DIEGO MARÍN RUIZ

La relación entre cine y publicidad no solo bebe del mismo concepto: contar una historia, transmitir un mensaje, desarrollar una narrativa en mayor o menor tiempo.Tanto uno como la otra se han servido de manera recíproca para sus fines. Así, de esta manera, nos encontramos con anuncios que son auténticas joyas cinematográficas, y películas que son, básica e intrínsecamente, mera propaganda. Recordemos el caso de la famosísima “Casablanca” que no deja de ser propaganda de la época para concienciar a la opinión pública americana de la necesidad de entrar en la II guerra mundial. Para este propósito, se creó un clásico del cine con diálogos que a su vez han nutrido, e inspirado, infinidad de anuncios publicitarios.

Algunos de los grandes directores de la actualidad comenzaron su andadura cinematográfica haciendo anuncios (o videoclips musicales que, al fin y al cabo, es  otra manera de publicitar, en este caso un grupo o solista musical). En un país tan publicitario como Japón, no es raro ver a estrellas de cine, dirigidas por actores consagrados, anunciar cualquier cosa, y cuando decimos cualquier cosa, es cualquier cosa. Eso sí, la mayoría de estos anuncios con cláusulas que impiden su emisión fuera del país nipón. Pero, gracias a internet muchos se pueden encontrar hoy día. Hay autenticas maravillas que todo amante de la publicidad debería visionar. También hay bizarradas dignas de una pesadilla de empacho de ajo, no nos vamos a engañar.

En la actualidad, los avances técnicos en la industria cinematográfica, y publicitaria, han permitido que el lenguaje común fructifique en una diversidad de formatos cinematográficos de los que la publicidad se sirve para sus objetivos. Así, nos encontramos con un subgénero publicitario que está adquiriendo una relevancia considerable en los últimos años, el Storytelling. Este nuevo formato publicitario nacido al cobijo de una nueva forma de navegar, más rápida y con multitud de contenidos multimedia e interactivos, ha permitido que no haya que reparar en costes de difusión (siendo nuestras propias web el canal por el que se transmiten) lo que permite dos aspectos ventajosos; un mayor presupuesto de elaboración y un tiempo a medida para contar nuestro mensaje. La inversión en publicidad se reduce notablemente al difundir en anuncios digitales y, además, las opciones de segmentación nos aseguran que este llega a nuestro público objetivo.

En esta época en la que tanto se habla de géneros transmedia, que desbordan las limitaciones narrativas de su formato, cabe recordar esa manera de hacer publicidad en el cine “sin hacerla”. Es difícil de olvidar la creación de un tipo de escena en la series españolas para anunciar productos de desayuno en las que se veía a los personajes tomarse su tiempo, largo y tendido, en situaciones raramente vistas en el cine ya que no aportan nada a las tramas, mientras se veía clara, visible y predominantemente la marca y envase del producto en cuestión. O, el momento de la primera película de vengadores durante la batalla en la que Iron man pasaba unos valiosos segundos al lado de un Acura que predominaba en la imagen por encima del propio personaje, evidentemente, esta marca de coches era “patrocinadora” de la película, lo que viene una vez más a demostrar que…

Cine y publicidad es un binomio que se combina de manera simbiótica, total y natural, y en muchas ocasiones son difíciles de diferenciar.