PEPE ABELLÁN CARRASCO

La muerte de Hugo Chávez ha vuelto a provocar la retahíla de lecciones sobre dictaduras y populismos a las que ya nos tienen acostumbrados periodistas, políticos y demás maestros de la materia, eso sí, siempre que se trate de Venezuela y siempre con un descarado tufo de paternalismo colonialista.

Los mismos expertos que desde sus buenos sueldos y sus buenas condiciones laborales nos machacan día a día a los españoles acusándonos de vivir por encima de nuestras posibilidades, de que nuestros “elevados” sueldos y nuestras excesivas vacaciones están hundiendo a los empresarios. Nos recalcan día sí y día también que las pensiones no son sostenibles, que si no puedes pagar la hipoteca te toca joderte y quedarte sin casa pero con deuda y que si no (re)pagas la sanidad o la educación es casi como que estás robando, pero que al sistema financiero hay que rescatarlo y hay darle lo que pida, sea a costa de lo que sea porque si no se hunde el sistema, porque en definitiva, al sistema sólo le interesa el propio sistema, y la mayoría de las personas no contamos para él. Para estos “expertos” es una dictadura un país que ha celebrado 19 procesos electorales desde 1998, todos ellos avalados por los observadores internacionales y de los cuales cinco fueron referéndums: para convocar Asamblea Constituyente, para refrendar la Constitución que salió de ella y para modificar ésta misma, y otro revocatorio para el Presidente de la República, ya que su Constitución establece en su artículo 72 la posibilidad de que cualquier cargo electo se someta a revisión a mitad del mandato si así lo solicita el 20% de los electores.

Mientras, en la democracia responsable española que ponen como ejemplo sólo se han convocado dos referéndums no vinculantes en más de 30 años, uno de ellos el de la Constitución Europea (todos sabemos por dónde se lo pasaron cuando en algunos países fue rechazada). Pero además, avalaron que se modificara la Constitución en un fin de semana entre el PSOE y el PP para dar prioridad al pago a los bancos antes que a la sanidad, la educación, las pensiones y demás gastos, pero sin que el pueblo pudiese decidir. Pusieron el grito en el cielo cuando Venezuela convocó el referéndum para preguntar al pueblo si se eliminaba el límite de mandatos que establecía la Constitución y acusaron al “dictador” Chávez de querer perpetuarse en el poder, (como si eso supusiese no tener que someterse a la elección del pueblo). Y daban lecciones sin una mínima crítica a esa democracia responsable española y de otros muchos países en los que no existe esa limitación, siendo aún más destacable cuando el cargo de Chávez era de Jefe de Estado, y en nuestro caso, además de estar más de 35 años en el cargo, no se ha sometido nunca a la voluntad popular y fue elegido a dedo por el dictador Franco.

Hablan de dictadura acusando a Venezuela de no permitir la libertad de expresión. Un país donde más del 80% de los medios son privados, que además tienen el 70% de la audiencia y en los que se repite día tras día “que en ese país no hay libertad de expresión” además de insultar, mentir y difamar sobre el gobierno. Un país cuya ley de licencias de emisión es similar a la de España y en el que se cancelan licencias en función de esa ley con la misma frecuencia que en nuestra democracia responsable. Pero además, tachan de dictadura el sistema venezolano por no renovar licencia (que no cerrar) a una cadena de televisión que apoyó explícitamente el intento de golpe de estado de 2002, y llaman democracia responsable a la que cierra medios en Euskadi o secuestra revistas por meterse con la nada democrática casa real. Consideran además democracia responsable la que tiene una ley de partidos hecha a medida y a propuesta de los dos partidos mayoritarios, que impide presentarse a elecciones a partidos cuyos miembros no son de su gusto, (pero a los cuales no se les puede aplicar el código penal por falta de motivos), y que les ha permitido de esa manera gobiernos que no habrían alcanzado sin ella. Ley que sin embargo no aplican al PP, partido que nunca ha condenado la dictadura franquista y que se niega a aplicar la Ley de la Memoria Histórica. Pero además esa dictadura la califican de populista. Para ellos es populismo cumplir con las promesas electorales que se hacen campaña, dedicar más del 43% del presupuesto a políticas sociales, reducir el índice de pobreza considerablemente (en 1996 era de 78 % y en 2012 estaba cerca del 25%), reducir la mortalidad infantil a la mitad, erradicar prácticamente el analfabetismo, dar cobertura sanitaria a toda la población, garantizar la gratuidad de la educación incluso hasta los estudios universitarios, multiplicar por 5 el número de docentes y tener el menor índice de desigualdad de América Latina. Es populismo tener una política de vivienda pública que garantiza este derecho a todas las personas o recuperar para el Estado el control de los sectores estratégicos de la economía que estaban en manos de las élites políticas y de empresas transnacionales y ponerlos al servicio de las personas, redistribuyendo la riqueza a favor de los servicios públicos y de los que más lo necesitan.

Su ejemplar democracia responsable, sin embargo, es aquella en la que se hace lo contrario de lo que se promete en campaña y no pasa nada, en la que aumenta el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, que superó en 2012 el 21%, aquella en la que se reducen profesores y maestros, se aumentan las tasas universitarias, se subvenciona más a la escuela privada y concertada que a la pública, se impone el repago de los servicios públicos y se reduce personal sanitario, se excluye de la sanidad a parte de la población, se deja sin servicio de urgencias a miles de personas, se echa de sus casas a una media de 526 familias diarias sin que se le de solución con políticas públicas de vivienda cuya ausencia ha provocado en gran medida esta situación; se privatizan sectores estratégicos de la economía dejándolos en manos de sus amigos para que se enriquezcan, eso sí, se socializan las pérdidas de bancos para después privatizar sus beneficios. En definitiva, según ellos es dictadura populista la que ocupa el primer puesto de los países que respetan la justicia electoral en el estudio de Foundation for Democratic Advancement (FDA) de Canadá, la que cumple con sus promesas electorales y la que ha dado derechos, vivienda, educación y sanidad a los que no la tenían, que era la mayoría, y es democracia responsable la que tiene un jefe de estado elegido por el dictador, en la que no se convocan referéndums, en la que no se cumplen los programas electorales y en las que se le quitan derechos, vivienda, educación y sanidad a los que la tenían, que eran todos.

Por supuesto que Venezuela tiene mucho que mejorar y muchas cosas que cambiar, pero es inmoral dar lecciones desde donde no se puede.