Carmen M. Martínez Asturiano. Maestra de Pedagogía Terapéutica e Inglés en CEIP Los Rosales (El Palmar)

¡En la mochila!

No puedo negar que soy una fiel amante de las libretas, los apuntes subrayados y las novelas impresas en papel, pero, a la hora de impartir clase, no nos ha quedado más remedio que actualizarnos a marchas forzadas en lo que a nuevas tecnologías se refiere. Y, como maestros, solo tenemos dos caminos a seguir: hacerlo por obligación o vivirlo con ilusión. Yo, me decanto por la segunda; suena mejor, ¿verdad? Además, ¿quién dijo que el uso de las nuevas tecnologías debe sustituir por completo otras formas de aprendizaje más tradicionales? Hoy vamos a ver una metodología que reúne lo mejor de ambas. Se trata del “Flipped Learning”, o lo que es lo mismo: la enseñanza invertida.

Ya cuando me preparé las oposiciones (allá por el 2016), escuché a mi preparador hablar de esta metodología y me resultó muy curiosa. Fue a partir de ese momento, cuando comencé a indagar un poquito más, siguiendo a otros profes que la impartían en sus aulas, y es ahora cuando, con cursos de formación más específicos, estoy intentando llevarla a la práctica.

El Flipped Learning tiene como base que los alumnos estudien y preparen las lecciones fuera de clase de forma anticipada, accediendo en casa a contenidos para que, posteriormente, sea en el aula donde hagan los deberes, interactúen y realicen actividades más participativas (analizar ideas, debates, concursos, exposiciones,…). El maestro da unas pautas a seguir, lanzando los contenidos y temas a tratar e invitando a investigar sobre ello, para posteriormente, tratarlo en clase en gran grupo, obteniendo así un mayor “feedback”.  De este modo, los alumnos llegan a clase con ciertas ideas y conocimientos adquiridos, que de otro modo, quizás no lo hubieran hecho. Así, el alumno no parte de cero, siendo capaz de investigar, analizar y obtener la información por cuenta propia, y consiguiendo ser mucho más eficiente a la hora de retenerla y sintetizarla.

Destacar el papel fundamental que el maestro juega en el proceso “Flipped”, pues deberá moderar y llevar un seguimiento del mismo, guiando y corrigiendo posibles errores y sobretodo, interactuando con el alumnado tras la puesta en común de los contenidos trabajados. Para utilizar esta metodología en el aula, no basta con mandar “tareas” y después verlas en clase, sino que se trata de un proceso que conlleva una programación previa de la temática a tratar, una preparación multimedia de las webs o videos que queremos que vean nuestros alumnos, una secuenciación del tiempo de trabajo fuera del aula, la cual deberá estar pautada, así como el diseño de las sesiones en gran grupo y la puesta en común de los conocimientos adquiridos.

Si algo me ha enseñado la pandemia, es a ver el lado positivo de las cosas. Por suerte, cada vez son más los centros que apuestan por una constante formación para poder tener al alcance diversas metodologías, adaptándolas a las necesidades y contexto del alumnado. Sin duda, esas ganas por querer avanzar son la llave para una mejor educación; para un futuro más prometedor.

Y yo me pregunto: ¿Y si dar la vuelta a la clase fuera el secreto?

Me lo contaron y lo olvidé; lo ví y lo entendí; lo hice y lo aprendí”. Confucio

Dando voz a tantos maestros que luchan por una mejor y más bonita educación