CARMEN MARÍA JORQUERA/AMAZONA DE LOS CABALLOS DEL VINO

Fotografía JUAN FERNÁNDEZ

A veces, aquello que nos parece importante tiene que pasar a ser secundario, como fue lo que nos pasó a todos los caravaqueños el año pasado, al recibir la triste e inesperada noticia de que se cancelaban las fiestas en honor a la santísima Cruz debido a esta pandemia mundial. Fue una situación nueva, inesperada y nos dejó a todos sin saber reaccionar.

Carmen María Jorquera el día de su presentación (Foto García)

Carmen María Jorquera el día de su presentación (Foto García)

Aunque debido a la situación, era de esperar, pero siempre quedaba una gota de esperanza para que se pudieran celebrar nuestros queridos caballos del vino este año, pero, un año más, solo me queda seguir manteniendo viva la esperanza y la ilusión y las ganas de disfrutar junto a mi caballos, Mejicano y Zafiro, y acompañada de mi familia, amigos y caballistas, de estos días tan importantes para mí. Además, este año nuestros caballos del vino han llegado a lo más alto, ser proclamados por la UNESCO, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, algo que todos los caravaqueños estábamos esperando tanto tiempo, y que, por fin, aunque de manera agridulce, pudimos conseguir. Me hace muchísima ilusión y me siento tremendamente agradecida, de poder participar en este festejo ahora nombrado patrimonio inmaterial de la humanidad, como Amazona Mayor de los Caballos del Vino, sin olvidar todas las Amazonas y presidentes de los bandos anteriores, por su gran labor y lucha incansable para llegar a conseguir todo esto.

Como Amazona, pero también como una caballista más, entiendo la difícil situación de los caballistas; mantos guardados sin usar, caballos preparados deseando darlo todo en los 80 metros de cuesta que sube a nuestra basílica, y sobre todo, adrenalina y corazón luchando por salir de su cuerpo y darlo todo en nuestro día, el 2 de mayo. Compañeros, compañeras, ¡Pronto podremos vivir juntos nuestro ansiado momento!

Ánimo Caravaqueños, ya queda menos para que volvamos a oír cascabeles, oler a pólvora, y ver como brillan nuestros caballos engalanados.

Ahora más que nunca: ¡los sueños solo mueren si muere el soñador!