MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez
magdalenagarciafdez.blogspot.com

El tiempo se acaba. Todo se acaba… Deberíamos ser más conscientes de que cada cosa que iniciamos es finita. Empezando por la propia vida.

Inteligencia emocional debería enseñarse como parte obligatoria en las escuelas. Alguien debería enseñarnos a cerrar ciclos, a dejar ir, a no exigir, a aceptar los duelos como parte normal de la vida.

“Nadie dijo que fuera fácil…”, una frase que he escuchado en multitud de ocasiones. Pero ¿por qué no decimos mejor “no es tan difícil”? Nos ponemos barreras nosotras mismos a cada rato, tendemos al pensamiento negativo, en vez de al positivo… Y se nos olvida, de nuevo, que lo que estamos viviendo, cada cosa, cada detalle, cada momento, cada instante, es finito.

 

MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez
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El tiempo se acaba. Todo se acaba… Deberíamos ser más conscientes de que cada cosa que iniciamos es finita. Empezando por la propia vida.

Inteligencia emocional debería enseñarse como parte obligatoria en las escuelas. Alguien debería enseñarnos a cerrar ciclos, a dejar ir, a no exigir, a aceptar los duelos como parte normal de la vida.

“Nadie dijo que fuera fácil…”, una frase que he escuchado en multitud de ocasiones. Pero ¿por qué no decimos mejor “no es tan difícil”? Nos ponemos barreras nosotras mismos a cada rato, tendemos al pensamiento negativo, en vez de al positivo… Y se nos olvida, de nuevo, que lo que estamos viviendo, cada cosa, cada detalle, cada momento, cada instante, es finito.

El otro día hablaba con mi terapeuta de México (sí, no se sorprendan de esa manera… Muchos tenemos terapeutas ¿no?) sobre el estado de excepción en el que me encontraba inmersa. Le contaba que llevaba como un mes con un nudo en la garganta, y que éste se incrementaba a medida que pasaban los días y se acercaba el momento de marcharme de este país.

Pero estoy viviendo cosas que no había vivido hasta que supe que tenía una fecha concreta para irme. A veces nos hace falta ver el fin para empezar a disfrutar, para aprovechar el tiempo.

Aprendo cada día, pero estos últimos mucho más. No quiero acomodarme en algo y pensar que tengo toda una vida por delante para hacer cosas, precisamente porque quiero hacerlas. “Estoy esperando a tener estabilidad emocional, económica.” “No tengo tiempo”. “Necesito las vacaciones para hacer esto.” Y mientras esperamos, ya se nos fue lo que queríamos hacer. ¿A caso hacer lo que deseas hacer, ser como realmente quieres ser no te da la estabilidad emocional? Tener expectativas sobre tu vida, crear falsos mitos de que vas a hacer esto, vas a hacer lo otro y luego no hacerlo no puede generar más que una sensación de fracaso con una misma y sentir que el mundo se te viene abajo.

Y para eso también es necesario cerrar ciclos. Cualquiera de ellos. Es necesario cerrar para poder abrir algo nuevo. Estoy metida en un documental para poder cerrar todo lo que he vivido en este país durante los tres años que he caminado por acá de una manera más introspectiva y artística. De una manera que proporcione el cierre a todo que realmente merecen. Cerrar no significa no volver. Significa llegar a tu próximo destino si haber dejado nada pendiente, y sin dejar “y si hubiera…” porque entonces no podrás vivir tranquila/o estés donde estés.

Cierro para ciertos amores, cierro en el trabajo. Cierro esta etapa para llevarme con ella todo el aprendizaje y amigos que siempre estarán. Cierro con mi mente acá todavía. Estará acá hasta que me vaya sin crear ilusiones del lugar donde llego. Quiero vivir esto, quiero vivir el cierre, quiero extrañar, quiero llorar, quiero reírme, quiero abrazar. Y ya después de eso, cerrar la puerta y llegar a ver qué me espera.

Estoy segura que volveré, coincidiré con los amigos de verdad, pero la puerta que abra será otra.