HABLANDO CON MIS ALUMNAS – Nº 5

José Clemente Rubio García, Maestro Rural (jubilado)

María Esther López Sánchez me recibe en su casa familiar de El Sabinar. Preferimos vernos cerca de la escuela de “la casa del cura”, que era “la escuela de en medio” con el fin de que dejemos fluir esos recuerdos del aquel curso pasado juntos en el “aula Nicaragua” ya comentada en anteriores artículos.

María Esther, con sus compañeros

Recuerdo, con añoranza, esa época de mi vida como de felicidad plena. Carecíamos de muchas cosas materiales, pero no la echábamos de menos, ya que de los demás íbamos “sobraos”…

María Esther cursó conmigo tercero de EGB. Recuerda ese año como el “año del frio”. Una vieja estufa de hierro que revocaba el humo y…¡ todos a la calle!. Año bastante frío, lluvioso y frecuentes nevadas. El recreo en el porche de la iglesia, salvo cuando hacía viento y que era muy frecuente.

Nuestros primeros años escolares eran como un juego continuo. Quiero recordar que ya fue contigo cuando empezamos a estudiar. No solo eras el maestro, eras una figura que imponías y que estabas presente en nuestras casas, aunque por aquel entonces a todos los maestros y maestras les teníamos un gran respeto. Nuestros padres os tenían mucho en consideración y nos inculcaban lo mismo.

Recordamos actividades que hacíamos. Por Navidad teníamos lo que se le llamaba popularmente “la obra”, escenificaciones que se hacían para todos los padres, abuelos, vecinos….También hablamos de las salidas a la naturaleza, ya comentada en otros artículos de esta serie. Las excursiones frecuentes que hacíamos para conocer nuestra Región, así como los viajes de estudios para los mayores y las salidas de varios días de duración todo el Colegio a albergues, residencias, etc.

María Esther, a los 14 años, siguió sus estudios en el IES de Moratalla, donde cursó 3º y 4º de la ESO y Bachillerato, con ese viaje diario serpenteando esas 143 curvas de ida y otras tantas de vuelta.

En la Universidad de Murcia estudió Pedagogía.

Podemos decir que, por estos años, cala entre la población escolar y familias de estos pequeños pueblos, que tras la enseñanza obligatoria hay que seguir formándose, bien en la Universidad o realizando Ciclos Formativos, para poder tener la posibilidad de una mejor preparación para el mundo del trabajo, sea cual fuera.

Trabaja posteriormente y durante varias temporadas en el Ayuntamiento de Moratalla como Técnica de Orientación Laboral. Se presenta dos veces a las oposiciones al Cuerpo de Profesores de Secundaria, aprobando en las dos ocasiones y con buena nota, pero no consigue la plaza.

María Esther en una obra de teatro

Yo no fui a la escuela simplemente a aprender que dos y dos son cuatro. Eso lo descubrí después. La escuela me enseñó a ser los que soy, el saber que es la amistad, el compañerismo, el enfrentarse a resolver problemas, el respeto, el ponerse en el lugar del otro…, en ser persona. Recuerdo cuando nos mandaste un trabajo para casa y habría que rellenar unos bocadillos de unas viñetas…, cuando llegué no entendía nada, nadie me pudo ayudar. Al llegar a clase el día siguiente, medio llorando te dije que no entendía eso, me miraste y yo, asustada, te miraba, sonreíste y con ese ¡“muchacha, no te preocupes”! nos explicaste eso de los bocadillos y la viñetas y con esas cosicas transcurrió mi vida escolar.

María Esther tiene muy buenos recuerdos de la escuela y de todos sus maestros y maestras, pero si tuviera que dar un nombre a mi pregunta incisiva y al momento, le saldría Bartolo, como así fue. Ese maestro paciente, tranquilo, respetuoso…

Éramos protagonistas de nuestras propias clases, o bien no los hacíais sentir. Los maestros nos conocían uno a uno. Éramos muy pocos en clase y así podíamos trabajar muy bien. Recuerdo un trabajo que hicimos de pintar una libélula sobre cristal y el maestro, Antonio Moreno, nos decía que no era solo el pintar, era el ver y contemplarla como volaba con toda libertad…, Escribíamos poesías…, soñábamos.

Actualmente vive en Orihuela, trabaja en el Hospital Universitario de Torrevieja.

Hablamos mucho más, sobre todo comparando de una u otra forma la escuela que vivió con la que ve en su hijo. Cree que aquella escuela fue muy enriquecedora, con aulas con muy poco alumnado y, al compararlas con la de su hijo en la actualidad, masificada, con unos cambios continuos de profesorado por el tema de las especialidades, le parece que, aunque el profesorado esté muy bien preparado e ilusionado con su trabajo, es muy difícil conseguir lo que vivió en su infancia de sentir la escuela como algo propio.

Gracias María Esther por ser como eres y te deseo todo lo mejor para tu vida y la de tus seres queridos.