JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/Cronista Oficial de la Región de Murcia

Los años denominados del Nacional Catolicismo, coincidentes con la dictadura del General Franco, fueron generosos en acontecimientos político-religiosos como el que paso a recordar a los lectores entrados en años, y a narrar a los más jóvBrazo Santa Teresa en Caravacaenes.

Con motivo del IV Centenario de la reforma Teresiana, la Orden del Carmen Descalzo, en colaboración con la Sección Femenina del Movimiento (institución que tuvo por Patrona a Sta. Teresa de Jesús), organizaron un homenaje nacional a la santa de Ávila, en el transcurso del cual tuvo lugar un viaje de peregrinación por las tierras de España de una reliquia a la que el General Franco tuvo especial consideración y hasta devoción personal hasta el extremo que, según cuentan, durante los años de su mandato como Jefe de Estado, siempre estuvo presente en su despacho de trabajo. Me refiero al Brazo incorrupto de Santa Teresa, colocado en relicario de plata y cristal, en forma de «V», cuyo viaje se organizó entre el clamor popular y los máximos honores, ya que el Jefe del Estado le concedió el rango de Capitán General con mando en plaza. La ruta fue concienzudamente diseñada a través de un largo itinerario en el que, obligadamente la Reliquia habría de detenerse en los lugares donde la Santa fundó comunidad conventual durante su vida, o lo hicieron sus seguidoras tras su muerte.

La llegada de la Reliquia se programó llegara a Caravaca durante los últimos días del año 1962 y primeros de 1963, permaneciendo entre nosotros durante el cambio de año y haciéndose coincidir con la fecha del 1 de enero en que, en 1576 se materializó la fundación carmelita en Caravaca, aunque sin la presencia corporal de la Santa, que estaba en Beas de Segura (Jaén) dispuesta a venir cuando surgieron problemas en su comunidad de Sevilla, teniendo que marchar con urgencia a la capital andaluza sin hacer el mal camino que, según ella misma afirma, conducía a Caravaca.

La reliquia del Brazo Incorrupto de Santa Teresa llegó a Caravaca al atardecer del día 30 de diciembre, y permaneció entre nosotros hasta el 2 de enero siguiente en que fue trasladada a Murcia, camino de Orihuela y Torrevieja.

Como digo, la Reliquia inició su recorrido por nuestras tierras a punto de concluir el año 62. Los de Caravaca nos hicimos cargo de la misma en Puebla de D. Fadrique (Granada), hasta donde se trasladó una nutrida comitiva que encabezaba el alcalde Amancio Marsilla Marín. El viaje desde la Puebla se hizo a través de Almaciles, El Moral, Barranda y Benablón, a cuyo paso las gentes de cada lugar se agolparon en la carretera para verla pasar, con antorchas encendidas en sus manos y hogueras en los márgenes en señal de homenaje.

Poco antes de las siete de la tarde llegó la Reliquia a la Plaza del Arco carvaqueña (entonces de José Antonio), siendo recibida por la Corporación Municipal en pleno, bajo mazas, las delegadas Provincial y Local de la Sección femenina Carmen Verbo y Maravillas Marín Fuentes respectivamente, la Guardia de Franco local, de uniforme, y el Consejo Local del Movimiento; toda la clerecía y un gran gentío que llenaba la plaza hasta rebosar.
Como en Caravaca no había destacamento militar que rindiera honores con las denominadas Salvas de Ordenanza, se dispararon doce cohetes que anunciaron su presencia, rindiendo honores paramilitares la denominada Guardia de Franco. La Banda de Música entonó la Marcha de Infantes y la Reliquia fue depositada en un altar dispuesto en el balcón central del Ayuntamiento (iluminado con profusión de bombillas como entonces se hacía). Dieron la bienvenida el padre José Marín Fuentes, carmelita caravaqueño, y el alcalde Marsilla. A continuación los concejales, de rigurosa etiqueta, portaron la Reliquia al cercano templo mayor del Salvador. Allí el P. Benedicto, carmelita del convento de Valencia y comisario de la organización del evento, pronunció un emotivo fervorín cantándose, a continuación un Te Deum de acción de gracias, por la escolanía del Colegio Filosófico de los PP. Carmelitas de Valencia, desplazados a Caravaca para estar presentes y participar en el acontecimiento. Terminada la ceremonia la Reliquia fue trasladada al convento de San José que hasta hace pocos años habitaron las M.M. Carmelitas en la C. Mayor, donde permaneció las tres noches.

