Francisco Fernández García (Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Un 26 de diciembre de 2012 falleció D. Amancio Marsilla Marín que fue alcalde de Caravaca durante los años 1960 a 1965.Amancio Marsilla, con su uniforme de jefe local del Movimiento

Amancio Marsilla nació en Bullas el 1 de febrero de 1929, abogado de profesión fue nombrado alcalde de Caravaca por el Gobernador Civil de la provincia para sustituir a D. Ángel Martín, que dejaba el cargo a petición propia. Su buena consideración social y profesional, avalada por su pertenencia a Falange, fueron los avales que le llevaron a dedicarse a la política, tomando posesión como alcalde de nuestra ciudad en un pleno extraordinario que tuvo lugar en la tarde del 3 de noviembre de 1960. Sus primeras palabras fueron para ponerse a disposición del Gobernador Civil y de la ciudad “para su gestión fuese lo más beneficiosa posible a los intereses de Caravaca”. Ocupó la alcaldía hasta el 5 de abril de 1965 y su mandato se caracterizó por una cierta liberalidad, siempre dentro de las estrictas normas imperantes, y un intentó de modernizar la ciudad, para ello se rodeó un grupo de concejales jóvenes animosos y con ganas de trabajar para devolver a Caravaca el prestigio de épocas anteriores; pero fueron años difíciles, en los que la escasa industrialización y la falta de trabajo hicieron que muchos caravaqueños tuvieran que emigrar a otras tierras en busca de mejores posibilidades. Aun con todo, esta etapa fue bastante esperanzadora para los caravaqueños, ilusionados con hacer progresar a la población con el relanzamiento de las fiestas patronales tras la renovación llevada a cabo por los grupos de moros y cristianos, hecho del que Amancio Marsilla fue también uno de sus principales protagonistas.

A Amancio Marsilla se le recordará por su carácter moderado y por su vocación de servicio al municipio y a sus habitantes; entre sus logros figuran el cambio de nombre de la ciudad, pues hasta 1962 se llamaba simplemente Caravaca añadiéndose en esa fecha “de la Cruz”, la obtención de una importante subvención para la restauración del castillo, la creación de la biblioteca pública municipal, la construcción de la lonja municipal, de la casa de socorro, la reforma del matadero municipal y de la plaza de abastos, la creación de nuevos grupos escolares muchos de ellos en pedanías, las mejoras en el alumbrado público y en los servicios de aguas y alcantarillado, la renovación del pavimento urbano, la instalación del primer repetidor de televisión, la puesta en funcionamiento del centro rural de higiene, etc.

Pero no todo fueron éxitos, algunas de sus iniciativas no llegaron a completarse como la creación de una sociedad anónima que uniera a todos los industriales del calzado o la construcción de un complejo polideportivo. Otras, sin embargo, se iniciaron durante su periodo como alcalde finalizando posteriormente como la creación de una escuela de formación profesional y la instalación de un ambulatorio médico. En este sentido podemos recordar también que durante su mandato se solicitó la declaración de las fiestas como de interés turístico, lo que se consiguió finalmente en 1970.

En el ámbito social, hay que anotar que fue el primer sultán tras la renovación de la fiesta de moros y cristianos, cargo que ocupó durante seis años, de 1959 a 1964, teniendo que simultanear las actividades protocolarias de alcalde con las de rey moro, lo que le produjo algunos quebraderos de cabeza. Juan Aznar, su compañero cristiano con el que compartió algunos de los mas celebrados parlamentos, recordaba así esta circunstancia: “En aquellas fiestas durante la mañana del día 2 asistió a la Misa de Aparición como Rey Moro, luego, en las Monjas se cambio de ropa y se vistió de Alcalde y continuó hasta el Castillo”.

Tras abandonar la política llevó una azarosa vida que le llevó a residir durante bastante tiempo lejos de Caravaca, ciudad a la que regresó de manera definitiva hace unos pocos años.