ANTONIA BELÉN LÓPEZ SÁNCHEZ
PROFESORA
La educación diferenciada ó segregada es un modelo educativo que separa a los alumnos según su sexo. Este tipo de educAntonia Belén Lópezrles una educación más especializada ya que subsanaremos las diferencias cognitivas entre hombres y mujeres.
Numerosos estudios muestran que hay una cierta serie de diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Por ejemplo se ha demostrado que en las niñas, el hemisferio izquierdo del cerebro empieza a funcionar alrededor de los dos años mientras que en los niños sucede entre los cuatro y cinco años.
Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona dice que: “El hombre supera a la mujer en destreza y habilidad motoras, en orientación, en razonamiento matemático, entre otras aptitudes. La mujer es mejor que el hombre en movimientos fijos y precisos de manos y dedos, en la percepción sensorial (salvo en visión, equiparable en ambos), en fluidez verbal y en comunicación emocional, o expresión corporal.”
Este último dato podría explicar las diferencias entre sexos ofrecidas por las conclusiones del Informe PISA. En ellas, los chicos de la OCDE están 11 puntos por encima de sus compañeras en el área de matemáticas, mientras que las chicas superan en 35 puntos a los chicos en comprensión lectora.
Sin embargo, según el informe de la OCDE presentado hace unos días por Stefan Kapferer, secretario general adjunto, y Montserrat Gomendio, secretaria de Estado de Educación, llamado “El ABC de la desigualdad de género en educación”, en un cómputo global, los chicos Españoles salen peor parados que las chicas, ya que, un 60% de los jóvenes con bajas competencias en las áreas analizadas son varones.
En palabras del propio Kapferer “Estas diferencias no pasan en todos los países. No son diferencias innatas entre las personas. El sexo no está relacionado con el talento para unas u otras materias.”
Si bien es cierto que existen estas diferencias entre chicos y chicas, deberíamos trabajar codo con codo, y especialmente los educadores, para no seguir acrecentando la brecha existente entre ambos sexos. No debemos olvidar que el éxito académico está provocado por variables como inteligencia, interés o motivación. Las diferencias de aprendizaje residen en cada persona, no en su sexo. Una educación diferenciada empobrece al alumno, ya que, gran parte de su educación proviene de lo que el alumno aprende de sus compañeros, de sus iguales, sean del sexo, raza o etnia que sean. La variedad favorece la riqueza, no el peligro. Optar por agrupar según semejanza siempre acotará las expectativas y aspiraciones del alumno.
La coeducación, al contrario de la educación diferenciada educa por persona, no por sexo, lo que garantiza y mejora el aprendizaje y desarrollo de todos. Los valores se enseñan con explicaciones y demostraciones. No podemos enseñar una cosa y hacer otra. No es coherente pregonar la igualdad de géneros y la convivencia entre ambos sexos como personas iguales y separarlos por parcelas en la escuela. Los primeros años de la educación de las personas son los que más marcarán los valores y principios que regirán a estos niños cuando sean adultos y privar de una convivencia conjunta en el día a día no mejora el conocimiento de la sensibilidad del otro sexo. ¿Acaso no debemos, hombre y mujeres, convivir como esposo y esposa, madre y padre, hijo e hija, hermano y hermana, compañeros de trabajo y de vida? ¿Por qué separar en la escuela lo que más tarde deberá unirse en calles, casas, plazas, mercados y puestos de trabajo?
Las escuelas deberían ser el reflejo de la realidad social que vivamos en cada momento. Plantearse volver a una educación diferenciada supone dar un paso atrás en la lucha que durante años hemos llevado a cabo contra las desigualdades de género y romperíamos con la promesa de educar para un futuro mejor.
“La educación es el arma más potente para cambiar el mundo”