POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
Parece que la muerte no deja de cebarse con los grandes de la música. La pasada semana «le tocó» el infortunio al excelente, prestigioso e incomparable director de orquesta internacional Claudio Abbado (26-06-1933, Bolonia-Italia/20-01-2014, Bolonia-Italia), quien, con sus 80 cumplidos años, abandonó la existencia en su propia casa situada en laAbbado ciudad que le vio nacer, sin dejar de ser, en ningún momento, uno de los poquitos indiscutiblemente grandes que nos quedaban en el mundo. Desde que se le detectara un cáncer de estómago, en el año 2000, su fallecimiento se hacía cercano en todo momento, pero no por ello ha sido menos dolorosa su muerte, ya que despedirse de los irrepetibles nunca es fácil.
En todo caso, los últimos trece años de su vida, tras conocerse su dolencia cancerígena, le llevaron al esplendor de su carrera musical al sufrir una inmensa transformación como persona. Y es que nunca pudo ocultar esos impulsos coléricos que habitaban dentro de esa fisonomía aparentemente tímida a través de la que, a veces, parecía vivir en otro mundo. Ese marcado nivel de incomunicación social desapareció de su vida para hacer brotar, en él, una persona mucho más humana, más cercana, entregada a los demás y bastante más sociable en todos los aspectos.
Riccardo Muti y Daniel Baremboim
Es normal que se produzcan relevantes reacciones ante la muerte de un personaje tan brillante como el que nos ocupa, pero es que, en este caso, además, podemos reseñar muestras de sentida condolencia expresadas desde el italiano Riccardo Muti, con quien se le atribuía una enorme rivalidad, nunca expresada por él, aunque sí por la prensa, hasta el mismísimo bonaerense Daniel Barenboim, otro maestro que tuvo el encomiable gesto de detener su ensayo, en Sevilla, para dedicar unos minutos a su recordado compañero, refiriéndose a «cuando le conocí en Viena tocando la sonata de Liszt, hace sesenta años». Todo un momento tristemente entrañable.
Al frente de las mejores orquestas del mundo y senador desinteresado
A lo largo y ancho de su dilatada carrera, el italiano director fallecido ha dirigido a la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Filarmónica de Berlín, en la que relevó nada más y nada menos que al magistral Herbert von Karajan. Y fue director musical de los prestigiosos Teatros de La Scala, de Milán, o la Staatsope, de Viena. Abbado, además, fue designado vitalicio senador de Italia el pasado 30 de agosto. Y no dudó, ni un instante, en destinar su salario correspondiente para la Escuela de Música de la pequeña localidad de Fiesole (en La Toscana italiana) en su último gesto, de los muchos que protagonizó, para promocionar la música clásica.
Interminable lista de importantísimos premios
El aclamado y triunfante director de orquesta, por otro lado, recogió, en 2011, en Segovia, el premio «Don Juan de Borbón de la Música», perteneciente a su edición de 2010, con motivo de haber sido reconocido como «uno de los grandes directores de nuestro tiempo» y por su «compromiso y empeño» con los jóvenes músicos. No en vano, es fundador y director musical de la Orquesta Juvenil de la Unión Europea (1978) y de la Orquesta Juvenil Gustav Mahler (1986). Además, fue bien conocida su estrecha relación con el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Dirigió conciertos en Caracas y en varias ciudades de Europa y América con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar e impulsó y apadrinó al director Gustavo Dudamel. También recibió numerosos premios y reconocimientos, entre los que destacan el Imperial de Japón, la Bundesverdienstkreuz, la Medalla Mahler, el Khytera, la Legión de Honor y doctorados honorarios de las universidades de Ferrara, Cambridge, Aberdeen y La Habana. Claudio Abbado fue reconocido con galardones como la Medalla Mozart (1971), Premio Ehrenring de Viena (1973), la Medalla de Oro Nicolai de Viena (1986) y con títulos como el de Caballero de la Gran Croce italiana (1988) y de la Cruz de la Legión de Honor francesa (1989).
Además, estaba en posesión de la Gran Cruz del Mérito de la República Federal Alemana (1992), la Medalla de Oro de la Royal Philharmonic Society londinense (2003), el Premio Yehudi Menuhin a la integración de las Artes y la Educación de La Escuela Superior de Música Reina Sofía y de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2010).
Músico de dinastía
De casta le venía su vinculación musical, pues violinista era su padre, además de profesor de conservatorio, y pianista, su madre. Odiaba que le llamaran «maestro», pero su innegable magisterio musical, incuestionable y comprometido, se convirtió en senda que ha trazado el camino de muchísimos músicos a nivel mundial.
Versatilidad y amplitud de repertorio
Comprometido, igualmente, con la izquierda política, enamorado de las plantas, tímido y luchador, Abbado estudió composición y piano con Carlo María Giulini en el Conservatorio milanés Giuseppe Verdi y se formó en la dirección de orquesta con Carlo Zecchi y Hans Swaroski, en las Academias Chigiana de Siena y de Viena, respectivamente. El año 1958 fue el de su debut, en un concierto en Trieste. En 1965 tuvo su primer gran éxito en el Festival de Salzburgo, al dirigir la Segunda Sinfonía de Mahler. Su amplio y variado catálogo discográfico se abrió en 1967, con un registro del sello comercial Decca, dedicado a la Séptima Sinfonía de Beethoven, junto a la Orquesta Filarmónica de Viena. Se distinguió por su versatilidad y por la amplitud de su repertorio, que abarcaba no solamente obras tradicionales, con especial fijación en el clasicismo y el romanticismo alemanes, de Mahler, cuyas sinfonías ha grabado en reiteradas ocasiones, y la música de Rossini y Verdi, por ejemplo, sino que también se aplicó en obras de compositores del siglo XX, como Arnold Schönberg, Alban Berg y otros, todavía más contemporáneos, como Karlheinz Stockhausen, Pierre Boulez, Luigi Nono, o Krzysztof Penderecki.
Impulsor del festival de música contemporánea «Wien Modern» (1987), también fue director musical en Viena (1987-1991), director artístico del Festival de Pascua de Salzburgo (1994), asesor artístico de la Orquesta de Cámara de Europa e impulsor en Suiza de la Lucerne Festival Orchestra (2003).
Muy fuerte en su lucha contra el cáncer, pero, al final, le venció
Claudio Abbado, que a los 75 años logró vencer al cáncer, visitó España en diversas ocasiones. En 2008 dirigió la ópera titulada «Fidelio», en el Teatro Real de Madrid. Y, después, tras un tiempo sin dirigir, volvió a España, en 2013, para ofrecer dos conciertos, el 22 de marzo, en Zaragoza, invitado por Ibermúsica. Y, dos días después, en el Auditorio Nacional de Música, en Madrid.
Se nos ha marchado otro grande, otro inolvidable e incombustible músico que nos deja un amplio legado de grabaciones y excelentes documentos sonoros de diversa naturaleza y formato para deleite permanente de su abnegado y concienzudo trabajo, presidido por la profesionalidad, el rigor, la destreza y el buen hacer que impera y preside la tarea de los monstruos y los indiscutibles «maestros», aunque, a él, como ya hemos dicho, no le gustara que se le llamase así. Descanse en paz el inimitable Claudio Abbado. Buenos días.