POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

El pasado sábado, en Águilas, tuvo lugar un acontecimiento muy singular que puso una nota de color y alegría en la población y que acercó más, si cabe, a dos comunidades distantes por el kilométrico espacio que les separa, pero cercanaPremiados edición 2014s por los lazos que estrechan, cada día, gracias al buen hacer, al corazón desprendido y al gesto persistentemente generoso de Bautista Menéndez Menéndez y Teresa Lastra Candelas, asturianos afincados en la costera localidad murciana, donde llegaron para instalar un bonito, coqueto, justito por sus limitadas dimensiones y número de mesas y muy bien gestionado restaurante, localizado en el número 4 de la calle Reina Sofía del carnavalero municipio. Todo un santuario de la gastronomía en el que la cocina asturiana, en las manos de Teresa, se transforma en delicia indescriptible hasta para los paladares más exigentes y donde «les fabes» asturianas, acompañadas de la auténtica sidra de esa tierra, escanciada como estipula la tradición y servida «culín a culín», son el plato que figura como protagonista esencial de la gastronomía que ofrecen y el que, ya por cuarto año consecutivo, ha servido para «justificar» unos galardones que se brindan con cariño y con espíritu selectivo a personas de cierta relevancia social por su actividad, su identificación con la cultura, el trabajo, la empresa y la dedicación digna de ser valorada, considerada y premiada. En ediciones anteriores lo recibieron, entre otros, personajes como el polifacético Marcos Salvador Romera o nuestro televisivo paisano caravaqueño Alfonso de la Cruz, quien se ocupó, hace algún tiempo, de presentarnos al feliz y afanado matrimonio del principado con el que, ciertamente, hemos trenzado una sana, sólida e inquebrantable amistad.

Carmen Campos Gil y Santiago Martínez Gabaldón,distinguidos de este año
En esta ocasión, los premios los recibieron, por un lado, la periodista murciana Carmen Campos Gil, quien, actualmente, desarrolla su actividad profesional en «Onda Regional de Murcia» y que tantos años realizara su trabajo en el centenario diario «La Verdad», quien, además, residió durante 10 años en Asturias, lo que le sirvió para emocionarse indisimuladamente al serle entregada la «Faba de Oro», de manos de Bautista Menéndez, aunque no por ello dejó de ofrecer unas palabras cargadas de sentimientos, de cariño y de gratitud por la distinción recibida. La otra «Faba de Oro» le fue entregada a Santiago Martínez Gabaldón, presidente de Fecoam (Federación de Cooperativas Agrarias de la Región Murcia), veterano del cooperativismo y defensor a ultranza de la agricultura regional en todas sus producciones, quien tuvo, igualmente, palabras de gratitud para el matrimonio asturiano, sin dejar de recordar al colectivo al que representa y al que, en el fondo de sus palabras, le dedicó el galardón recibido. A ambos agraciados, se les hizo entrega, igualmente, de la denominada «montera picona» que lucen, entre otros, los mismos gaiteros asturianos.

Un dechado de generosidad
El acto de la entrega tuvo lugar a los postres de una comida que elaboró, ella solita, la propia Teresa Lastra, «La Santa», como cariñosamente le llama su esposo, Bautista Menéndez, quien, por su parte, sirvió todas las mesas con una cadencia y una sincronía imposible de igualar, pues no quedó un plato sin informar, una mesa sin atender, ni faltó el correspondiente comentario individual y explicativo para cada sabor servido. Así que Teresa reina en la cocina y Bautista es emperador del salón-comedor, un matrimonio que, cada año y con estos premios, rebasa todas las fronteras y límites de la generosidad, pero, además, con unos conocimientos del protocolo verdaderamente sensacionales y, por añadidura, sabiéndose mover para atender y complacer a todos y, encima, presumiendo de invitados con una categoría extraordinaria presidida por el lujo, el cariño inagotable y la admiración que tributan a sus comensales invitados a los que, además, reservan plaza en su restaurante y, por si no era suficiente, les obsequian con la comida en una jornada repleta de generosidad tan espontánea como sentida y noble, cuando, en realidad, tendrían que ser los propios comensales quienes les agradecieran a ellos el darles cabida en un acontecimiento tan irrepetible. Es algo, ciertamente, que no se puede agradecer simplemente con palabras por muy sentidas y cercanas que puedan resultar. El aproximadamente medio centenar de comensales que abarrotaban las instalaciones quedaron verdaderamente encandilados, hallándose entre ellos personajes muy conocidos del mundo de la cultura, la política, la empresa, el deporte, la comunicación y el arte, entre otras disciplinas. Tras la entrega de galardones, Marcos Salvador Romera recitó versos de su propia creación que dejaron muy satisfechos a los asistentes por su ingenio, excelente forma de exponerlos y la intrínseca gracia que atesoraban.

