre sexos, las desigualdades sociales y las jerarquías culturales, potenciando las relaciones igualitarias y previniendo la violencia de género desde la primera infancia. Usar el juego como herramienta para educar en la igualdad, fomentando los juegos inclusivos, en los que los roles masculino y femenino no intervengan, equipos mixtos para que niñas y niños se vean como iguales. Para ello, es necesario la implicación de toda la comunidad educativa, trabajando conjuntamente con las familias.

Desde el hogar, la transmisión de valores de respeto, tolerancia e igualdad para conseguir una educación real es importante, dejando de lado “etiquetas” destructivas y sexistas. Lenguaje negativo que sin darnos cuenta transmitimos a los más pequeños “los chicos no lloran, tienes que ser un machote”, “no llores que te pones fea”, “las niñas tienen que aprender a hacer las tareas de la casa”, “ese color/juguete/deporte es para niños y ese para niñas”… Lenguaje que provoca poca seguridad, aumento de la culpabilidad y baja autoestima. ¿Cómo educamos para la igualdad desde casa? Aceptando la individualidad de cada hijo/a, educando a través del ejemplo, poniendo límites con respeto, valorando sus propuestas y pensamientos así como eliminando estereotipos del hogar. Enseñando las mismas tareas a niños y niñas, apoyando y animandoles para que desarrollen sus talentos, sean cuales sean. Educando desde el amor, la creatividad, la paciencia y desde la madurez, dejando de lado la educación autoritaria y sexista, apostando por un clima de equidad, por una atmósfera en la que las tareas domésticas no sean única y exclusivamente responsabilidad de mamá, sino de todos los miembros de la familia.