POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Volvió a Murcia el pasado viernes, día 15 del actual. Y, como siempre, llenó hasta la bandera el Auditorio y Centro de Congresos “Víctor Villegas” enEl músico Raphael su sala de máxima capacidad, la conocida como “Narciso Yepes”. Visita este marco escénico, cada año, como mínimo en una o dos ocasiones, pero es que, además, se anuncia en varios lugares de la región murciana o muy cercanos, en los que también vende todo el papel, pero, pese a ello, goza de un público incansable, fiel al raphaelismo y ávido de verle una u otra vez, porque el cantante de Linares, como los buenos vinos, mejora como artista con el paso de los años y sin haber quedado en duda, jamás, su incomparable y muy alta profesionalidad y buen hacer escénico. Miguel Rafael Martos Sánchez (05-05-1943, Linares-Jaén) es el verdadero nombre de un legendario cantante al que le bastó el factor “ph” para identificarse, únicamente, con la segunda parte de su nombre propio: Raphael. Y, cada vez que viene a Murcia, se le espera con devoción, entusiasmo y auténtica veneración, hallándose las localidades agotadas desde muy poquito después de ponerse a la venta y mucho tiempo antes de la fecha anunciada para su actuación. Incondicionales insaciables El pasado día 10 de Agosto estuvo en Los Alcázares y 9 días antes en la vecina ciudad de Elche, donde nos consta que hubo murcianos de forma notable, pero es que, él, es incansable y, quizás, por eso, sus incondicionales tampoco se ven saciados nunca de sus irrepetibles actuaciones, porque podemos dar fe ciega de que sus recitales cambian su configuración, pese a ofrecer similares canciones, porque las interpreta en diferente orden, las viste y las decora de distinta manera y, sobre todo, las escenifica de alternativas y muy bien estudiadas formas, además de musicalizarlas, siempre, con la más palpitante actualidad, porque es profundamente trabajador, constantemente creativo, muy amante de su profesión y tremendamente respetuoso con su público al que, como tantas veces ha declarado, cuida y mima con el máximo esmero. “A mi querido público, por tantos millones de motivos”, dedicatoria de su último disco titulado “el reencuentro”. Comenzó su compromiso del pasado viernes, en el “Víctor Villegas”, con los acordes encadenados de sus más populares canciones, en forma de popurrí, sin su intervención y a cargo de una banda con cinco excelentes músicos que le acompañaban: batería, bajo, guitarras, teclados y piano. Y es que, como decíamos, cambia las secuencias de sus conciertos de forma mimosa y muy bien estudiada, toda vez que, en otras ocasiones, el mencionado popurrí ha contado con su poderosa voz. Y apareció la estrella con su imperecedera sonrisa, con sus brazos abiertos queriendo recoger a todo el público, con sus 70 años magníficamente disimulados, por su excelente forma física y su cuerpo ligero de peso, para comenzar con una canción nueva, ya que la primera parte estuvo más dedicada a presentar su último disco, fechado en 2012, pero todavía revisado en sus actuaciones, un plástico compuesto por 12 nuevas creaciones de su compositor de siempre, Manuel Alejandro, lo que ha dado como título al mismo “El Reencuentro”, pese a que ninguna de sus canciones se denomine así. Sencillamente, porque, después de muchos años, su compositor preferido y gran amigo personal ha vuelto a prepararle esta bonita colección de partituras románticas, en forma de baladas y entre las que se deja sentir una ranchera que, en la voz del de Linares, cobra impecable brillo. Esos 12 títulos son “Un sueño”, “Enfadados”, “Naturaleza muerta”, “Cosas de la vida”, “Confidencias”, “El Mundo será de ellas”, “Eso que llaman amor”, “Sexo sentido”, “Por ti”, “Te olvidaré a mi manera”, “Cuatro estrellas” y “La mujer del lago azul”, canciones, todas ellas, con letra y música del citado maestro Manuel Alejandro, un disco que incluye un DVD y que, además de a unas pocas personas concretas muy allegadas, Raphael dedica “a mi querido público, por tantos millones de motivos”. Sin limitación horaria Pero no quiso hacer esperar mucho a sus incondicionales con las canciones más populares, por lo que la segunda en interpretar fue la que da título a esta gira, la archiconocida “Mi gran noche”, en la que contó con un coro de lujo: un público entregado al que cedió el protagonismo en las estrofas más populares, unos espectadores desenfrenados que parecían haber ensayado antes de su intervención, lo que elevó considerablemente los grados de temperatura del encuentro y garantizó la mejor disposición de los asistentes, así como la comodidad de Raphael, quien, cuando se encuentra a gusto, no mira el reloj ni pone límites de tiempo