Pedro Antonio Hurtado García

Desde este semanario, como nadie podrá decir lo contrario, venimos animando el “Festival de Eurovisión” año tras año, certamen que logró respeto, consideración y protagonismo, para España, cuando se enviaban artistas consolidados que aspiraban a darse a conocer al mundo entero a través del certamen que nos ocupa. Son los casos de Julio Iglesia, con “Gwendolyne” (1970); Paloma San Basilio, con “La Fiesta terminó” (1985); José Vélez, “Bailemos un vals” (1978); Sergio Dalma, “Bailar pegados” (1991); Peret, “Canta y sé feliz” (1974), así como otros muchos artistas cuya popularidad se explotaba en favor de RTVE, hasta que el festival fue declinando en representantes españoles que ni siquiera habían “salido del cascarón” y en quienes se depositaban unas expectativas que a nada conducían y cuyo resultado iba dejando patente lo mal que se estaban haciendo las cosas, porque no es lo mismo apostar a “caballo ganador” que dejar la suerte pendiente de un hilo basado en que resulte bien o mal acogido por la numerosa legión de seguidores que, hoy por hoy, han quedado convertidos en los legendarios y ya famosos “eurofans”, quienes otorgan popularidad, crédito y prestigio al propio “Festival de Eurovisión” en el que impera la marcada afición de esos colectivos que se han hecho hueco en la creciente evolución del certamen.

Artistas que no lo son.- Tal como decíamos, año tras año, veníamos animando a nuestros lectores a asistir al éxito español en el certamen de eurovisión. Hoy, ya no nos atrevemos a augurar lo mismo, porque vamos semidesnudos, con artistas que no lo son todavía, con “niños” y “niñas” que llevan mucha ilusión, enorme bagaje de esperanza, pero nunca la profesionalidad y la gloria que un certamen de esta naturaleza merece y espera.

Massiel, la única hasta ahora.- Por lo tanto, cabe la ilusión cada certamen, sí, pero no la ilusión gratuíta que, tras muchos años, no nos ha proporcionado nada relevante, salvo esos numerosos segundos puestos logrados por artistas consagrados y no por primerizos entusiasmados, pero nada moldeados como profesionales de la escena, la canción y la interpretación. Esos segundos lugares fueron cosechados, cronológicamente, por Karina, en Dublín, en el año 1971, con “En un mundo nuevo; Mocedades, en Luxemburgo, (1973), con “Eres tú”; Betty Missiego, en Jerusalén, (1979), con “Su Canción” y, finalmente, por Anabel Conde, en Dublín, (1995), con “Vuelve conmigo”. Y, como colofón a todo eso, no podemos olvidarnos de nuestro primer y, hasta ahora, único éxito logrado, en valores absolutos, con Massiel, en Londres, (1968), con la canción que, en principio, estaba previsto que defendiera Joan Manuel Serrat, compuesta por Manuel de la Calva Diego y Ramón Arcusa Arcón, a la sazón el “Dúo Dinámico, titulada “La, la, la”, a lo que siguió un éxito compartido entre cuatro países, cuando a nosotros nos representaba Salomé, en Madrid, con “Vivo Cantando”, interpretación acompañada por el coro inolvidable de los baleares “Los Valldemosa”.

Apuesta sin argumentos.- Así, pues, en base a todas estas razones, ni podemos defender, y mucho menos animar, como veníamos practicando en ediciones anteriores, una apuesta firme y decidida por el triunfo español, ya que llevamos a una perfecta desconocida, como es Chanel y una canción facilona y basada en las coreografías más que en la calidad musical.

Programas a bajo coste.- El certamen, no podemos negarlo, solamente está sirviendo, en los últimos años, para que la propia RTVE genere programas y más programas a muy bajo coste, basados en la promoción de esos incipientes y nada consolidados artistas que nos representan. Este año, por ejemplo y sin ir más lejos, hemos tenido el fracaso promocional iniciado en el recuperado “Festival de Benidorm”, bajo la denominación de “Benidorm Fest”, cuya organización, mala gestión, clasificación y aparente “enchufismo” llegó hasta el mismísimo Consejo de Ministros. Y, de ahí, precisamente, que no nos apetezca apostar por algo que no se ofrece claro, limpio y transparente.

El desprestigio meditado y apoyado.- Y el caso es que siempre hemos deseado a todos los artistas participantes, que nos han representado, nuestro mayor apoyo y esperado éxito, sobre todo a la murciana Ruth Lorenzo, al también murciano Blas Cantó y a cuantos han comparecido como representantes nuestros en esta cita musical que, por añadidura, este año, además de los programas generados como fase clasificatoria y demás, esta misma semana cuenta con tres emisiones, porque se divulgan las fases previas del certamen y la final que tiene lugar este sábado, día 14 del actual mes de mayo, final en la que no vamos a dejar de desear el mayor de los éxitos a esa “niña” que se hace llamar Chanel y que nos representa con la débil y poco elaborada canción titulada “SoloMo”, pero, en cualquier caso, es que hay que ser más exigentes, más arriesgados y apostar por temas en línea festivalera, consagrados con una música en esa misma dimensión y reforzados con una promoción que pueda garantizarnos un éxito que llevamos más de medio siglo sin conseguir, pese a llamarnos “España” y ser nuestra marca de primera calidad, sí, pero no solamente por habernos ganado esa condición a través de otras vías, sino por verla y percibirla igualmente reforzada a través de un certamen al que hemos contribuído, firme y decididamente, a desprestigiar en vez de enriquecer y fortalecer, extremo que, sin duda alguna, a todos nos beneficiaría.

Suerte para Chanel.- A ver, por lo tanto, si la suerte nos acompaña y, pese a no llevar a una artista consagrada, ni siquiera conocida y mucho menos prestigiada, fuéramos capaces de traernos para España el éxito del certamen y, con ello, la gloria de celebrarlo en nuestro país el próximo año. Buenos días.