Mariana Martínez

Trabajadora Social C. Dia Mayrena – APCOM

La mirada es una de las formas que los seres humanos tenemos de comunicarnos. A través de la mirada podemos deducir el estado de ánimo de una persona, o sus pensamientos, tanto de agrado como de desagrado.

Podemos citar varios tipos de miradas, la “Mirada Sana”,es cuando se establece realmente un contacto con el otro, acompaña el discurso, transmite asertividad la emoción del momento y permite que realmente el  alma pueda asomarse a través de los sentimientos; la “Mirada Social”, cuando la mirada cae por debajo del nivel de los ojos del otro, se desarrolla una atmósfera social; la “Mirada Intima”, es cuando la mirada recorre los ojos, pasa por el mentón y se dirige hacia otras partes del cuerpo. En el diálogo entre dos personas que están cerca una de otra, la mirada se pasea por el triángulo formado por los ojos. Tanto los hombres como las mujeres usan esta mirada para mostrar su interés por la otra persona, y si ésta está interesada, devolverá entonces una mirada similar.

Peroque pasa cuando el perceptor es una persona con una discapacidad evidente, son las miradas anteriores las que se cruzan o son otras como, “Miradas discriminatorias”, “Miradasde desprecio”, que es cuando con la mirada te colocas por encima de la persona a la que miras; son las típicas miradas que matan, demasiadas habituales en nuestra sociedad,  la  “Mirada Ausente”, que aunque la persona nos esté mirando a los ojos, se capta lejana, sus pensamientos divagan por otro camino, es una mirada serena pero distante.

Basta con observar en cualquier lugar público cómo las diferencias físicas atraen las miradas para comprender que una sociedad tiende a la homogeneidad. Muchas veces, esas miradas dicen » es discapacitado». Podríamos decir que a través de la mirada surge un trato inadecuado y diferente a las personas con algún tipo de discapacidad.

La mayoría de las personas somos incapaces de describir el mundo de las personas con capacidades diferentes. Fijándonos en una mirada unilateral de las cosas, nos cuesta abrirnos a comprender que esas personas, que tiene alguna limitación física o intelectual, no sólo tiene los mismos derechos que nosotros,sino que tienen las mismas necesidades e intereses que le resto de la población.

Por lo que en más de una ocasión deberíamos revisarnos nuestras miradas sobre esta realidad.Si pudiéramos abrirnos a la peculiaridad de estas personas, llegaríamos a la conclusión de que los verdaderos “discapacitados”somos nosotros.

La mirada forma la identidad de una persona y muchas veces, las miradas que reciben las personas con discapacidad no son constructivas. De ahí la importancia de reforzar por parte de los padres una visión más integral, que incluya sus cualidades, fortalezca la autoestima y, en definitiva, le asegure calidad de vida.

Algunos de las recomendaciones que podríamos sugerir a las familias de personas con discapacidad serian:

– No disimular: tratar de disimular una diferencia física o intelectual la hace más visible. Hay que aceptar la discapacidad de la persona y asegurarle, dentro de las posibilidades, una vida sin diferencias.

– Construir la autoestima: ofrecerle una visión integral de su existencia, es decir, enfatizar en sus capacidades y cualidades en lugar de sus limitaciones.

– Dialogar: hablar de la discapacidad es el primer paso para reducir el impacto de la mirada social. El contacto físico entre padres e hijos y las actividades comunes también son parte del diálogo.

– No sobreproteger: evitar el contacto social sólo posterga lo inevitable. La mirada social no implica un peligro para el discapacitado.

– Empezar por la familia: la forma en que el discapacitado se relacione con los familiares lo hará con la sociedad.