a su estancia en el escenario. Las legendarias canciones de siempre y las simpáticas apreciaciones de los espectadores Y mezclando canciones nuevas, muy bonitas y respetuosamente recibidas por un público claramente partidario del artista, dejó el sello de “Los amantes”, la incombustible “Digan lo que digan” o la legendaria “Poco a poco”, “Dijo de mí”, “El trabajo nace con la persona” o “Provocación”, hasta llegar a “Yo sigo siendo aquel”, donde se ganó al público incluyendo en la letra aquello de “yo sigo siendo aquel, Raphael, el de siempre”, gesto simpático que levantó en pie a la concurrencia. Y a esa altura del concierto, le gritó un espectador “¡¡¡Raphael, vaya hígado que te pusieron!!!”, a lo que, con las tablas que tiene el artista, le respondió con un sencillo, gracioso y concluyente “pata negra”. Tras los músicos y el cantante, un decorado con escalinatas para lucimiento del “jefe”, inclinado sendero que recorrió reiteradamente con el garbo y saber estar en el escenario que le caracterizan, pues Raphael es un cantante que llena el espacio escénico, si es necesario, únicamente con su propia presencia, que entra, que sale, que se enfada, se emociona, resurge, se entristece, ríe y hasta llora con una profesionalidad teatral incuestionable. Y para generar esa sensación de altura física precisa que exige una larga escalinata, tras las bambalinas, pendían unas formas metálicas, a modo de bonitas y estilizadas vigas, que daban al conjunto escénico una inusitada prestancia. Un juego de luces, sencillo, pero completo y excelentemente diseñado, con predominio de los rojos, los azules y los blancos, creó ambientes de cabaret, sala de fiestas o intimidad, según el contenido de los temas que interpretaba en cada momento el joven septuagenario. Todo un artista que viven, siente y piensa como tal No podemos olvidarnos de aquellos años, cuando la trayectoria del cantante era bastante más corta, en los que mucha gente le criticada de forma infundada con aquello de “es un tal”, “siempre hace poses”, “se lo tiene creído” y una amplísima colección de desatinadas descalificaciones que el tiempo y su trabajo han demostrado que, en realidad, no es un cantante al uso, porque cantar, desde luego, canta mucha gente, pero interpretar las canciones, sentirlas, vivirlas, vibrar con ellas y conectar con el público y contagiarlo como lo hace Raphael, no hay muchos que lo consigan, por no decir ninguno, porque, más que un cantante, es todo un intérprete. Y más que un famoso, con una amplia discografía, es todo un artista que vive, piensa y siente como tal. Tanto es así que el marco escénico que le acogía, por esas malas costumbres que tenemos los asistentes de llegar tarde, siempre ofrece entre 10 y 15 minutos de cortesía para el inicio del espectáculo, pues, lamentablemente, hemos perdido aquella vieja y sana costumbre de la puntualidad en los acontecimientos de esta naturaleza, algo que se ha quedado como exclusivo para los espectáculos taurinos. Raphael, sin embargo, no admitió llegar a los 6 minutos de demora y, recién cumplidos los 5, ya estaban sus músicos haciendo sonar sus instrumentos. Un profesional como la copa de un pino, muy exigente, cuidadoso, serio, riguroso y máximo enemigo de sí mismo al ser su nivel de autoexigencia verdaderamente insuperable. Cuatro generaciones diferentes Tras unos comentarios sobre su imperecedera y bien llevada relación con Manuel Alejandro, como su “compositor de cabecera”, ante un público de todas las edades y perteneciente a cuatro generaciones diferentes, recordó “Eso que llaman amor” y dijo “revisito –me encanta la palabra- canciones de otros tiempos, a cuyos contenidos es a lo que le canto yo”. Quizás, por eso, se arrancó con “Te voy a dar lo que tú quieras” y “Vive tu vida”, canciones con las que se marcha del escenario con desprecio, escenificando su mensaje central y engalanando una magistral interpretación, para volver, de inmediato, a recoger unos interminables aplausos. “He venido muchas veces a Murcia, pero pienso volver bastantes más” Momentos antes, había comentado que eran muchas las ocasiones en las que había venido a Murcia, pero “pienso volver bastantes más”, sentenció, antes de proponer aquello de “Hablemos del amor” cuando el concierto se aproximaba a su primera hora y media. Pero quedaba mucho por delante con “Estuve enamorado” o “Cuando tú no estás”. Para iniciar la siguiente canción hizo un breve comentario aclarando que “de todas estas bonitas y legendarias canciones, para mí, lo más de lo más es…” y sonó “Desde aquel día”. Después, propuso detener a la ladrona, tal como reza la letra de otra de sus nuevas canciones, aunque antes rompió un vaso en el escenario, con un estilo y una