GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

«La fotografía es un secreto que habla de un secreto.»

Pasó su corta vida buscando la luz al otro lado,  fotografiando aquellos que buscando el «sueño americano» sólo habían encontrado pesadillas, fotografió todo aquello que para la sociedad no existía, lo que no era bello.

Diane nació en marzo de 1923. Era la segunda hija de un matrimonio judío de clase alta. Su padre tenía un negocio de ropa elegante para mujeres en la Quinta Avenida y su infancia la pasó alejada de todos esos monstruos que luego ella exorcizaría con su cámara, siempre en los mejores colegios de Manhattan, viajes por Europa, regalos caros. Infancia hermética que si bien no evitó, al menos retrasó sus sueños macabros.  Se llamaba entonces Diane Nemerov. Con quince años se viene a enamorar del ayudante de su padre, Allan Arbus, y pese a las reticencias paternas que hubiese preferido un buen judío, se casa con él, enamorada, en 1941.

El marido aportaría, a falta de dinero, dos pasiones  que transmitiría a su joven esposa: la fotografía y la masturbación en público. Juntos fueron lo más, abrían las ventanas a Manhattan para airear sus pasiones y juntos abrieron unestudio en el cual trabajaron con éxito durante más de 10 años, haciendo campañas publicitarias y de moda para revistas como Vogue y Harpers`s Bazaar, entre otras. Tuvieron dos hijas. Trabajaba como ama de casa, madre  y asistente de su marido, pero se sentía rara en esa vida perfecta de imagen publicitaria, ese mundo no era el suyo. Mientras ese mundo perfecto se desvela como una mala fotografía, junto a Lisette Model («Hasta que estudié con Lisette, yo soñaba con fotografiar en lugar de hacerlo») alcanzó, o mas bien descendió, a los mundos que la harían feliz: todos aquellos que los demás veían feos: monstruosos, defectuosos, libidinosos, para ella serían sus mejores fotos. Lewis Carrol con su libro Alicia a través del espejo  y  Freaks (La parada de los monstruos) de Tod Browning (1932), la ayudaron a buscarlos y formar parte de su vida. Saldría a recorrer las calles más marginales de Nueva York en busca de personajes singulares: prostitutas, travestís, enanos, deformes, discapacitados, orgías. Siempre en blanco y negro, Asilos psiquiátricos, nudistas, gemelos, negros, discapacitados, todos los peores monstruos del «sueño americano».  Se descuidó, no comía, no se lavaba, De tanto retratar orgías, acabo participando en ellas, le daba igual hombres que mujeres, pero todos serían freaks. Las depresiones se hicieron más frecuentes. Siempre huyendo hacia ninguna parte.

Su reputación de artista subió al mismo tiempo que bajaron sus ingresos y su autoestima, sus fotos eran mejores, pero cobraba menos que sus compañeros. Mientras Avedon sube, su amigo, su compañero, su confidente, ella baja. Desciende a los infiernos, casi no sale de una depresión cuando ya esta en otra, pero sus fotos siguen retratando todo lo que ve, dejan de ser algo que miramos de reojo para convertirlas en objeto de nuestra mirada, vemos en ellas nuestras propias pesadillas, todo aquello que nos da miedo mirar, expresa todo el infortunio de la humanidad en un solo individuo. Tanto odiaba los veranos, quizás porque las noches eran mas cortas y sus monstruos tardaban un poco más en aparecer, que vino a quitarse la vida en el de 1971. Se tomó un tarro de pastillas y se corto las venas, para asegurarse el billete al sueño eterno. Tenía 48 años.

 

«La mayoría de la gente se pasa su vida temiendo pasar por una experiencia traumática. Los Freaks nacieron con sus traumas. Ellos ya han pasado su prueba. Son aristócratas».