Francisco Fernández García

Entre los rituales religiosos privativos de la Stma. y Vera Cruz de Caravaca se encuentran los dos baños, el del Vino en la mañana del 2 de mayo, y el del Agua en el día de su festividad. En el primero de ellos, además de este preciado líquido que simboliza la riqueza y fertilidad de nuestra tierra y cargado de significados litúrgicos y religiosos, se bendicen flores y unas prendas confeccionadas a tal efecto y que según su tamaño y características reciben el nombre de corporales y purificadores.

Purificador Siglo XIXEl testimonio más antiguo sobre la ceremonia de la bendición del vino esta datado en 1722 y procede de la historia compuesta por el Padre Martín de Cuenca. En él encontramos reseñados los tres elementos: el vino, las flores y los corporales, señalando de estos últimos que eran “menores que la palma de la mano, curiosos á maravilla por sus dobleces y alguna seda que tienen”. Estas prendas quedaban bendecidas al ser rociadas con el vino y eran repartidas entre las principales personalidades y autoridades así como también a algunos enfermos, a criterio del capellán, aunque había que tener cuidado para que no desaparecieran como refiere con cierto humor el referido Martin de Cuenca: “teniéndose por dichosos aquellos a quienes el capellan mayor hace dueños de aquellos corporales bañados ya en dicho vino, en que ha estado la Santísima Cruz, o pudiéndolos tomar por su mano, pues al descuido con cuidado suelen no pocas veces dejarse sin alguno de estos corporales al dicho capellan, para poder repartir”.

Además de estos corporales pequeños existía un purificador de mayor tamaño, bordado con representación de la Cruz de Caravaca y diversos adornos según las diferentes épocas, que coronaba la bandeja de flores que ofrendaba el Alcalde en representación de la ciudad tras habérsela entregado el Hermano Mayor que previamente la había recogido en el Convento de Monjas Carmelitas que eran las encargadas de su realización, incluyendo el purificador bordado.

El acto de la ofrenda siempre fue privativo del Ayuntamiento, como se demuestra y ratifica en la cesión de la misma realizada en 1833. Ese año don José María Melgarejo, conde del Valle de San Juan, solicitó que se le permitiera subir la referida bandejaen su calidad de teniente de Hermano Mayor. El Ayuntamiento, por querer obsequiar al referido conde, accedió sin por ello renunciar a la regalía de la municipalidad, refrendándola al año siguiente en las disposiciones dictadas el siguiente año: “observandose lo decretado en el año anterior respecto ala conduccion dela Bandeja para el Baño del Vino, en cuyo decreto se declaro y eneste se ratifica sea una atribucion esclusiba del ayuntamiento representado por su Presidente”.

La bandeja de flores era costeada por la Cofradía, así se detalla en la documentación generada en 1833 por el suceso anteriormente referido y así era también en los años finales del siglo XIX, detallando el Padre Sala en sus apuntes para el reglamento de la Comisión de Festejos que las flores necesarias para su realización se adquirían en Murcia siendo posteriormente entregadas a las Monjas Carmelitas para la elaboración de la bandeja ramos para las autoridades.

En la actualidad la entrega de la bandeja por el Hermano Mayor al Alcalde se realiza en la conocida popularmente como Esquina de la Muerte, al comienzo del ascenso al Castillo, pero antes se realizaba en el Ayuntamiento, donde esperaban las autoridades civiles la llegada del cortejo encabezado por el Hermano Mayor tras recoger la bandeja: “Concluida la Misa, y tomado el chocolate por el Señor Cura en el Santo Hospital, marcharan todos al locutorio de las Reverendas Madres Carmelitas donde estará preparada la bandeja de flores naturales para el baño del vino. Saludada la Santa Comunidad, tomará la bandeja el Señor Hermano mayor y marcharan al Ayuntamiento donde esperará la corporación municipal; toma la bandeja de las flores el señor Alcalde y se subirán al Castillo para el baño del vino, siguiendo a este acompañamiento los caballos del vino”.

Con el paso del tiempo los corporales desaparecieron, quedando solamente la bandeja de flores con su purificador, recuperándose gracias a los escritos de Pedro López Ruiz que en 1917 los describe de la siguiente manera “con una borlita de seda encarnada en cada esquina o ángulo de cada Corporal y rizado cada uno”, añadiendo el dato de que “los vienen confeccionando todos los años desde tiempo inmemorial y para la celebración de El Baño del Vino de la Santísima Vera-Cruz de Caravaca en el día dos de Mayo de cada año, las Religiosas Madres Franciscanas del Convento de Santa Clara de esta Ciudad de Caravaca”. Estos corporales se ponían dentro de una “fuente o zafa grande de plata sobredorada” donde también estaba “colocado un jarro grande de plata sobredorada, lleno de vino blanco superior, y puro”. Además de estos corporales pequeños se bendecían al mismo tiempo otros de tamaño mayor que también estaban dispuestos en la misma mesa donde se realizaba todo el ritual del Baño del Vino.

La ceremonia se desarrollaba como en la actualidad, colocando la Cruz en el soporte existente a tal efecto y sumergiendo este en un jarro de plata lleno de vino “blanco y superior en calidad, y dulce”. Respecto al tipo de vino utilizado, el Padre Sala en sus referidos apuntes señala: “La clase de vino para el baño, es el blanco, pues el Padre Cuenca en su historia de la Cruz, dice, que viene de la antigüedad, que le vino sea blanco, y nosotros la seguimos, gracias a Dios, hasta el presente”.

Primeramente se rociaban los corporales pequeños, a continuación la bandeja de flores y finalmente los cestos de flores situados al pie de la mesa. Las flores de la bandeja y los corporales se repartían siguiendo un estricto orden protocolario “entre todos los señores que están sentados en los escaños que rodean la tan repetida mesa todas las flores que contiene la citada bandeja, que son las mejores, comenzando dicho reparto, por el orden siguiente: El Alcalde, el Juez de Instrucción; el Juez Municipal, el Secretario del Juzgado de Instrucción, Clero secular y regular, Hermano Mayor, Capitán de la Guardia Civil, Jefe de la Fuerza de Carabineros, Corporación municipal, Comisión de Festejos”. Las flores de los cestos se distribuían entre los armados, moros y cristianos, bandas de música, cornetas, dulzainero y tamborilero y policía municipal y el resto “en la puerta de la mencionada Iglesia del santuario entre los fieles que han asistido al Baño del Vino, conforme estos van saliendo de dicha Iglesia”.

Los corporales, se entregaban a los señores que habían asistido a la ceremonia sentados en los escaños que rodeaban la mesa, siguiendo el mismo orden del reparto de las flores.