JOSÉ LUIS ÁLVAREZ-CASTELLANOS RUBIO/COORDINADOR @IUVRM.

En una publicación de la Dirección General de Industria Agroalimentaria, perteneciente a la Consejería de Agricultura y Agua de la CARM, titulada “La contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes de origen agrario”, podemos leer el siguiente texto: “La contaminación de las aguas superficiales y subterráneas por nitratos, procedentes de fuentes de origen agrario, es uno de los problemas medioambientales y de salud pública más graves a los que se enfrenta la agricultura moderna. Esta contaminación se produce, principalmente, por un exceso en la fertilización de los cultivos y por la inadecuada gestión de los residuos procedentes de las explotaciones ganaderas, siendo especialmente problemático en áreas con régimen de precipitaciones bajo o muy bajo.”

Lo que sigue después sobre las consecuencias de esta contaminación para la salud y el medio ambiente lo dejo para la lectura personal del texto completo por parte de cualquier interesado con solo teclear el título en Google, pero puedo asegurar que intranquiliza y preocupa.

No deja de ser curioso que sea la editora de la publicación la misma administración que no solo incumple una y otra vez, junto con la CHS, todo lo relativo a sus funciones para preservar el medio ambiente, sino que, además, alienta y favorece el desarrollo de la agricultura intensiva causante del desastre contaminante.

El texto recoge a continuación una guía de buenas prácticas a tener en cuenta por los agricultores y también por la propia administración, que lógicamente no se tienen en cuenta y que nadie o casi nadie cumple a tenor de lo índices de contaminación que siguen presentando la práctica totalidad de los acuíferos. Un ejemplo es el caso del acuífero subterráneo del Bajo Quipar, en el término municipal de Bullas, cuyo nivel de nitratos era de 226 mg/l  (junio 2020), según medición encargada por el Consejo para la Defensa del Noroeste, y que prácticamente coincide por la declarada en el Plan Hidrológico vigente: 245,3 mg/l de media durante el periodo 2009-13, nivel muy superior a límite establecido por la UE (50mg/l).

El resultado es que lejos de ir a menos, en lo que a contaminación por nitratos se refiere, vamos a más. Así, a finales de 2019 el BORM publicaba una Orden de la Consejería de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca, y ahora también de Medio Ambiente, por la que “se acuerda la designación de nuevas zonas vulnerables a la contaminación por nitratos de origen agrario en la Región de Murcia” y se amplían las ya existentes. Dentro de las nuevas zonas declaradas se incluyen:  Bajo Quipar y Bullas, Caravaca y también Mula. La afección por contaminación de nitratos de origen agrario en nuestra comarca ya está oficializada en los documentos administrativos correspondientes y seguirá yendo a más tal como viene ocurriendo a la par de la ampliación del modelo de agricultura intensiva.

Mientras la administración intenta cuadrar el círculo de la compatibilidad entre el modelo agrícola depredador y la salud y la preservación del medio ambiente tratando de justificar un imposible, otro frente agrava la situación: el de la sobreexplotación.

En el documento preparatorio de la nueva planificación hidrológica (2022-27), se reconoce un vaciado de las reservas de los acuíferos de la cuenca, y resalta un ejemplo terrorífico:  el acuífero de Ascoy-Sopalmo del que depende buena parte del “milagro” del melocotón en Cieza acumula una sobreexplotación histórica de unos 1400 a 1500 hm3, de tal forma que si cesarán por completo las extracciones se necesitarían unos 750 años para recuperar el nivel piezométrico inicial del acuífero ¿Cabe alguna duda de que el modelo agrointensivo es insostenible?