José Antonio Melgares Guerrero/ Cronista Oficial

Quizás alguno de los lectores de EL NOROESTE se haya preguntado alguna vez por la denominación del último de los colegios públicos construidos en Caravaca, precisamente en la zona de ensanche urbano donde se ubica el Hospital Comarcal y los institutos de enseñanzas medias. Para ellos escribo hoy, y también para quienes tuvieron la suerte de conocer a aquel personaje, gloria del Magisterio Murciano y Español de la primera mitad del S. XX, que ejerció en Caravaca entre 1928 y 1946.

Basilio Saez en clase

Basilio Sáez en clase

El maestro Basilio Sáez Toral nació en Murcia el 14 de marzo de 1898, en el seno de una modesta familia cuyo cabeza se dedicaba a la sastrería. Su abuelo paterno, de Cehegín, fundó y dirigió la banda de música San Antoniode esta localidad. Cursó sus estudios básicos primero en un colegio de la C. Sandoval (en el barrio de San Nicolás), y posteriormente en la Escuela de Prácticas de la Escuela Normal de Magisterio, hasta que, a los 14 años, ingresó en la misma para iniciar los estudios de Magisterio. Simultáneamente estudió Derecho, trabajó en el juzgado, en la secretaría judicial y obtuvo la licenciatura conjuntamente con reconocidos profesionales  murcianos. Sin embargo su vocación por la enseñanza se manifestó muy pronto ganando las oposiciones al cuerpo de Magisterio en 1920 y siendo destinado sucesivamente a las localidades de Torreagüera, Sangonera, Barqueros, El Escobar y Fuente Álamo, desde donde llegó a Caravaca (recién casado con Aurelia Nicolás Vidal), fijando su residencia en el hoy desvencijado Palacio de la Encomienda, entonces denominado La Tercia, propiedad de Elías Robles, donde habitaban varios miembros de esta familia y se destinaba alguna para alquiler. Allí nacieron sus hijas Mari Cruz y Aurelia, falleciendo su esposa a consecuencia de las temidas fiebres puerperales cuando ésta última contaba con sólo once días de vida. Casó posteriormente con la caravaqueña Encarnación de Haro López-Sánchez (hija menor del Dr. D. José de Haro), el 4 de julio de 1936, en la ermita de Santa Elena y rehizo su vida siguiendo entregado de lleno al magisterio en la entonces denominadaEscuela Graduada de Niños La Santa Cruz, ubicada en el nº. 27 de la calle del Poeta Ibáñez, donde fue director y tuvo por compañeros a maestros tan recordados como D. Pedro Luís Angosto, D. José María García, D. Ezequiel Moreno y Dª. Pilar Oliva Peña. Eran tiempos en que Caravaca contaba con cuatro colegios de primaria siendo los otros tres la Escuela Graduada de Niños El Salvador, la Escuela Graduada de Niños Número 1 y la Escuela Graduada de Niñas Número 2.

Basilio Sáez con sus alumnos

Basilio Sáez con sus alumnos

La estancia de D. Basilio en Caravaca transcurrió en unos tiempos en que España pasó por la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil y la posguerra con la dictadura franquista, en las que la labor del maestro era crucial para la formación humana de sus alumnos. Los años de la Guerra fueron duros, y no sólo para D. Basilio, de natural pacifista, quien se las ingenió como pudo para no ir al frente a pesar de haber sido movilizado en 1938. Cuando regresó a Caravaca, tras la conclusión del conflicto, confesaba no tener en su haber más que dos pesetas de plata y haber comido gracias a la generosidad de su vecina Manolita. De nuevo instalada la familia en el mismo lugar urbano que dejó al partir, vinieron al mundo sus dos hijos varones: Basilio y José Alberto.

Don Basilio dejó una profunda huella en Caravaca, de tal manera que sus discípulos, pasados los años, aún lo recuerdan como quien les enseñó no sólo las disciplinas propias de su edad, sino a ser ciudadanos comprometidos y al servicio de la sociedad, siempre teniendo como norma de vida la honradez, la sensatez, el sentido común, la solidaridad, la generosidad, el patriotismo y otras virtudes, siendo un pionero de lo que muchos años más tarde vino a denominarse Educación en valores.