A media mañana del 31, oficiado por el clero parroquial, tuvo lugar una función religiosa en la iglesia del convento carmelita mencionado, homenaje religioso de la Sección Femenina Caravaqueña. Presidió el arcipreste y párroco del Salvador D. José Barquero Cascales, asistido del párroco de la Concepción D. Antonio Ortiz Martínez y del coadjutor del Salvador D. Antonio Sánchez López. Asistieron el Alcalde, el Juez de Instrucción José María González Templado, el delegado local de juventudes Cristóbal Díaz Azorín, el capitán de la Guardia Civil Miguel Gómez, así como la delegada de la S.F. y Subdelegada, Maravillas Marín y Angustias Arias respectivamente, y un grupo de chicas de esta institución, ataviadas con el traje regional, quienes fueron las encargadas de llevar a cabo la ofrenda de flores durante el ofertorio de la misa. Cantó en la ceremonia la misma escolanía de los PP. Carmelitas, y predicó el P. Felipe de la Inmaculada, carmelita descalzo que había sido conventual en Caravaca en los años previos a la Guerra Civil.

Aquella noche, la Nochevieja de 1962, hubo hora santa y misa en el transcurso de la cual los caravaqueños entraron en el año 1963 junto a la Reliquia de la Santa.

El primero de enero volvió a celebrarse función religiosa en las MM. Carmelitas, esta vez oficiada por los misioneros Hijos del Corazón de María (claretianos), que entonces cuidaban del culto a la Cruz en su iglesia del Castillo. Aquel fue día en que la Reliquia visitó el convento del Carmen, de la Glorieta, recibiendo allí los honores litúrgicos y el cariño de aquel populoso barrio.

El fin del periplo teresiano caravaqueño tuvo lugar el dos de enero. A la una y media de la tarde breve despedida religiosa en las Monjas, residencia oficial de la reliquia. Procesión por la C. Mayor, plaza del Arco y Avenida del Generalísimo, con presencia de todas las asociaciones religiosas de la ciudad (Acción católica, ordenes terceras de S. Francisco y El Carmen, Pía Unión de Sta. Teresita, Archicofradía del Carmen, Apostolado de la Oración, Cofradía de la Cruz etc.) y muchos, muchos fieles. La Reliquia fue escoltada por la Guardia Civil y la Guardia de Franco, comandada por su lugarteniente Juan Montoya, siendo presidido el cortejo religioso por el Alcalde, Párrocos del Salvador y La Concepción (entonces aun no funcionaba como tal la parroquia de San Francisco) y subteniente de la Guardia Civil José Márquez Martínez.
A las dos de la tarde, tras la bendición al público congregado en la Gran Vía, el coche que portaba la Reliquia, adaptado especialmente para ello, partió hacia Murcia, siguiéndole una caravana de veinte vehículos.

Quien esto escribe vivió los acontecimientos en primera persona, incluido el trayecto a Murcia, y recuerda las masas de gente que se agolpaban en los arcenes de la carretera para ver de cerca el paso de la Reliquia. En Bullas, el clero y los fieles la recibieron en la carretera habiendo de parar, contra lo previsto, en la iglesia del Rosario.

A las 5 de la tarde de aquel dos de enero, el Brazo Incorrupto de la Santa de Ávila llegó a Murcia con todos los honores civiles, religiosos y militares. Hubo recepción en el Ayuntamiento, Pontifical que ofició el obispo Ramón Sanahuja, y traslado al convento de monjas carmelitas de la calle de Sagasta (hoy desaparecido)

Los periódicos La Verdad y Línea, a través de sus corresponsales en la ciudad Antonio Pozo Romero y Francisco Martínez Mirete respectivamente, se hicieron amplio eco de la estancia de la Reliquia en Caravaca. De aquel suceso se editó una estampa recuerdo para que la memoria, siempre flaca, tuviera presente en el futuro el paso por Caravaca de la Reliquia, sin duda una página a tener en cuenta en la historia reciente caravaqueña.