GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Las vidas atormentadas atraen. Y las azarosas más. Hay vidas que son una sucesión de destinos trágicos que enganchan y perfilan trazos biográficos de personajes malditos. Y Dora Carrington protagoniza una de ellas.

Dora Carrington (1893-1932) es uno de mis personajes favoritos. Pintora inglesa no muy conocida, estuvo relacionada con el Grupo Blomsbury a través de su compleja relación el escritor Lytton Strachey. Para el común de los mortales, entre los que me incluyo, ha sido más conocida por la película Carrington (1995), protagonizada por Emma Thompson, y basada en la biografía del mismo nombre de Michael Holroyd.

Entre el fin de la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión, el mundo vive una década de frenesí, un torbellino de modernidad y Dora está en el epicentro de ese gran azote. Y en la Inglaterra post victoriana se declara abiertamente bisexual y, febrilmente, se dedica a pintar y a decorar todo aquello que cae en sus manos. Carrington es la artista preferida de los aristócratas ingleses, es rebelde por naturaleza, y eso da caché entre la seria aristocracia inglesa. Nació en la pequeña localidad inglesa de Hereford. Sus padres fomentaron en Dora la afición por el arte desde muy niña. Estudió en la Bedford High School, un centro en el que la educación artística era fundamental. En esta época Dora Carrington comenzó a tomar clase de pintura como complemento a su formación académica. La última fase de la educación artística la llevó a cabo en la Slade School of Art de Londres.

En 1916 Dora conoció al escritor Lytton Strachey, miembro del Grupo de Bloomsbury, en cuyo círculo se movió indirectamente la pintora. Su relación con Strachey condicionó la obra y la vida de Dora Carrington. Ambos se sintieron mutuamente fascinados, manteniendo a partir de entonces una relación compleja. La homosexualidad de Strachey y la bisexualidad de Dora, quien estuvo casada con Ralph Partridge y mantuvo numerosas relaciones amorosas paralelas, compuso una situación emocional muy característica del estilo de vida de los miembros del Grupo de Bloomsbury. La libertad con la que Dora Carrington entiende sus relaciones emocionales contrasta con la decisión de cuidar de Lytton Strachey, de personalidad enfermiza. Esto limitó la trayectoria artística de Dora, restándole tiempo para su actividad pictórica. Todo lo abandono por cuidar del que fuera su media naranja, o como diría Ana botella, su manzana, lo que explica que su enorme capacidad creadora no se materialice en una obra amplia, que apenas expusiera en vida, y que no haya recibido la atención de crítica y público que su categoría artística merece. La relación de esta peculiar pareja, que se concreta en modos de relación diferentes a los habituales, pero en cualquier caso tan válidos al menos como éstos, y sin ninguna duda mucho más atractivos: por lo arriesgado, por lo rompedor, por lo sincero, por lo revolucionario, por lo indudablemente humano.

Vivió con él desde 1917 hasta 1932 y se suicidó dos meses después de que Lytton muriera, incapaz de soportar su ausencia