LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

En esta ocasión, con motivo del 25 de noviembre, nos vamos a centrar en esas otras víctimas invisibles de la violencia de género: los hijos e hijas expuestos a situaciones de malos tratos. Es importante señalar que además de ser altamente probable que los niños y niñas sean también víctimas directas de violencia física o psicológica en situaciones de maltrato doméstico, también observan la violencia contra sus madres. Esto se traduce en numerosos problemas psicológicos como terrores nocturnos, enuresis, alteraciones del sueño, cansancio, problemas alimentarios, ansiedad, estrés, depresión, etc. Lo peor de todo es que al estar en fase de crecimiento y desarrollo madurativo, conforman su personalidad en función de la violencia y la toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada. Interiorizan patrones de comportamiento violentos y no discriminan lo que es adecuado o está bien, de lo que es injustificable.

Las consecuencias para estos niños y niñas son gravísimas. De hecho, los trastornos y problemas psicológicos y sociales que presentan son similares a los que presentan sus madres como víctimas directas de violencia de género. Son muchísimos los estudios que prueban que ya sean víctimas directas o indirectas, padecen enormes consecuencias negativas, tanto para su desarrollo físico como psicológico, tanto efectos a corto como a largo plazo, afectando a sus emociones, pensamientos, comportamiento, valores, rendimiento escolar y adaptación social.

Podemos dividir las consecuencias en varios planos. Por un lado, tenemos los problemas físicos: retraso en el crecimiento, dificultad o problemas en el sueño y en la alimentación y regresiones. La regresión es un mecanismo de defensa psicológica en el que una persona adopta ciertos comportamientos de una etapa de desarrollo anterior, por ejemplo, que dejen de controlar esfínteres. En este plano físico también podemos hablar de síntomas psicosomáticos como eccemas, asma y también falta de apetito.

A nivel psicológico podemos encontrarnos con problemas de ansiedad, ira, depresión, aislamiento, baja autoestima, estrés postraumático y de la mano van los problemas cognitivos como retraso en el lenguaje, en el desarrollo y retraso escolar. Aunque sin embargo lo más visible son los problemas de conducta como agresiones a otros niños o contra los adultos, desinhibición conductual, crueldad con los animales, rabietas, hábitos tóxicos en la adolescencia, no debemos de perder de vista ninguno de estos planos de los que hemos hablado, pues todos son igual de importantes y las consecuencias menos visibles son más difíciles de detectar.

Si hablamos de los efectos a largo plazo, de mayores, con más frecuencia y probabilidad maltratarán a sus parejas o serán víctimas de violencia de género. Como hemos visto, vivir de forma continuada esta violencia en la infancia, marcará el desarrollo de la personalidad y esto influirá sin duda en su vida adulta. Además, tendrán interiorizados valores asociados a la violencia de género tales como:

1) El hombre es el que manda en la familia; todos los demás deben obedecerle.

2) Las mujeres son inferiores al hombre y no tienen los mismos derechos.

3) Si un hombre golpea a una mujer es porque se lo merece o porque ella le provoca.

4) Pegar a las mujeres es normal, es frecuente y no tiene repercusiones.

5) Si quieres que te respeten tienes que ser violento.