Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Hubo un tiempo en que la Comisión de Festejos de la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz adoptó la positiva costumbre de publicar su balance económico anual evitando así malentendidos y confusiones.

De los publicados, tan solo conozco el ejemplar correspondiente al año 1916, tercero de los editados según se indica en la introducción, donde también se justifican las ventajas y conveniencias de este tipo de actuaciones. La edición constó de 300 ejemplares, que importaron la cantidad de 100 pesetas, y fueron impresos en la Tipografía de D. Francisco de Haro. El folleto se compone de 73 páginas, la mayor parte de las cuales están dedicadas a reseñar los ingresos, cuyos registros y anotaciones son mucho más numerosos, aunque tanto los ingresos como los gastos aparecen anotados con todo detalle.
Lo primero que llama la atención es la inclusión de las cuentas de la Cofradía, de las que ofrece un balance comprobatorio, lo que nos permite conocer el funcionamiento económico completo de la institución, tanto en lo referido a los asuntos de carácter general asumidos por la Cofradía, como en los específicos de su comisión de festejos, que son en los que nos vamos a centrar, no sin antes reseñar la gran diferencia entre ambos, ya que el balance de la Cofradía señala unos ingresos de 511 pts. y unos gastos de 267’50 pts., por lo que dejó un superávit ese año de 243’50 pts., mientras que la Comisión de Festejos presentó un déficit de 204’98 pts. ya que sus ingresos ascendieron en ese ejercicio a 10.335’91 pts. y los gastos a 10.540’89 pts.
Los ingresos procedían en su mayoría de limosnas y donativos, ya fueran en metálico o en especie, puesto que existía la costumbre de realizar diversas colectas anuales entre los agricultores para recoger sus aportaciones de trigo, cebada, centeno, maíz, patatas, cáñamo, borras y aceite, tanto en la huerta de Caravaca como en sus pedanías. También de consideración eran los ingresos producidos por las salidas y actuaciones de la Banda de la Stma. Cruz (a lo largo de ese año participó en las procesiones de San Antonio, de los Padres Misioneros, del Santo Entierro, del Corpus y su octava y de la Virgen del Carmen, dio varios conciertos y serenatas en el Teatro Thuillier y en el Real de la Feria y amenizó diversos festejos taurinos), aunque también estaban obligados a su mantenimiento, tanto del local utilizado como academia como de los instrumentos y salario del director. También en este año (me refiero al periodo comprendido entre el 10 de julio de 1915 y el 8 de julio de 1916), se programaron dos actuaciones benéficas para recaudar fondos. La primera fue la función teatral ofrecida por la Compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza el 6 de diciembre que produjo un beneficio de 742’03. pts., al que se sumaron otras 500 pts. que dieron de limosna el matrimonio de actores, y un festejo taurino con la intervención de aficionados locales que, tras varios aplazamientos, se celebró finalmente el 30 de abril, aunque “por falta de público produjo pérdidas”, exactamente 396’08 pts.
En cuanto a los gastos, como venía siendo habitual en aquella época, el mayor a que tenía que hacer frente la Comisión eran los fuegos artificiales, a los que se destinaban más del 10% del presupuesto. Este año se contrataron con el pirotécnico oriolano Joaquín Cánovas, a quien se le pagaron 1.125 pts., repartidas de la siguiente forma: 600 por el castillo quemado el 2 de mayo, 500 por la traca del día 5 y 25 por los cohetes y traca de la Diana del día 1. También se le pagaron otras 41’50 pts por 7 docenas de lías y el pago del trabajo de los albañiles en la instalación del castillo de pólvora. La partida quedaba aumentada con los gastos correspondientes al transporte de la madera, los trabajos de carpintería realizados por Manuel Ferrer en el castillo y Bartolomé Segarra en la corredera y material diverso, como haces de cañas, mecha, marcos de alambre, etc.
