JOSÉ ANTONIO MELGARES/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Vino al mundo en la caravaqueña calle del pianista Luís Nogueras, en 1946, como segundo hijo del matrimonio de agricultores formado por Bartolo García y Elisa Blaya, quienes con anterioridad habían engendrado a su hermana Encarna.

TeleCaravaca recibe uno de los premios de El Noroeste

TeleCaravaca recibe uno de los premios de El Noroeste

Su formación comenzó en las “Escuelas del Salvador” de la C. Mairena, al cuidado de maestros como D. Enrique Richard y D. Juan San Martín entre otros, ampliando sus conocimientos en clases nocturnas en la “Escuela de D. Vicente Mora”.

Su incorporación al mundo laboral tuvo lugar muy pronto, con sólo diez años, como aprendiz en la carpintería que el “Rojo Civilero regentaba en la C. de la Cruz, pasando después por la carpintería de Cirilo, por la fábrica de conservas de “los Marines” (en la carretera de Moratalla) y en la cooperativa conservera “El Salvador”, donde se preocupó de obtener el carnet de conducir que en adelante le permitiría dedicarse al transporte, primero con “los Marines” y luego, sucesivamente, con Miguel Sánchez Navarro y finalmente con Néstor Martínez, época en la que recorrió muchas veces y palmo a palmo todo el territorio nacional a lo largo de doce años.

En 1973 contrajo matrimonio con Adela, fruto del cual nacieron sus dos hijos: Elisa (RIP) y David, quien le sigue en el mundo de la empresa televisiva. Vivió la familia durante años en Mataró hasta que definitivamente se instaló en Caravaca.

En 1987, en compañía de otros tres jóvenes locales, audaces e imaginativos, se embarcó en un proyecto empresarial de incierto porvenir que, pasado el tiempo y tras vencer dificultades sin cuento, ha sido referente para otras empresas del ramo. El 2 de febrero de dicho año, en una cochera prestada por Alonso Martínez en la Plaza de los Templarios, con una caja de albaricoques como soporte y un rudimentario video de los ofrecidos entonces por el mercado, se emitió señal por primera vez al bloque de viviendas sobre la citada cochera. Acababa de nacer lo que, a partir de entonces se denominó popular y cariñosamente como el Video Comunitario que hoy funciona como televisión local por cable denominada Telecaravaca.

 Los comienzos de la televisión local partieron de la constitución de una empresa formada por cuatro socios: Antonio Buitrago y su hermano Francisco, Jesús Jiménez (el Cabezuela)y Diego García Blaya, quienes aportaron cada uno 25.000 pts al fondo fundacional de cien mil, que luego aumentó a otras cien mil. Entre los primeros abonados Matías Celdrán Juárez (El Pancho), José Salazar Pérez (el Pepucho) y Los Bolillas (Paquito y sus hermanos), quienes enseguida recibieron señal, convirtiéndose en los primeros propagadores del “invento”. No se trataba en principio de un proyecto ambicioso de comunicación pública, sino de comunicación privada, por lo que su interés radicaba en hacer llegarla señal por bloques de viviendas. Hubo que vencer innumerables problemas y no sólo legales sino también políticos. El entonces alcalde Pedro García-Esteller Guerrero y el delegado del gobierno Juan Manuel Eguiegaray se movieron a su favor pero durante años el Video Comunitario se movió en un clima de incertidumbre permanente que, sin embargo contó con el favor del público en todo momento.

Tras aquella primera y rudimentaria ubicación provisional, la empresa se trasladó a un bajo en la C. “Navarra” que pronto quedó pequeño, trasladándose a la Gran Vía a un piso propiedad de Cruz Baquero por el que se comenzó pagando 25.000 pts mensuales de alquiler. La siguiente ubicación fue en el edificio “Reinón”, donde la empresa adquirió un piso en propiedad con amplitud suficiente, aunque pronto también quedó pequeño. En la actualidad se ubica en la C. “Ascensión Rosell, donde la empresa cuenta con 300 metros cuadrados.

Pasado el tiempo, la ilusión inicial, el espíritu de sacrificio y la entrega de todo el personal vinculado al proyecto ha dado sus frutos. Para muchos el Video Comunitarioy Diego García Blaya  son una misma cosa. La figura de Diego siempre detrás de la cámara en los más insospechados lugares y en los momentos más dispares ha sido una constante durante muchos años. Su dedicación, siempre al servicio de la sociedad local, bien le hace merecedor del galardón que el semanario  EL NOROESTE le dedica con motivo de la concesión de sus Premios 2018.