PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

¿Duncan Dhu?. ¿Por qué?. Está referido ese nombre a un personaje existente en un trabajo del novelista, poeta y ensayista escocés RobEl grupo Duncan Dhuert Louis Stevenson, titulado “Secuestrado”, escrito en 1886. En él, Mikel Erentxun se dejó deslumbrar por el jefe de un clan, de la misma nacionalidad del autor de la novela, que se llamaba Duncan Dhu, grupo musical, en este caso, creado en San Sebastián el 4 de Agosto de 1984 como producto de la unión de los componentes de los grupos Aristogatos, donde era cantante el propio Mikel Erentxun, y Los Dalton, quienes tenían como bajista a Diego Vasallo, todo lo que sirvió para formar Duncan Dhu, originariamente, si sumamos a Juan Ramón Viles, guitarra y batería del mismo grupo del que procedía Vasallo, pero, finalmente, quedarían, solamente, los dos primeros.
Tres fines de semana consecutivos ha ofrecido el murciano auditorio “Víctor Villegas” actuaciones de artistas de reconocido prestigio internacional. Fue Raphael, primero, Isabel Pantoja, después y, por último y para cerrar la citada “trilogía”, Duncan Dhu, quienes anunciaron la gira que les trajo a la capital del Segura en el mes de Julio del presente año con motivo del que iba a ser inminente lanzamiento, el pasado 27 de Agosto, de su disco recopilatorio, en el que, para mayor aliciente, incluyen algunas canciones nuevas, titulado “1” (Duncan Dhu 1) que fue el logotipo, el mismo que figura en el disco, con el que inundaron, mediante proyección luminosa, el telón del coliseo murciano y que, luego, sirvió para mantenerlo como fondo escénico de su actuación. Dijo Erentxun que volvían tras 14 años, aunque algunos comentaristas señalan un poquito menos, pero, para no hacer innecesarias cuentas, vamos a “creernos” lo que anuncian los propios protagonistas, ¿no?.

Generosos y trabajadores
Dieron cabida, inicialmente, a sus composiciones más nuevas, pero las fueron mezclando con temas conocidos, aunque los seguidores más notables esperaban las canciones “de siempre”, lo que dejaron para los dos bises con los que nos deleitaron de forma generosa en un concierto en el que no perdieron el tiempo para nada. Se dedicaron a cantar y cantar, trabajar y trabajar, en una actuación sin concesiones a la galería y con el denominador común de la calidad escénica e interpretativa. Y, así, sonaron temas como “Cuando llegue el fin”, “La herida”, “A tientas”, “Siempre”, “Una calle de París” y otras muchas, dejando para la vuelta al escenario murciano, tras los incesantes aplausos, “Mundo de cristal”, “Esos ojos negros”, “Cien gaviotas” o “Jardín de rosas”, por poner solamente unos representativos ejemplos.
Acompañaban a Erentxun y Vasallo grandes músicos como el guipuzcoano Mikel Azpiroz, con piano eléctrico y órgano; Joseba Irazoki, de Navarra, en el banyo y guitarra de punteo; Fernando Macaya, un santanderino al frente de una amplia colección de guitarras y Carlos Arancegui, de Tolosa, a la batería. Todos tocaron otros instrumentos, salvo el baterista, que se dedicó, exclusivamente, “a lo suyo”, demostrando ser excelentes profesionales que ofrecieron un magnífico acompañamiento a Vasallo, con su bajo de siempre, y Erentxun, con su guitarra country, alumbrados por los tres “puentes” de luminotecnia que ofrecían alternancia de color y vistosidad escénica.

Eficacia y aprovechamiento del tiempo, como debe ser
Interpretaron el mismo número de canciones que, una semana antes, nos ofreciera Isabel Pantoja, es decir 28, para lo que solamente emplearon 2 horas y nueve minutos, incluídos los dos prolongados y completos bises, mientras que la tonadillera necesitó más de media hora adicional porque dilapidó el tiempo descaradamente.
“Disfruto mucho con el momento Elvis”, comentó Erentxun, instante en el que lanzó la guitarra por los aires para que la recogiera uno de los asistentes y, entonces, se marcó unos pasos que no envidiaban, en nada, a los del tantos años habitante de Memphis, fase del concierto que caldeó bastante el ambiente y volcó incondicionalmente a la concurrencia.

Duncan Dhu es, esencialmente, Mikel Erentxu
Acabamos diciendo que, en un concierto memorable, es imposible omitir que el alma, el cuerpo, la base y la esencia de Duncan Dhu sigue siendo Mikel Erentxun, porque Diego Vasallo, aunque cuenta con sus muchos incondicionales, se limita a tocar el bajo. No escuchamos su voz hasta la novena canción, porque no ayuda ni en los coros y, encima, su garganta, bastante ronca, no estaba en las mejores condiciones para el arte que le identifica y protagoniza.
Es cierto que el marketing juega su gran papel, pues, hace muy poquitos meses, estuvo Mikel Erentxu, en solitario, en Molina de Segura, en una sala de escasa capacidad, que también abarrotó, lógicamente, mientras que, ahora, el eco del regreso de Duncan Dhu les proporciona llenos, como el del día al que nos referimos, en aforos de gran dimensión. Y es que… ¡¡¡somos así!!!. El grupo suena magníficamente, pero la imagen, el momento, el disco nuevo y esas cosas, como todo sabemos, son esenciales para “vender”.

El público y la organización
El comportamiento del público fue extraordinario y muy colaborador en las canciones, aunque teníamos cerquita a un grupo de chicas a las que algunos les decían “¡¡¡callaros ya!!!”, porque, ciertamente, desentonaban muchísimo. Y quienes pagan una localidad, como allí se apostillaba, es para escuchar a sus ídolos y no a quienes buscan “una oportunidad”. Sí es cierto que los asistentes, animados por unos pocos, iniciaron las “puestas en pie” a muy temprana hora y, como ya dijimos, muy recientemente, en otra crónica de semejante naturaleza, quienes van a un auditorio no buscan el bullicio de un campo de fútbol, una plaza de toros u otro amplio espacio al aire libre, sino que desean ver una actuación de forma sosegada, relajada y tranquila y, además, con todos sus detalles, que para eso existen este tipo de recintos más “cuidados” y selectos.
Los listillos de siempre, quisieron ocupar los pasillos y acercarse al frontal del escenario, entorpeciendo la comodidad de visión de muchos espectadores, pero, en esta ocasión, tenemos que felicitar a una azafata, rubia y con gafas para su adecuada identificación, que, cumpliendo con su misión como nadie, les hizo volver a su asiento y, aunque un espectador con su acompañante repitió insistentemente, la referida azafata les tuvo “puesto el ojo” e hizo su papel de maravilla. ¡¡¡Felicidades!!!. Y, por favor, que tomen nota el resto de acomodadoras y la propia organización.

Do de pecho
En resumen, un concierto en el que los intervinientes dieron el “do de pecho”, aunque, como tampoco es nuevo, con un Vasallo que, por su impertérrito gesto, parece como si no cobrara. Pero, él, es así y, como ya hemos dicho, tiene sus incondicionales que tampoco son pocos. Pero… ¿no podría integrarse un poquito más este chico?. Por lo menos sería un gesto identificativo y de mayor cercanía con esa legión de partidarios, ¿verdad?. Puede ser un oportuno propósito para ese medio siglo de existencia que alcanzará, en algo menos de tres años, el bajista de Duncan Dhu. Buenos días.