FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

Concepción Arenal, gallega de nacimiento -así como de fallecimiento- fue una de las primeras revolucionarias que dio España, allá por el siglo XIX. Doña Concepción Arenal estudió Derecho, se consideraba -tanto ella misma como sus coetáneos- como una pensadora, trabajó de periodista y publicó diversas obras en el ámbito literario, tanto en prosa como en verso. Además, es considerada como la precursora del Trabajo Social y del movimiento feminista en España, todo un modelo de persona renacentista.

Concepción Arenal

Unas anécdotas curiosas y, que, además, nos sirven de modelo paradigmático de la situación de la época la encontramos en que para cumplir su jovial deseo de ser abogada tuvo que acudir vestida de hombre, con pelo corto, levita, capa y sombrero de copa incluido en la indumentaria, para poder acudir de oyente a la Universidad Central (Madrid). Sin embargo, fue descubierta. El recto le realizó un examen, el cual lo resolvió de manera satisfactoria, por lo que le permitieron seguir acudiendo a las clases. volvió a acudir a la vestimenta masculina para poder acudir a tertulia literarias y políticas en la capital.

Colaboró con el periódico La Iberia, así como en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, debido a su amistad con los krausistas más relevantes del país.

Su aportación al movimiento feminista llegaría de la mano de su primera obra marcadamente feminista La mujer del porvenir(1869). En esta obra realiza una crítica hacía las teorías, muy extendidas y que procedían de distintos campos del “conocimiento”, que avalaban la inferioridad de la mujer, aunque en esta obra se centra en las posturas biologicistas.

Sobre la educación de la mujer se pronuncia en un términos muy positivos y esperanzadores. Por un lado, considera que la mujer es perfectamente apta para realizar labores de enseñanza. De otro lado, considera que dentro de su educación habría que erradicar las posturas que seccionan parte de la mujer, es decir, otorgarle la única misión propia que se le ha etiquetado a lo largo de los siglos (esposa y madre). Considera que esto lo único que hace es erradicar la voluntad de la mujer, posicionarla de tal manera que sin esta misión la mujer quedaría en nada. Esto lo entendió Concepción Arenal como una clara postura a favor de erradicar el “yo” moral e intelectual que toda mujer tiene, que toda mujer es.

Dos obras notables salieron poco después. El trabajo de las mujeres (1891), donde va a denunciar la escasa preparación que se le da a la mujer para la inclusión en el mundo laboral. Como consecuencia tenemos el poco salario que se le otorga a la mujer (lo que hoy llamaríamos brecha salarial), así como una doble carga de trabajo.

Por el lado, encontramos Estado actual de la mujer en España, de 1895. Aquí trata de realizar una conclusión trascendental entre los ámbitos del terreno laboral, educativo, católico, así como también en el terreno de la opinión pública y la moral. Los resultados conclusivos a los que llega son claros y taxativos: la mujer se encuentra en todos los demás en una posición de clara desventaja, casos desfavorables, debido única y exclusivamente al egoísmo del hombre con respecto a la posición de la mujer. Clave parece en esta teoría la idea de que en paso previo a una emancipación política y/o social es inexcusablemente necesaria una autonomía económica. Algo que se hizo popular en Una habitación propia (1929) de Virginia Woolf, que, como vemos apareció después de las tesis postuladas por Concepción Arenal.