Juan J. Molina Gallardo

Diputado de la IX y X legislatura por Ciudadanos en la Asamblea Regional de Murcia.

A la hora de afrontar la etapa de la vejez hemos de ser conscientes del futuro que tenemos por delante, sin pudor y afrontándolo de cara, las perspectivas son:

Quedarse en la propia casa, teniendo en cuenta que tarde o temprano vamos a necesitar asistencia domiciliaria que puede ser por horas, días o incluso a jornada completa incluyendo noches, si por desgracia caemos en algún tipo de dependencia importante, a todo esto, se unen unos gastos económicos elevados, mantenimiento de los gastos de la casa, más los honorarios de los cuidadores. Y falta lo peor, la soledad, cada vez nos iremos aislando más, saliendo menos y dejando de ver a nuestros amigos y seres queridos, entre otras cosas porque muchos de ellos también van teniendo más dificultades para poder desplazarse.

Otra posibilidad: Ir a vivir a casa de los hijos, sobre esta no voy a hacer ningún comentario, cada uno que se imagine la película…

Otra posibilidad es una residencia, teniendo en cuenta que tendremos que someternos a una rutina de horarios y costumbres diarias, hora de desayunar, de comer, de merendar, de cenar, horario de visitas, horario de salida, horario de vuelta, etc. Volvemos a encontrarnos con unos gastos económicos muy elevados, si es una residencia pública o concertada, el noventa por ciento de la pensión va directamente a sufragar los gastos. Si es privada, los honorarios comienzan desde los mil quinientos €, si no se tiene ningún tipo de dependencia, y a partir de los dos mil quinientos en cuanto haya algún tipo de dependencia. Pero todavía nos queda el otro gran problema, otra vez la soledad, pero esta vez distinta, la soledad acompañada de unas personas que no hemos elegido, a veces, peor que la propia soledad sin compañía.

Y, por último, el Cohousing, un proyecto de convivencia intencional. Se trata de un grupo de personas con vínculos de amistad, de preferencias, de hobbies, de inquietudes, etc. Que deciden construir un lugar donde vivir. Un lugar pensado para la convivencia, para encontrarse, para tener una vejez activa y para evitar el gran problema de la vejez: la soledad.

Un lugar donde las normas las ponen los que viven allí, donde los espacios comunes y privados están pensados por los que viven allí, donde los horarios no son una imposición sino una información, un lugar en el que sí quiero compañía la tengo y si quiero tener tranquilidad en mi casa, también la tengo.

Un lugar donde nadie va a tener la sensación de abandono o de aislamiento porque vives junto a tus amigos que son también tus vecinos, a los que quieres y te quieren.

Y algo importante, un lugar donde los costes del día a día con servicios básicos sanitarios, de limpieza, de comida, lavandería, etc. Son más económicos porque se comparten.

Pero una cosa es la idea, que suena muy bien y otra es llevarla a la práctica.

Para llevar a cabo un proyecto vital como es un cohousing, No hay nada como aprender de los que ya lo han hecho o lo están haciendo. Un grupo de personas pueden decidir hacer un cohousing por su cuenta y riesgo, pero el número de errores y de problemas que se van a encontrar va a ser muy elevado.

Empezando por la formación del grupo que es básica, desde el grupo semilla que es el inicial hasta el grupo final al que normalmente se han adherido más personas, hay que conocerse y entender que te aporta ese grupo a ti, y qué le puedes tú aportar al grupo.

Esto es un proyecto vital para el periodo final de nuestras vidas y hay que tener en cuenta muchos aspectos antes de lanzarse:

Envejecer en casa o en comunidad, evaluar nuestra situación y lo que nos espera.

Procesos de grupo, aprender a trabajar juntos para conseguir lo que nos propongamos.

Las realidades del envejecimiento, físicas, mentales, sicológicas; ser conscientes y planificar un buen envejecimiento.

Co-cuidados y cuidados externos: comprender nuestras opciones para recibir, compartir y dar cuidados; discutir las implicaciones y marcar criterios generales de cuidados en comunidad.

La economía del envejecimiento, la planificación de las finanzas.

Aceptar el riesgo, el de quedarte donde estás, volver al pueblo, vivir con los hijos, irte a una residencia o mudarte a un cohousing.

Casos reales, ir a ver cohousing donde ya llevan años viviendo para palpar una realidad.

Una vez que estos aspectos mencionados y otros se tienen claros y se ha tomado la decisión de involucrarse en un proyecto de cohousing, hay dos cuestiones muy importantes que vienen a continuación:

El diseño participativo: cómo queremos que sea el lugar donde vamos a vivir, las zonas comunes, los espacios verdes, las zonas privadas; para cada uno de esos aspectos que tenemos que tener en cuenta, no hay nada como el trabajar con expertos que ya conocen la filosofía de este estilo de vida, lugares pensados para el encuentro y la convivencia, y que además saben lo que ha funcionado mejor en proyectos ya construidos.

Y, por último, la elaboración de las normas de convivencia de la comunidad, de nuevo la ayuda de expertos en trabajo participativo es fundamental para avanzar más rápido y con mejores resultados.

Es necesario involucrar a las administraciones públicas para que promuevan estos proyectos, por su carácter social, y porque es una posibilidad más para que los mayores puedan tener una vejez activa y feliz, sin miedo al fantasma de la soledad.