NOEMÍ GARCÍA MARÍN/PEDAGOGA Y ORIENTADORA ESCOLAR

Debemos saber que la lectura no solo estimula el lenguaje, sino que también desarrolla la concentración, la memoria, la imaginación, la agilidad mental, y además contribuye a que los niños/as expresen con mayor exactitud lo que piensan y sienten. Es por ello que no sirve de nada hacerles leer de forma obligada, ya que acaban asociando la lectura a una obligación y por tanto con algo negativo que les ofrece emociones desagradables: aburrimiento, enfado o discusiones familiares.

Imaginia

Otra cosa que debemos plantearnos es: ¿nuestro hijo/a nos ve leer? ¿Somos un espejo en el que mirarse? ¿Estamos dando ejemplo de lo que nos gustaría que hiciese nuestro hijo/a? Es importante recordar que los niños aprenden por imitación, por ello, debemos dar ejemplo y, si queremos que lean, deben ver que leer es una actividad positiva y divertida para su familia.

Además, debemos preguntarnos ¿Estamos seguros/as de que el niño/a no lee? ¿O no lee lo que nos gustaría que lea? Leer un cuento, un libro, un cómic, un periódico, una revista de la temática que sea… también es leer. Por ello, es necesario priorizar formatos que le motiven y le gusten con temáticas que sean acordes a sus hobbies y que puedan elegir por ellos mismos/as.

Por otro lado, ¿Habéis escuchado hablar de la lectura compartida? La lectura compartida es una lectura en la que debe haber al menos un adulto que la guíe y que la comparta con el niño/a. Existen tres tipos: La lectura dialógica, en la que el adulto guía las interacciones y realiza preguntas que nos ayudan a observar si el niño/a está comprendiendo adecuadamente el cuento. En la lectura compartida interactiva hacemos al niño/a un oyente activo que puede interactuar con el cuento en cualquier momento. Y por último, con la lectura compartida tradicional ofrecemos un adecuado modelo de lectura, que será muy beneficioso para los prelectores.

Así pues, las lecturas compartidas son una herramienta más que podemos utilizar para generar situaciones y emociones agradables en relación a lectura, donde, además se está trabajando el vínculo familiar. Estas emociones agradables harán que se asocie la situación o la acción de leer a algo que genera placer, por lo que habrá más posibilidades de que la conducta de leer se repita. Pero para que esta práctica de lectura compartida contribuya al desarrollo lingüístico y comunicativo es necesario: que sea una práctica diaria; que cada práctica dure aproximadamente 20 minutos así como que las preguntas realizadas al menor sean adecuadas y adaptadas a su nivel.