Ya en la calle el nº 1046

El Cristobillas, 100 años de bondad

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Cristóbal Ortega Martínez, nació un 8 de octubre de 1923 en Valentín

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: ANTONIO MARÍN SANDOVAL

Si hay una palabra para describir al Cristobillas es bondadoso, pues es una de las mejores personas que he conocido en mi vida, nada más verme me dio un abrazo y me dijo que era mucho más que un vecino y eso se me clavó en el alma.

A mi llegada a casa de su hijo, con una agilidad pasmosa para tener 100 años, baja las escaleras del domicilio y lo primero que se me vino a la mente fue el recuerdo de Cristóbal en su bicicleta GAC Motoretta 1, yendo y viniendo de su huerta con fruta, hortaliza y algún animalico en el portaequipajes, de la considerada primera mountain bike española, así qué le pregunté si seguía montando en bici, ya no lo hace, pero sigue conservando esa bicicleta.

El Cristobillas, 100 años de bondad
Cristóbal cumple 100 años

Y aun no montando en bicicleta, si qué camina a diario por los aledaños del domicilio utilizando un bastón por precaución y sube las escaleras que para mí lo quisiera, come de todo, tiene un estómago “a prueba de bombas”, tiene falta de audición y algo de visión, pero se defiende si audífonos o gafas. No ha fumado ni bebido nunca, sólo toma una pastilla al día, cuando se acuerda, para la tensión. En sus 100 años le han tenido que intervenir quirúrgicamente de próstata, apendicitis y cataratas hace ya unos cuantos años, que son las veces que no dudó en ir al médico, pues antepuso siempre las “obligaciones” a la salud y tiene una anécdota de sus prioridades, ya que un día llegó a su casa con 40 de fiebre y tras pasar un tiempo si bajarle, su mujer mandó a su hijo en bicicleta desde Valentín a Calasparra a buscar un médico, cuando su hijo habló con el médico este le dijo que no se moviese de casa hasta su llegada, pues tardaría un poco en llegar a Valentín y poder atenderle. Cuando el médico llegó a casa de Cristóbal este se había ido a pastorear su rebaño de cabras, con 40 de fiebre y tras encontrarlo le diagnosticaron las llamadas “fiebres maltas”, pero lo primero para él era su ganado y después la salud, como dice su hijo era y es más duro que el Alcoyano.

Cristóbal Ortega Martínez nació un 8 de octubre de 1923 en la Diputación de Valentín, no fue a la escuela, pero aprendió a firmar con su nombre y sin saber leer ni escribir fue lo que hoy llamamos un emprendedor, pues fue ganadero y agricultor desde muy joven, aunque también trabajó en otras cosas, durante muchos años fue a la vendimia en Francia e incluso en una ocasión pasó unos meses por Valencia cogiendo algarrobas y naranjas, para poder pagar y celebrar la primera comunión de su hijo, pues su hijo merecía una comunión como Dios manda y para eso estaba él.

Se casó con María Guirao un 30 de marzo 1952, que fue su fiel compañera durante 64 años hasta su fallecimiento en 2016 y a la cual no olvida ni un sólo día de sus 100 años, como muestran sus ojos vidriosos al hablar de ella, pues siempre tras un gran hombre, como es él, hay o había una gran mujer, pequeña de tamaño pero con un corazón inmenso, como fue mi vecina María, mujer buena que siempre estaba preocupada por los demás y que te alegraba el día recitando coplas o refranes, dando consejos y sobre todo en mi caso, siempre me decía que tuviese mucho cuidado en la carretera cuando salía a trabajar con el taxi.

El Cristobillas, 100 años de bondad
A sus 80 años con su bicicleta

De este matrimonio nacieron Cristóbal y Sebastián, a quienes hoy se suman dos nietos y dos bisnietos, los cuales son un encanto de criaturas, por los que el Cristobillas pregunta a su hijo cuantos años tienen los bisnietos, pues como me dice en varias ocasiones, se acuerda de todo lo que ocurrió hace muchos años y me lo demuestra en todo lo que me cuenta, pero se le olvida lo que ha pasado hace 5 minutos.

Siempre recuerdo a Cristóbal como una persona mayor, que no vieja, su cuerpo y cara no ha cambiado en muchos años le veo igual, a pesar del paso del tiempo, cuando nací él ya tenía 55 años, pero siempre lo recuerdo como una persona buena, que jamás hizo ni hará daño a nadie, una persona que siempre estaba dispuesto a ayudar a cualquiera que lo necesitara, trabajador incansable que iba dos veces al día a la huerta y si tocaba regar de madrugada tres.

Recuerdo como si fuera hoy los veranos en la calle, él junto a su mujer en unas pequeñas sillas de cocina tomando el fresco, junto a mis padres, mis tíos y vecinos, mientras la chavalería dábamos patadas al balón y si por un casual el balón iba a su puerta de madera azul cielo, jamás nos renegaba, simplemente con buenas palabras nos decía que tuviésemos más cuidado.

El Cristobillas es ese tipo de vecinos que jamás, te pondría una mala cara, que siempre te saluda, con el cual siempre había un tema de conversación, ya fuese de trabajo, familia o fútbol, durante media vida mía vivimos el uno frente al otro y no recuerdo un sólo día que al cruzarme con él no echásemos un instante de casquera.

Su pasión ha sido y es el fútbol, fue organizador de partidos de fútbol del “glorioso” Valentín FC, el cual se enfrentó entre otros al Cehegín, Bullas, Calasparra o Caravaca, a cuyos jugadores había que pagarles y él se encargaba de recaudar el dinero contándome que, siempre recaudaba de más, dejando remanente para otros partidos. En estos encuentros de fútbol además ejercía de juez de línea y le mostré una foto, que es de principios de los años 60 donde él estaba y otros muchos de Valentín también, en la inauguración del campo de fútbol “La Ceja”, al verla recordó aquel momento de hace más de 60 años y con pesar me dijo que sólo queda con vida él.

Pero en el mundo del fútbol su verdadera pasión es el Real Madrid de sus amores, por el cual se ha desvivido siempre, si perderse un sólo partido en la televisión, cuando esta no era de pago y cuando empezó a serlo se iba al bar a verlo, a pesar de que él jamás fue hombre de bares, siempre fue y es persona de su casa.

Su pasión por el Real Madrid le sirvió en su momento para ir a verlo jugar en varias ocasiones a la vieja Condomina, en los años gloriosos del Real Murcia en 1ª división, y recuerdo como anécdota que, en una ocasión en la que yo también fui siendo niño con mi padre, tras el partido paramos a cenar en el Parador de Niño en Molina de Segura, a la hora del postre todos los comensales pidieron “pijama”, cuando el camarero le pregunto a Cristóbal si también quería uno, su respuesta fue que él no se quedaba allí a dormir. También en uno de esos encuentros, no pudo evitar sacar su sentimiento madridista, pues un gol a favor del Real Madrid le hizo saltar de su asiento para celebrarlo enérgicamente, a pesar de estar rodeado en la grada de aficionados del Real Murcia.

Pocos madridistas podrán decir que han vivido para ver levantar al Real Madrid 14 Copas de Europa y 35 Ligas, (todas las que tiene), así pues, es un privilegiado eso sí ha seguido incansablemente al Club merengue desde la distancia, nunca lo ha visto el estadio Santiago Bernabéu, por tanto, el Real Madrid y el madridismo tiene una deuda con Cristóbal y es hora de hacer algo para que la cobre, pues 100 años no los cumple cualquier madridista.

Espero que el Cristobillas cumpla otros 100 años y que todos sin excepción lo veamos.

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