clase escénica inigualable, tras cantar esa otra nueva canción en la que pide que se le calme, mientras interpretaba con una excitación que parecería tan verdadera como el realismo escénico que siempre practica. Y siguió imparable con “No puedo arrancarte de mí”, a cuyo final se marchó confuso y contrariado en una modélica puesta en escena. “Maravilloso corazón”, bailando con unos movimientos tan expresivos que parecía llevar el bombín y el bastón sin que así fuera. ¡¡¡Magistral!!!. “De la niñez a los asuntos” dio paso a dos canciones del triple disco con tangos, rancheras y boleros que lanzó al mercado poco después de celebrar sus “50 años en escena”. El bolero “Adoro”, de Armando Manzanero, así como el tango “Nostalgias”, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, dejaron hueco, entre ambos, para interpretar “Payaso”, mientras aparecía una filmación del cantante vestido como tal en la pantalla de fondo y, él, simulaba imitarlo poniendo voz en directo a la proyección. Fue maestro de la escena, otra vez, con “En carne viva” y puso en pie al público, solamente con lo primeros compases musicales, para que le acompañara cantando el siempre alegre ritmo de salsa latina, con fragmentos de rap, titulado “Escándalo”. Siguió con “Amor mío” para cubrir las dos horas y media de actuación. Nos regaló “Qué sabe nadie” y estuvo pletórico en “Balada de la trompeta”. Anticipada Navidad Y, como hombre previsor y anticipado que es en todo, nos felicitó la Navidad con “La canción del tamborilero”, tema que grabó en 1965 para Hispavox, transformado, hoy, en el sello discográfico conocido como EMI, un sentido y precioso villancico que, en el ecuador de la década de los ‘60, arrancó las lágrimas de las madres de los niños del “Coro del Seminario Seráfico del Colegio de San Francisco de El Pardo”, perteneciente al “Convento de los Monjes Capuchinos”. Era el mismo coro de niños al que también perteneció el entonces “Rafael”, quien pronto asociaría a su nombre la “ph” cuando su representante del momento, Paco Gordillo, le proporcionase la firma de un contrato, como artista exclusivo, con la discográfica Philips. Esa composición, incluída en el LP titulado “Raphael canta a la Navidad” (1965-Hispavox), se convirtió en LP millonario en ventas, tanto en el instante de su aparición, en las Navidades de 1965, como un año tras otro, hasta tal punto que, algo después de dos lustros más tarde, Hispavox lo reeditó en formato single. Después de la interpretación del villancico, Raphael fue aclamado en el “Víctor Villegas”, vitoreado, aplaudido incesantemente, recibió gritos de ¡¡¡bravo, bravo!!! Y piropos como “guapo”, “eres el mejor”, “inigualable”, “no hay otro” y hasta un “viva la madre que te parió”, mientras otras personas, al borde del escenario, intentaban estrechar su mano, aunque no todas pudieron conseguirlo, esencialmente porque Raphael no quería perder, ni un instante, su compostura escénica. Y, a nuestro modo de ver, el público “se movió” muy pronto, quizás porque ya nos aproximábamos a las tres horas de actuación. Y Raphael, cuando ve desfilar a personas que se marchan o abandonan sus asientos no canta más de ninguna forma, extremo que conocemos perfectamente porque nos lo ha contado, él mismo, cuando quien esto escribe le ha presentado en público. Y es que, de no haberse producido esa situación, seguro, habría interpretado “Yo soy aquel”, una canción con la que le venimos viendo acabar los conciertos en los últimos 20 años y con la que representó a España en el mítico Festival de Eurovisión, allá por el año 1966, obteniendo un sexto lugar en la clasificación, repitiendo suerte al año siguiente, con “Hablemos del amor”, para obtener idéntica posición clasificatoria. En todo caso, el público que abarrotaba el coliseo murciano salió contentísimo, colmado de recuerdos y repleto de esas vivencias que siempre proporcionan las canciones de Raphael y, por encima de todo, su brillante actuación, desarrollada con el mismo entusiasmo e ilusión de aquel chaval de escasos 16 años con los que comenzó su ininterrumpida andadura profesional, en 1959. Una actuación a la que solamente le faltaron 10 minutos, exactos, para redondear las tres horas, algo que pocos artistas soportan con tanta intensidad y con una profesionalidad tan precisa y constante como la del andaluz. No obstante, hemos sido testigos de haber superado ese tiempo en ocasiones precedentes. Embajador de lujo en los cinco continentes Los escenarios de América Latina, en particular, y de todo el mundo, en general, han sido su casa, su estancia más cómoda y han formado parte importantísima de su vida. En ellos, se mueve como pez en el agua y, también en ellos, cobra genio y figura, renueva