JOSE MANUEL KOPERO

La semana pasada estuve analizando cuánto podía gastar una persona de media en cultura al mes. Incluía en la cuenta tanto el consumo de libros y lecturas como de prensa, pero no me limitaba a esos aspectos. Quería sumarle el gasto en series y cine o películas, en ir al teatro, en discos de música o suscripciones mensuales a servicios como Spotify o Apple Music e incluso videojuegos. Hacía un cálculo rápido y simplificado y me daba como resultado una suma de cien euros. Servicios para ver series y escuchar música, nuestros periódicos favoritos y alguna que otra revista, un mínimo de dos libros al mes y alguna sesión en el teatro. Por supuesto, habrá quien gaste más, también quien menos, pero me pareció una buena cifra.

Cien euros a descubrir, fomentar la creatividad, aprender, disfrutar y fomentar la cultura. Y con todo lo que eso supone. Soy consciente de que es muy fantasioso e idealista imaginar que cada español pueda disponer de uno de esos billetes verdes para todas estas actividades que adoro y reivindico, pero al mismo tiempo no puedo evitar pensar que si en este país cada uno de nosotros gastase al menos cien euros en literatura, cine, teatro y arte, España sería un país muy diferente.

Afortunadamente, hay muchos métodos para acceder a este contenido cultural sin tener que desembolsar una gran suma de dinero ni recurrir a métodos ilegales como la piratería. Entre otros, las bibliotecas, que, pese a lo que muchos piensan, siguen existiendo, al menos mientras haya quien las defienda y ayude a sacar todo esto adelante y hacerlo posible. Mi columna de esta semana a quienes destinan un gran porcentaje de su sueldo a la cultura y especialmente a quienes destinan su vida a transmitir la pasión por la lectura, la música de verdad, el cine de calidad, la labor del periodismo y la magia del teatro, así como el arte. Todo eso que sí nos hace grandes y libres.