FELIPA GEA/Psicóloga, Sexóloga y Neuropsicóloga/

ESPACIO DE ALCOBA

Somos muchas las personas que nos preguntamos sobre el secreto para mejorar nuestra vida sexual e intentamos buscar recetas prodigiosas que nos lleven al éxtasis, pero lo que no se suele saber es que ¡el secreto somos nosotros y nosotras! Exacto, ¡tú eres la respuesta!

Hola Felipa, ¿cómo podría mejorar mi vida sexual? ¿Me podrías dar algunas claves? Gracias por vuestra sección, os leo todas las semanas y me gusta mucho. Saludos también a Félix.

Me congratula mucho recibir vuestras preguntas y sobre todo que me digáis estas cosas, ya que me hace ver que nuestra sección está cumpliendo el objetivo por el que se creó. Y diciendo esto voy a empezar a desvelar de qué vamos a hablar hoy para responder a esta pregunta: vamos a hablar de Inteligencia Sexual.

La Inteligencia Sexual sería aquello, que es posible que te suene más, como la Inteligencia Emocional llevada al terreno del Hecho Sexual Humano (es decir, el que me trae a mí aquí). Este constructo, propuesto por Conrad y Milburn (2001), trata de buscar la relación que existe entre las actitudes sexuales de las personas y los comportamientos y roles, la educación y las características de su personalidad. El planteamiento “inteligente sexual” consiste en no centrarse tanto en una conducta sexual determinada, sino en los sentimientos, creencias y asociaciones que aquella conducta suscita en nosotros/as mismos/as y en la pareja. ¿Por qué? Pues porque la felicidad en materia de sexo depende más de lo que ésta significa para nosotros y nosotras que de lo que hagamos en la cama (bueno, en este caso la “alcoba”).

Por lo tanto, gran parte de la confusión que tenemos sobre cómo y qué debo hacer para conseguir una vida sexual sana y plena deriva de la mala Educación Sexual tenemos como sociedad y como personas, ya que esta educación se centra únicamente en la conducta y no en los pensamientos, sentimientos y emociones que acompañan a esta conducta. En el terreno de la sexualidad, olvidamos dos de los factores que explican la conducta humana y creemos que sólo uno de ellos es el que crea. Es fundamental entender que el comportamiento humano se crea fundamentalmente de tres factores: “pensamiento, conducta y emoción/actitud”, los cuales interactúan entre ellos en coherencia y se interrelacionan creando dicha coherencia.

Al igual que el comportamiento humano, la Inteligencia Sexual está formada por tres componentes y cada uno comprende un conjunto diferente de habilidades que se pueden adquirir, desarrollar y dominar a lo largo del tiempo. Estos tres componentes son:

  • Los “conocimientos sexuales” (es decir, esa Educación sexual de la que yo siempre estoy hablando): se cubren con información científica rigurosa y de calidad sobre el Hecho Sexual Humano, y es esta información la que vamos a utilizar para guiar nuestras decisiones y comportamiento sexuales. Claro, si esta información que nos llega es mala, pues mis decisiones y comportamientos van a ir en coherencia con esa mala información.
  • La “consciencia de mi yo sexual”: consiste en conocer nuestra propia sexualidad, entender bien nuestro yo sexual, tanto el que escondo por los prejuicios aprendidos como el que expreso atendiendo a lo esperado como “lo normal”. Por lo tanto, sería conocer la pauta de mis propios deseos, necesidades, preferencias, temores, traumas…, los cuales condicionan mi comportamiento sexual.
  • La “capacidad para relacionarse con las demás personas”: este factor consiste en poseer habilidades sociales o interpersonales, es decir, consiste en la capacidad de hablar con la pareja de tu propia vida sexual y de entender el yo sexual de la otra persona.

Como podéis dilucidar, el desarrollo de la Inteligencia Sexual requiere un esfuerzo, ya que es ilusoria la idea que se nos ha vendido entorno a la sexualidad. El conseguir ser inteligentes sexualmente es alcanzable, pero requiere grandes esfuerzos, reflexión y comprensión. Si trabajamos duro para adquirir la información necesaria y entender bien el Hecho Sexual Humano en general, y comprender también el cómo el resto de personas perciben su vida sexual y nuestra propia sexualidad, es entonces cuando podremos conseguir una vida sexual satisfactoria.

Ya no me queda tiempo ni espacio para poder dar esas pautas que me pide este lector (o lectora, que ya sabéis que esto es completamente anónimo), así que lo dejo en “pendiente, pero importante”. Y como siempre os hago saber, estoy abierta a vuestras sugerencias, dudas, preguntas, incertidumbres… y muy agradecida por recibirlas a través de los medios que tenéis disponibles:

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