Una de las partidas mas significativas es la destinada al pago de los participantes en los diversos actos del programa oficial. Así pues, los Bandos Moro y Cristiano recibían 90 pesetas como gratificación por sus salidas, que se repartían entre los participantes; además, se les entregaba la pólvora y pistones para los disparos de arcabucería, en lo que se gastaban 40 pts, mas un refrigerio a base de bizcochos, que también incluía a los Armados, que importaba 12 pts.
Para los conductores de los Caballos del Vino, en aquella época no se usaba el término caballista, la Comisión destinaba 70 pts., aunque el importe total de este acto quedaba sensiblemente aumentado al sumarle el coste de la compra del vino, la limpieza y reparación de los toneles, transporte, reparto, etc. En concreto, este año de 1916 se compraron 70 arrobas y ¾, a tres proveedores distintos: 14 arrobas y ¾ a los Sres. Nieto Hermanos, de Moral de Calatrava, por un importe de 105’52 pts., 8 arrobas a D. Ángel López Guerrero para ser repartidas en el campo, que costaron 68 pts., y otras 48 a D. Elías Robles para el reparto general durante las fiestas, que interesaron 480 pts.
El “Tío de la Pita”, encarnado ese año por el profesor de dulzaina Domingo Moreno, recibió una gratificación de 180 pts. por sus salidas, estando incluida en la misma la gratificación correspondiente al tamboril y dos acompañantes. Su participación en la Diana del día 1 se remuneraba aparte, destinándose 76 pts al pago de la Banda de Música y los dulzaineros. Por otra parte, se consignaron 187’52 pts. a la reparación de los gigantes y cabezudos, así como para el pago de los porteadores de los mismos.
Los Armados eran gratificados con 41’25 pts., estando a cargo de la comisión el adorno y reparación de los cascos y uniforme. En este año 6 celadas fueron adornadas por las monjas clarisas y otras 5 por las carmelitas, siendo ambas comunidades convenientemente retribuidas por ello; de aquí se entiende lo barroco y preciosista del adorno floral de las tejas de los Armados en esta época, tal y como se aprecia en algunas fotografías. Además, las clarisas se encargaron del planchado y rizado de los manteles del carro de la Cruz y las carmelitas de la preparación de los purificadores para la Bandeja de Flores. Relacionado con este ritual figura también la compra de 1.600 ramos de flores, con un importe total de 160 pts., incluyendo el transporte desde Murcia a nuestra ciudad. Hay que tener en cuenta que en este período no existía la ofrenda de flores ni la ceremonia religiosa de la mañana del día 1, por lo que era la Comisión de Festejos la encargada de la adquisición de las flores. Otro de los gastos de consideración eran las 1.000 libras de pan que se repartían entre los pobres y necesitados los días 3 y 4 de mayo en el castillo, en cuya adquisición se gastaban 187’52 pts.
La reseña completa de los epígrafes que componen este balance económico es muy interesante y reveladora de los criterios organizativos que seguían en esa época y que se mantuvieron mas o menos vigentes hasta la renovación de 1959, aunque no nos aportan información sobre el desarrollo de las fiestas. Al contrario de otros años, de este no se conoce ninguna crónica periodística, tan solo referencias a los dos actos que más llamaron la atención de los caravaqueños y visitantes: la misa mayor del 3 de mayo, convenientemente solemnizada con la actuación de una orquesta y cantores, que estuvo a cargo del prestigioso canónigo murciano Frutos Valiente, posteriormente nombrado Obispo de Jaca y de Salamanca y al que durante muchos años estuvo dedicada la Plaza del Progreso, y el festejo taurino del 3 de mayo, organizado por los empresarios Marín y Fuentes, con la actuación de los jóvenes y afamados novilleros “Copaito de Triana” y José Flores “Camará” y el bravo ganado de los Herederos de Galdón. La novillada resultó un éxito total de público, que casi llenaba el recinto aprovechando la esplendida meteorología de la jornada, y también artístico, concluyendo el festejo con la salida en hombros de “Camará”, que fue llevado así por sus admiradores hasta el Hotel Mateo, donde se hospedaba.