CONCEPCIÓN MARTÍNEZ ROBLES/Fisioterapeuta CDIAT AVANZA/Asociación APCOM

En muchas ocasiones hemos oído hablar de niños que son muy tranquilos, que apenas se mueven, que no se quieren esforzar…Convendría plantearnos el porqué de esta situación.

Lo habitual es que esta situación sea algo pasajero y que con el paso del tiempo los niños cambien y comiencen a moverse con agilidad, pero también es posible que haya niños que decidan no esforzarse porque los estímulos que tienen a su alrededor no les llegan de forma correcta o no les atraen, o incluso puede darse el caso de que haya niños que pese a la percepción de un estímulo motivador presenten dificultades para responder al mismo mediante el movimiento.
Aunque pueden existir múltiples causas para esto, en este artículo trataremos aquellos casos en los que el niño no se mueve porque su musculatura no se lo permite, o se lo dificulta, debido a la debilidad y a la hipotonía.
Debilidad muscular e hipotonía son dos términos diferentes:
La debilidad muscular puede definirse como la disminución de la fuerza en uno o más músculos. Y podemos describir la fuerza como la capacidad para generar la suficiente tensión en un músculo con el objetivo de realizar un movimiento o mantener una postura. La debilidad muscular puede ser originada por diferentes causas, desde una mala nutrición, el desuso o hasta diversas enfermedades. En cualquier caso veríamos como el niño no consigue realizar un movimiento o lo hace de forma más débil de lo esperado.
La hipotonía muscular es la presencia de un tono muscular disminuido. El tono muscular es la resistencia del músculo, dependiente de la velocidad, contra un movimiento pasivo. Es la resistencia que ofrece el músculo a su estiramiento. El tono postural normal puede definirse como aquel que es suficientemente alto para contrarrestar la fuerza de la gravedad y a la vez lo suficientemente bajo para permitir el movimiento.
De hipotonía muscular podríamos hablar mucho, son múltiples las causas que la pueden generar y también los cuadros clínicos de los que puede formar parte, siendo estos de gravedades de diversa consideración, entre los que encontramos diferentes tipos de distrofias, miopatías, Síndrome de Down….
Ahora hablaremos simplemente de la hipotonía como agente responsable de la limitación del movimiento sin incluirla dentro de ningún cuadro clínico concreto.
Tanto en la debilidad como en la hipotonía, y en función de la gravedad de los mismos, podemos encontrarnos con pequeños o grandes retrasos en el desarrollo de las adquisiciones motoras:
A veces se observa dificultad para mantenerse en posición de sentado, para desplazarse (ya sea arrastrándose, gateando o caminando), para cambiar de postura o ponerse de pie…
En otras ocasiones puede percibirse una disminución de la calidad de los movimientos, como el cansancio desproporcionado para la actividad realizada, mantenerse poco tiempo realizando una actividad como por ejemplo caminando o corriendo, dificultad para levantar los brazos en contra de la gravedad, pérdida de la posición como caerse con facilidad mientras intenta mantenerse sentado…
En otras ocasiones tanto la debilidad muscular como la hipotonía pueden manifestarse en la forma en la que se hacen las diferentes actividades. Hay niños que pueden realizar algunas destrezas motrices como andar pero que lo hacen con un patrón diferente a lo esperado, como por ejemplo caminar con la columna lumbar excesivamente curvada (hiperlordosada), con los pies dirigidos hacia afuera, en rotación externa, y levantando muy poco la punta del pie al dar el paso… De esta forma consiguen caminar, pero adaptando su forma de hacerlo a su situación muscular concreta.
Por todo esto debemos estar especialmente atentos con aquellos niños que nos llaman la atención porque se mueven muy poco o son excesivamente «tranquilos», ir comprobando su ritmo de desarrollo, y ayudarles a que vaya evolucionando de la forma más normalizada posible.
No tiene porqué darse ninguna situación de gravedad si un niño se retrasa un poco en el desarrollo de sus destrezas motrices, pero no hay que olvidar que muchas cosas se aprenden mediante la exploración del espacio y de los objetos, si la manipulación, los cambios posturales y los desplazamientos se van retrasando, se retrasará la exploración y por tanto también se irán retrasando estos aprendizajes.
Lo más habitual, como decíamos al principio, es que no sea nada de importancia y que se resuelva espontáneamente, y que en el caso de que esa limitación del movimiento sea fruto de hipotonía o debilidad sea de carácter leve, de forma que trabajando y estimulando el movimiento de la forma adecuada permita que el niño vaya alcanzando un desarrollo normal.
No se trata de alarmarse porque un niño no se mueva mucho, puede ser algo perfectamente normal, pero no viene mal tener un conocimiento de cuándo deben de ir apareciendo los hitos más relevantes del desarrollo motor. Las franjas de edad de desarrollo normal de los ítems motores más destacados según la «Guía de Orientación y Sensibilización sobre Desarrollo Infantil y Atención Temprana para Pediatría» (año 2006), serían los siguientes:

• Control cervical: 2-3 meses.
• Voltear: 6 meses.
• Mantenerse en posición de sentado: 7-8 meses.
• Mantenerse de pie: 9-10 meses.
• Caminar: 12-14 meses (cogido de la mano, de forma independiente hasta los 18).

Aquellas adquisiciones que se separen mucho en el tiempo de lo descrito anteriormente sería aconsejable que fuesen evaluados por un especialista. Se debería prestar atención por tanto cuando: el control cervical no ha aparecido a los 4 meses, si a partir de los 7 meses no voltea o no se mantiene sentado a los 9 meses, si no camina con apoyo entre los 13-15 meses o no camina sin ayuda a partir de los 18 meses.
Sí, es cierto que cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, pero es bueno ante la duda contar con el asesoramiento de profesionales, para valorar que el ritmo de desarrollo motor y su evolución es el adecuado, y en el caso de no serlo ofrecerle la ayuda más adecuada para facilitarlo.