 Al decir de sus alumnos, nunca tuvo prisa en acabar las clases, utilizando no sólo las horas lectivas sino las libres en atención a los mismos, sin exigir nada a cambio. Dentro de la actividad docente fundo un periódico: Infancia Escolar (que se publicó mensualmente entre el 1 de febrero y el 1 de octubre de 1936), en el que escribían los propios alumnos, siendo director uno de ellos: José Robles Navarro, y redactor jefe otro: José Barrancos López. En el citado periódico se dieron a conocer ilustres figuras locales y nacionales, como el Poeta Ibáñez, Gustavo Adolfo Bécquer, Ramón y Cajal y otros, y se ensalzaron valores como la paz, la solidaridad, la escuela, el deporte, el progreso, la moral, el deber y el trabajo.

Así mismo, y con el fin de inocular valores solidarios en las jóvenes mentes de sus discípulos, creó una asociación benéfica para ayuda a los niños pobres. Cada socio aportaba 0´10 céntimos de peseta al mes y, afortunadamente, se conserva uno de los recibos que documentalmente prueba la actividad.

En 1954, ya trasladado a Murcia, obligado por los estudios superiores de los hijos, recibió en Caravaca un cálido homenaje promovido por sus antiguos alumnos, quienes en un álbum plasmaron elogiosas frases de reconocimiento al viejo maestro. El álbum afortunadamente se conserva por la familia con el cariño que cabe esperar. Por él sabemos los nombres de algunos de aquellos como: Antonio Robles, Juan de Dios Morenilla, Juan Robles, José Molina, Nicolás Robles, José Antonio Bruno, Pedro Robles, Estanislao Jiménez, Francisco Yago, Alfonso Álvarez, Pedro Ruiz, Francisco Sánchez, Diego Sánchez, Esteban y Pedro A. G. de la Fuente, Antonio Orrico, Pedro A. Egea, Manuel Molina, José Robles, Demetrio y Carlos Espallardo, Juan y Tomás del Toro. Juan J. Rosique, Francisco Camacho, Jesús Gallego, Antonio Jiménez, Juan González, Jesús Álvarez, Alfonso Blázquez, Alfonso Ferrer, Juan Richarte, Francisco Rivero, Antonio y José Barrancos y Ginés y Bernardo Robles. Todos ellos propiciaron también, que el 5 de diciembre de 1989, siendo alcalde Antonio García Martínez-Reyna, el colegio de nueva construcción recientemente abierto para suplir las necesidades educativas de un populoso barrio en la expansión urbanística de los años 70-80 en Caravaca, llevara su nombre tal como hoy lo ostenta. (A manera de ejemplo, y en representación de los demás, transcribo el breve texto que dedica Francisco Sánchez, “Paco Pin”, en el citado álbum a su maestro: “A D. Basilio, agradecido y entusiasmado ante la oportunidad que me brinda este sencillo homenaje a él, que generosamente nos enseñó a ser hombres”). Curiosamente, todas las muestras de adhesión muestran una muy buena caligrafía, ortografía y referencia a los valores humanos que habían aprendido en su aula.

Don Basilio, además de maestro fue corresponsal de prensa desde 1920, y asiduo colaborador en diarios escritos regionales y nacionales con artículos de opinión, supliendo así su afición a escribir, en la misma línea de actualización y recuperación de valores en desuso o en vías de extinción y siendo muy duro, a veces, en la reivindicación de temas relacionados con el magisterio y la enseñanza en general. Cuando sus hijos encontraron “sus cosas” tras su fallecimiento, ocurrido en Murcia el 19 de marzo de 1986, entre otras muchas curiosidades hallaron lo que él denominó Diario de Clase (abierto el 6 de marzo de 1937 y cerrado el 15 de septiembre de 1938) que concluye diciendo: “suspendo los diarios por carecer de libreta”.

 A la hora de concluir he de manifestar mi agradecimiento a su hijo José Alberto, quien me ha facilitado la información para la elaboración de este texto, en la seguridad de que la ingente figura de D. Basilio sigue en la mente y en el corazón de varias generaciones de caravaqueños (sus discípulos y quienes no lo fueron), y en la memoria colectiva de la ciudad, gracias a la dedicación de un colegio a su persona, y a la magna obra desarrollada en Caravaca.