Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

En ocasiones anteriores he tratado sobre la excepcional figura de Dª. Dolores Michelena y su activa participación en la vida social, cultural y festiva de nuestra ciudad. Conocida fundamentalmente por su aportación a los Caballos del Vino, nuestra protagonista desarrolló asimismo actividades de muy variada índole, siendo dignas de mención las referidas a la filantropía y la beneficencia.


Desconozco desde cuando existe la costumbre de celebrar el día previo a la festividad de los Reyes Magos, cabalgatas y desfiles, tampoco cuando se realizó por primera vez en nuestra ciudad. El caso más antiguo que conozco corresponde al año 1929 y, aunque creo que no fue el primero, hay que considerarlo, al menos de momento, un precedente de las actuales celebraciones.
Nacida en San Sebastián en 1872, Dolores Michelena llegó a nuestra ciudad en 1915, acompañando a sus tíos, el marido de su tía era natural de Caravaca, tras el fallecimiento de su primer esposo, que era Gobernador del Banco de España en San Sebastián. Aquí conoció al que sería su segundo marido, Miguel Martínez Asensio, fijando su residencia en Caravaca a partir de su boda, que tuvo lugar en 1916.
La presencia de doña Lola en Caravaca se manifestó desde su llegada, regalando ya en ese primer año a la Cofradía de la Cruz un libro de firmas con las cubiertas bordadas por ella misma, para recoger los testimonios de los devotos y peregrinos que acudían a rezar ante la reliquia. Continuando con esta línea de actuación, al año siguiente hizo donación a la Stma. y Vera Cruz de un paño de altar igualmente bordado por ella, que fue expuesto en el escaparate de un céntrico comercio, “ante dicho establecimiento ha desfilado el pueblo entero para admirar tan artística y primorosa labor”, extendiendo posteriormente esta práctica a otras iglesias caravaqueñas. En este sentido podemos recordar la donación de “una cortinilla de raso blanco bordada en oro” para el sagrario de la iglesia de Nª. Sª. de la Concepción, de una imagen de la Virgen del Pilar y 3 mantos para la iglesia de El Salvador, así como un armonium y 2 imágenes de Olot, una de San José y otra de la Virgen, para la ermita de Nuestro Padre Jesús y Santa Elena. Finalmente, en 1932, con motivo de la conmemoración del VII centenario de la aparición de la Stma. y Vera Cruz, donó un nuevo álbum, en esta ocasión con las pastas de plata, desaparecido en la actualidad, para recoger “los latidos de amor, plegarias y nombres que sus hijos dedican a la Excelsa Patrona y así queden archivados”. Esta pieza de orfebrería fue realizada en el taller de joyería de los Hermanos Beldarraín de San Sebastián, a los que le unían lazos familiares. En relación con esto, podemos recordar también su decisiva intervención en la fabricación del actual relicario de la Cruz, pues fueron ella y su marido los que se hicieron cargo de contratar y supervisar su realización en el referido taller de joyería donostiarra.
Gran aficionada a la literatura y al teatro, doña Lola organizó a lo largo de su vida una gran cantidad de representaciones benéficas. La primera que tenemos constancia tuvo lugar el 14 de noviembre de 1921:  “El lunes próximo pasado y a las seis de la tarde, se celebró una función infantil en el Salón Novedades, organizada por la bondadosa señora doña Dolores de Michelena y a beneficio de nuestra excelsa patrona”. El programa de la función consistió en, primeramente, la representación de la obra “La Niña de Nochebuena” a cargo de varios niños de la localidad; seguida del monologo compuesto por Juan José Ibáñez “La hija del emigrante”, “magistralmente interpretado” por la niña María Josefa Espina Michelena, sobrina de doña Lola. Esta misma niña, acompañada de Enrique López Sevilla, del que ya me ocupé en el artículo dedicado a la proclamación de la II República en nuestra ciudad, fueron los encargados de recitar el parlamento entre los reyes moro y cristiano, gustando tanto “que fueron llamados repetidas veces al escenario en medio de atronadores aplausos”. La función terminó con la adaptación por parte de Miguel Martínez Asensio del cuento de “Blanca Nieves”, incluyendo algunos poemas de Manuel Guerrero Torres. Esta función produjo un beneficio de 185’60 pesetas, que fueron destinadas a la fabricación de una cancela para el templo de la Stma. y Vera Cruz.
