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Cuidar es sanar. Geriatría Hospital Comarcal del Noroeste

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Geriatría Hospital Comarcal del Noroeste

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

María José Navarro González | Especialista en Geriatría. Hospital Comarcal del Noroeste.

Cuando cuidamos a una persona en situación de dependencia, tenemos la oportunidad de aprender una nueva forma de amar.

La gran mayoría de los cuidadores que llegan a mi consulta, son familiares del enfermo. Esto hace que la relación de cuidado sea más compleja porque, en general, amamos lo que representa la otra persona en nuestra vida; por ejemplo, una madre que nos ha cuidado, un padre que nos ha dado seguridad, un familiar que nos hizo un gran favor… En definitiva, amamos desde unas condiciones favorables. Cuando existe una historia de dolor, que ha provocado separación entre el enfermo y el cuidador, es mucho más difícil cuidar. Se cuida desde el amor. Si no hay amor, no se cuida bien.

A lo largo de mi experiencia profesional, he comprobado que, en la mayoría de las situaciones, hay una gran historia de amor oculta por momentos de dolor, que han dejado huella entre el paciente y su cuidador. El dolor se detecta desde la primera mirada o palabra que cruzan en mi consulta, donde atiendo, principalmente, a personas con deterioro cognitivo.

En los casos de demencia, los cuidadores comentan que sus familiares ya no son quienes eran. De hecho, en las primeras etapas de la enfermedad, la persona pierde la memoria más reciente y la noción del tiempo. Luego, se merma la capacidad de orientarse en el espacio dejando de reconocer lugares habituales, como su casa. Poco a poco van perdiendo autonomía personal para su cuidado básico y para ser independientes en sociedad. Finalmente, deja de identificar a sus familiares y pierde la noción de sí mismo como persona individual. Así, es incapaz de analizar su carácter o de clasificar sus emociones como buenas o malas. La persona con deterioro cognitivo vive en un presente permanente, muchas veces irreal, en medio de delirios y alucinaciones que le ocasionan confusión, tristeza, ira y agresividad. Queda ante el mundo, un ser humano vulnerable a quien aprender a cuidar, al que amar.

Esta nueva realidad supone un impacto que lleva, necesariamente, al duelo por la pérdida de lo que hasta ahora había representado su familiar. Es curioso, cómo se detiene el tiempo para ambos. El cuidador debe mirar, ahora, de frente, todos los condicionantes que le han llevado a sentir amor por su familiar o, al contrario, dolor y separación. Para quien cuida es importante entender que nada puede ser de otro modo, por mucho que la mente imagine cómo pudo ser el pasado o cómo debería ser el presente en su relación con el enfermo. Posiblemente, este entendimiento sea el único punto de partida para cuidar bien.

Hace unos meses visité a Josefa, una mujer con demencia y con importantes alteraciones de comportamiento. Esa mañana, Josefa se encontraba inusualmente lúcida y me confesó que no podía soportar vivir más así, que se quería morir y se preguntaba qué estaba haciendo todavía en este mundo. Le contesté que estaba dando una gran lección como madre a sus hijas y que, también ella estaba aprendiendo una gran lección: dejarse cuidar, soltar la necesidad de controlarlo todo en casa y dedicarse por completo a recibir el amor de su familia. Para sus hijas, era la gran oportunidad de devolverle los cuidados y atenciones en situación de fragilidad y aceptar la experiencia con toda su crudeza, por amor.

PRINCIPIOS BASICOS PARA CUIDAR

  • Cuidar es escuchar en silencio y ofrecer respeto y comprensión.
  • Cuidar es hacerse presente, en exclusiva, para el otro cuando haya que sostenerle en su dolor.
  • Cuidar es hablar con amor, sin reproches ni exigencia.
  • Cuidar también es cuidarse. Por ello, recomiendo a los cuidadores:
    • Escuchar las necesidades propias con respeto y comprensión. Delegar. Pedir ayuda. Descansar.
    • Permitir que afloren las emociones, no ocultándolas para dar la imagen de poder con todo.
    • No caer en el reproche del cansancio ni exigirse vigor permanente para sostener a la persona que cuidamos.

En definitiva, con la sencillez de este entendimiento, cuidar es la oportunidad de aprender una nueva forma de amar, a uno mismo y a los demás.

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Un comentario

  1. Este artículo me ha gustado mucho, e incluso me lo voy a guardar, para leerlo cuando lo necesite como reflexión, ya que llevo casi 38 años cuidando de personas dependientes.
    Los familiares de las personas dependientes necesitan mucho apoyo también, ya que no pueden llevar una “vida normal”.

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