DAVID LÓPEZ 

Distinguido Mayor Winters

En este 2020 se cumplen diecinueve años de la producción Band of Brothers y setenta y cinco del final de la Segunda Guerra Mundial. Yo, estas dos últimas semanas, he estado agarrado -literalmente- a mi sofá, viendo, viviendo y sufriendo, la recreación comandada por usted, el Tte. Nixon y su Easy Company durante la desgraciada y dichosa guerra en territorio europeo. Desde la instrucción llevada a cabo en Camp Toccoa al mando del Capitán Sobel, como el salto del “Día D” sobre territorio francés, el infierno de Bastogne o la muerte -en todas sus formas y sentidos- en el campo de concentración de Kaufering VII, no me ha sido posible pensar en otra cosa que no fuese en usted y su leal batallón. Hoy, cuando escribo esta carta, sigo anonadado, dando gracias eternas a Stephen Ambrose escritor de la novela en la que se basa la serie (y creador de ésta), y a todos sus guionistas, directores y reparto: Erik Jendrensen, John Orloff, Graham Yost, David Frankel, Tom Hanks, David Leland, Tony To, Damian Lewis, Ron Livingston, Scott Grimes, Micahel Cudlitz…, Dreamworks y Playtone, por la magnitud tan gigante y sobresaliente de dicho trabajo.

Mayor Winters, he sudado millas viéndoos correr, tragado saliva aguantando ciertos comportamientos y envalentonándome con las pequeñas y grandes victorias personales y colectivas. Pero también he entrado en shock con el salto, en un principio, sobre la Playa de Utah, en un descomunal despliegue técnico a todos los niveles, que es para quitarse el sombrero. Solo esos minutos y agonía ya le valen todos sus ascensos. Mi asiento y mando de la televisión han sido testigos directos de tal acción. Por suerte o por desgracia, episodios como “Carentan”, “Crossroads”, “Bastogne” o “Why We Fight”, se me han grabado a fuego en la mente y corazón. Por más que lo intento, no consigo salir de los pozos donde os refugiabais en Bastogne, no paran de retumbarme los oídos con la brutal pirotecnia que allí se vivió, y no dejo de ver carne y sangre volar sobre mis entumecidos ojos. Humedad que ha pasado a baño lagrimal, rotura y desolación, cuando os topasteis con el campo de concentración.

Señor, gracias por su valentía y buen hacer. Gracias también a sus chicos. Muchas gracias por ser partícipe de algo imborrable, imperdonable y que todos deberían de conocer para que jamás volviese a suceder. Ahora, pensando un poco en todo lo visto, si la vida le hubiese durado más, podría incluso, estar zambulléndose en el lago de Zell am See, lugar donde vieron la guerra acabar y su aventura finalizar tras años de lucha, dolor y aflicción.

En un alarde de maestría absoluta, Band of Brothers (que ya me vale a mí también haberla visto casi media vida mía después de su creación) te lleva en primera persona a un capítulo muy negro de nuestra historia, pero que nadie, bajo ningún motivo, ha de dejar pasar. Una serie que va más allá del mero entretenimiento. Un producto bélico, eso sí, que empieza a comerte por los pies, deshaciéndose de tus botas, dejándote a la intemperie frente a la muerte y mostrándote en todo momento, cómo huele la humillación y el terror. Obra maestra.