Como ya se ha dicho, una de sus grandes aficiones de doña Lola fue la literatura, siendo autora de una serie de relatos, en los que con mas buena voluntad que acierto, se acercó a la devoción de los caravaqueños a su patrona. El primero que conozco lleva por título “El milagro”, premiado con el primer accésit en los Juegos Florales celebrados el 5 de mayo de 1928. En 1932, con motivo del 7º Centenario de la aparición de la Cruz, publicó el relato titulado “La Cruz y el Peregrino”, en él que narra la curiosa historia de la relación de una antepasada suya con Cruz de Caravaca y los peregrinos, constatando la difusión de su culto en otras regiones de España. También fue autora de una obra de teatro, de título “Historia representable de la Aparición de la Santísima Cruz”, que se estrenó en el Teatro Thuillier de Caravaca el 26 de abril de 1946 a beneficio de la Cofradía de la Cruz y su Comisión de Festejos, que produjo unos ingresos de 1.972 pesetas, parte de las cuales se destinaron a la confección de un nuevo vestuario diseñado por ella misma para los grupos de moros y cristianos participantes en las fiestas de la Cruz.
Además de todo lo anteriormente citado, Dolores Michelena mantuvo una estrecha relación con otras instituciones y asociaciones benéficas de nuestra ciudad, como fueron el Ropero de Santa Victoria o la Cruz Roja. Precisamente, la fotografía que ilustra este artículo corresponde al acto de bendición y jura de la bandera de esta última, que tuvo lugar el día 6 de enero de 1928, festividad de los Reyes Magos (doña Lola aparece en la fila inferior situada en cuarto lugar empezando por la izquierda; a continuación doña Julia Blanc, presidenta de la junta local, y el sacerdote don Tomás Hervás, que actuó de padrino. En la fila inmediatamente superior podemos distinguir a D. Antonio Jiménez, alcalde de Caravaca, y a don Juan Ramón Godínez, jefe local de Unión Patriótica). Esta celebración tuvo diversos actos, primeramente en la parroquial de El Salvador el coadjutor de la misma D. Santiago Sánchez celebró una solemne misa en la cual se produjo la bendición de la bandera; posteriormente las autoridades, acompañadas por la banda de música y los miembros de la tropa de la Cruz Roja se trasladaron a la Casa de Socorro, “contigua al cuartelillo de la Cruz Roja, donde se procedió a bendecir el local”, dirigiéndose por último a la  Plaza de la Constitución (hoy del Arco), donde, ante el referido coadjutor, los miembros de la Cruz Roja juraron cumplir con los estatutos y reglamento, finalizando con un desfile de la “tropa y camilleros pasando por debajo del arco formado por la bandera, cuya punta externa inferior sostenía el Presidente”.
Y así llegamos al año 1929, en que, como ya se ha dicho, doña Lola tuvo la iniciativa de organizar una especie de cabalgata y una función infantil “con el fin laudable de que los niños pobres gustasen también de las delicias de un regalo”. Según reseña el diario “La Verdad”, el acto se desarrolló en la tarde del día 5 de la siguiente forma: “La banda de música y un inmenso gentío salieron a esperar a los reyes, que, jinetes en briosos alazanes, recorrieron las calles de la población. Le seguía una artística carroza ocupada por los niños que había de tomar parte en la función benéfica del día siguiente”. El día 6 tuvo lugar la función benéfica en el Gran Teatro Cinema, cedido gratuitamente para la ocasión, consistiendo la misma en la representación de la obra infantil “Cuento de Reyes”, “que mereció la aprobación del numeroso público que llenaba el teatro”, recibiendo a su conclusión, todos los niños menores de 10 años que asistieron a la función “un regalo por parte de los Reyes”.
Estas navidades de 1927-1928 tuvieron también el aliente añadido de una serie de veladas recreativas celebradas en el Colegio del Niño Jesús de Praga, dirigidas por los Frailes Carmelitas, que alcanzaron gran éxito y notoriedad: “Los pequeños actores, que en las preciosas funciones han tomado parte, merecieron los aplausos del distinguido público que todas las noches ha llenado el local, donde instalaron su bonito teatro”.