experiencias, refina formas y se afianza hasta mandar como nadie en el espacio escénico. Su visita anterior a Murcia tuvo lugar el pasado día 12 de Junio para protagonizar una conferencia, algo a lo que no se presta con frecuencia, sobre la marca “España”, país del que ha sido embajador de lujo en los cinco continentes. Fue en el Real Casino de Murcia y dentro del ciclo de charlas de distinto temario y gran calado que ofrece el “Foro Nueva Murcia”. Es de los muy elegidos cantantes, a nivel mundial, que ha ganado un disco de uranio e, igualmente, de los pocos artistas en los que cualquier versión de otro intérprete cobra una dimensión especial. Y cabe decir que las canciones que caen en su potente voz recobran fuerza, actualidad e, incluso, alguna que no triunfó en su momento, se hace popular en sus prodigiosos registros interpretativos, aunque, en honor a la verdad, también tenemos que decir que nunca fue lo suyo cantar en inglés (recordemos el disco titulado “Maldito Raphael”, grabado en 2001, con casi la mitad de sus canciones interpretadas en la lengua de William Shakespeare, tales como “Yes Sir, I can boogie”, del dúo Baccara; “Lessons In love”, de Level 42; “Only you”, de The Platters, o “I say a little prayer”, de Aretha Franklin). Pero, no obstante, se atrevió con esa aventura, como también supo arriesgarse, con incuestionable éxito, al embarcarse prácticamente en todos los géneros del panorama musical internacional, incluso el flamenco y la canción andaluza. Recordemos, si no, “Échale guindas al pavo” o el ramillete de canciones que conformaba aquel exitoso disco que presentaba la citada canción que popularizó la extremeña Rosa Morena. Junto a los mejores del mundo y sin olvidarse de aquellos artistas a los que el éxito no les sonrió tanto Ha formado dúo ocasional, sobresaliendo, siempre, de poderosa forma, con grandes y no tan consolidados artistas, porque, aunque no lo parezca, Raphael sabe mucho de humildades y de ayudar a quienes menos les ha sonreído la suerte y el éxito. En cuanto a los primeros, ha actuado y grabado nada más y nada menos que con Rocío Jurado, Charles Aznavour, Montserrat Caballé, Paul Anka, Julio Iglesias, María Dolores Pradera, Tom Jones, Rocío Dúrcal, Alejandro Sanz, Rita Pavone, José Luis Perales, Salvatore Adamo, Paloma San Basilio, Albert Hammond, Ana Torroja, Joaquín Sabina, Celia Cruz, Alberto Cortez, Imperio Argentina, Raffaella Carrá, Luis Aguilé, Vicente Fernández, Alaska, Miguel Bosé, Armando Manzanero, Juanes, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Ana Belén o Joan Manuel Serrat, por citar solamente unos pocos. Y, con todos ellos, ha interpretado canciones de sus particulares repertorios, mejorándolas en la mayoría de los casos. Pero también ha sabido hacerle hueco a Malú, Enrique Bunbury, quien le compusiera al de Linares la canción “Ahora”, Azúcar Moreno, la londinense, afincada en España, Jeanette; Manu Tenorio, Dani Martín (ex-vocalista de “El Canto del Loco”), Mónica Naranjo o su propio hijo, Manuel Martos. De la mano de Raphael, felizmente casado, desde el 14 de Julio de 1972, con la periodista, escritora y de aristócrata familia vasca, Natalia Figueroa Gamboa (Jacobo, Alejandra y Manuel son sus tres hijos), presenciamos otro concierto de altísimo nivel que, para él, fue un auténtico placer, como comentó en su despedida final del pasado viernes. Quienes hemos asistido a sus conciertos en numerosas ocasiones, podemos afirmar, sin margen de error, que se supera a sí mismo en cada ocasión. Nos iniciamos como espectadores suyos, en lo que a sus actuaciones en directo se refiere, en Madrid, cuando estrenó el espectáculo denominado “25 Años en Escena”, en 1989, en el Teatro Calderón, en la calle Atocha, 18, pero después le hemos visto casi siempre que ha venido a Murcia y cercanías, recordando el Teatro Romea, el propio “Víctor Villegas”, con copiosa reiteración en ambos casos, Torre Pacheco, Ceutí, Molina de Segura, Las Torres de Cotillas y un amplio etcétera que haría interminable la relación. Cuando vuelva, no se lo pierdan, por favor. Es un monstruo de la escena y la interpretación y, pese a sus 70 primaveras, se encuentra muy “joven”. Y, si no, busquen a ver quién canta 40 canciones, sin descanso alguno, y con la maestría que nos brindó, una vez más, en el “Víctor Villegas”. O averigüen si existen muchos artistas españoles, tan internacionales como él, capaces de vender millones, millones y más millones de discos. Y seguirlos vendiendo como en sus mejores tiempos. Seguramente, Julio Iglesias será el único que pueda presumir en semejante o cercana dimensión.

Pedro Antonio Hurtado García es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN en el Noroeste murciano