Desde Ribadesella con sus gaitas y su folclore regional
La Banda de Gaitas de Ribadesella, llegada para la ocasión desde su origen, como en años anteriores, antes de la comida y en la puerta del restaurante, entonó piezas típicas asturianas, entre las que destacó el emotivo Himno de Asturias, composiciones, todas ellas, ejecutadas de impecable manera y con un sonido limpísimo y muy bello, dentro de una calle cerrada al tráfico para la ocasión y con la presencia del alcalde aguileño, Bartolomé Hernández Giménez, que no quiso perderse tan brillante acto, aunque para la comida, por otros compromisos coincidentes, delegó en su concejala de turismo, Clara Valverde Soto, quien entregó el reconocimiento a Martínez Gabaldón y tuvo palabras de gratitud para los asistentes, para el restaurante y sus propietarios e invitó a visitar Águilas a todos, tras disculpar a su alcalde por su nunca deseada ausencia.

Al final de la comida, un avezado gaitero, en solitario, interpretó otras dos obras con unos registros instrumentales brillantísimos que hicieron enjugarse sus lágrimas al mismísimo Bautista Menéndez al percibir el sentimiento, el sonido y la esencia de su tierra en las mágicas notas que el músico arrancaba de tan singular instrumento. Santiago Martínez Gabaldón obsequió a los propietarios del restaurante con una caja de melocotón ciezano en conserva para que enriquezcan sus postres más, si cabe, y entre saludos, comentarios de lo magníficamente bien que se disfrutó la comida, lo sustanciosas y generosas que fueron las raciones y lo rico que estaba todo, los comensales se fueron despidiendo, mientras que los de Ribadesella, un par de horas después, participarían en un concierto público, en Águilas, para, al día siguiente, hacerlo en Lorca en otro concierto benéfico en el que, además, colaboraban con la insólita y singular banda de gaiteros de la Ciudad del Sol que celebraba su aniversario.

No queremos terminar sin señalar que el jurado de estos premios lo componen, exclusivamente, los dos miembros de este matrimonio que, como señala Bautista, se ponen de acuerdo muy pronto, aunque tratan, siempre, de que los elegidos sean personas con una trayectoria brillante en cualquier campo de valor, un matrimonio de sacrificados de la hostelería que, nunca mejor dicho, ellos se lo amasan, ellos se lo guisan, ellos lo sirven, pero, en este caso, otros se lo comen y, además, de placentera y muy satisfactoria manera. Las jornadas se extendieron durante el viernes, día 5; sábado, 6; domingo, 7 y lunes, 8 de Diciembre, pero el día dedicado a la entrega de premios, como decíamos al principio, fue el del sábado, 6. Felicidades por el éxito obtenido, Bautista y Teresa, y ánimo para seguir potenciando la relación y cercanía entre ambas comunidades con el lujo que ofrecéis sobre la base de ese alimento tan peculiar como son «les fabes», con el que nos transportáis a vuestra tierra, tan brillantemente cocinado en vuestros fogones e inmejorablemente servido en vuestras inigualables instalaciones. Felicidades por ello y por ser como sois: sencillos, cercanos, trabajadores, humildes y muy buena gente. Buenos días.