FÉLIX MARTÍNEZ MARTÍNEZ

Para estas fechas tan señaladas me gustaría inaugurar una nueva sección que pueda quizá alargarse en el tiempo (aunque no necesariamente tiene que salir quincenalmente), pero esto, como siempre en estos casos, dependerá de la acogida que ustedes le den. En esta sección me gustaría hablar de cosas que me parecen ilógicas, al menos el tratamiento común que se les da. Para esta primera sección hablaré de un hecho que posiblemente tenga más actualidad el mes próximo que este: la dieta.

Princesa Qajair

Princesa Qajair

¿Cuántos de ustedes no han probado algún tipo de dieta? Yo, que mido 1,85 y peso 82 kilos alguna he tenido que probar, en especial cuando era más joven. El caso es que considero que hay una mala interpretación de lo que se refiere a la concepción que tenemos a la hora de hacer dieta. Siendo sinceros, ¿para qué hacemos dieta? Para perder peso. Sin embargo, ¿en qué proporción la gente que realiza una dieta tiene un verdadero problema de sobrepeso? La mayoría de nosotros no lo tenemos, ni tan siquiera un problema en relación con la comida, los cuales pueden llevar aparejados un trastorno alimenticio. Muchos de nosotros, por suerte, carecemos de estos problemas. Por lo tanto, el fundamento de la dieta es externo a ella misma, es decir, el motivo del por qué de su realización no depende, en cualquier caso, de un problema con los alimentos. La dieta es, y siento la crudeza, una mera cuestión de estética social. Ahora, existe un exacerbado y mal interpretado culto al cuerpo: hay que estar delgado, los michelines sobran. No hay más que pensar en la archiconocida “Operación Bikini”. Operación que ha muchos le conlleva muchos más quebraderos de cabeza que la “Operación Manhattan”. Pero, ¿es verdaderamente social esta cuestión? La respuesta no puede ser más que afirmativa. Pues, aunque se disfrace de subjetivismo tiene un trasfondo completamente social y objetivo. Las personas recurren a una frase muy manida, casi un mantra o un credo: “es por sentirme bien conmigo mism@”. Bendita casualidad. Parece que por fin hemos hallado el arcano de la democracia. Todas las personas se encuentran bien consigo mismas de la misma manera que las demás personas; siguiendo un patrón estético marcado e impuesto por la sociedad. Seguro que la princesa de Qajair se sentía perfectamente bien con ella misma, al fin y al cabo, tuvo 145 pretendientes, pues era el prototipo ideal de belleza en su época.

No deben confundirse mis palabras. Esto no es una apología a la mala alimentación. Debemos tener una correcta y sana alimentación. Mas no debemos confundir una alimentación sana con una dieta con una clara finalidad estética. Este tipo de modas, además de fatuas, son pasajeras. ¿Alguien recuerda el término de hace unos años de “fofisano”? Pues eso.

No nos dejemos guiar por corrientes estéticas carentes de fundamento, por modas pasajeras y ridículas. Por supuesto que cada uno puede hacer lo que le plazca, estas palabras están completamente alejadas de un carácter moralizante o normativo. Yo, por mi parte, en este mes apoyaré a la hostería degustando los maravillosos productos que nos ofrece esta Región: muchas marineras. Eso sí, respetando siempre las medidas y consejos de seguridad sanitaria. ¡Salud!