Fernando López Miras

Presidente de la Región de Murcia

Las Fiestas de Caravaca de la Cruz son únicas por la inimitable manera en que aúnan devoción con espectáculo, fervor con emoción y apego a la tradición con una vocación universal que es parte esencial de su identidad.

Son también el mejor testimonio de cómo hacer del rico legado histórico y religioso que atesora nuestra Ciudad Santa, una de las cinco de toda la Cristiandad, una experiencia única en todos los sentidos.

Así lo supo reconocer, cumpliendo con una histórica deuda, la UNESCO, con la declaración como patrimonio cultural de la Humanidad en diciembre de 2020 de Los Caballos del Vino, uno de los atractivos más reconocibles y populares de unas fiestas que trascienden todas las fronteras, que por fin han recibido el reconocimiento que tanto se merecen y que vamos a poder celebrar por primera vez como corresponde, sin las limitaciones asociadas a la pandemia. No en vano, fueron también Fiestas declaradas de Interés Turístico Internacional hace ya casi dos décadas.

Y a esta dimensión universal de las festividades caravaqueñas contribuyen también, decisivamente, los diferentes actos de carácter religioso en honor al gran símbolo por el que Caravaca es mundialmente conocida, la Santísima y Vera Cruz que lleva el nombre de la ciudad a todos los lugares donde está presente la fe cristiana.

Unas fiestas que son, asimismo, la mejor ventana de la Región de Murcia al resto del planeta, que nos permite mostrar de manera global los muchos atractivos que esperan a cuantos turistas y peregrinos visiten no sólo Caravaca de la Cruz, sino también el resto de la Región de Murcia, donde serán magníficamente recibidos.

Así son las Fiestas de Caravaca de la Cruz, un ejemplo de hospitalidad y de buena acogida, donde nadie se siente de fuera y todos son bienvenidos. Cualquiera que tiene la gran suerte de conocerlas y de vivirlas en compañía de los caravaqueños siempre repite, porque pocas celebraciones fascinan más que éstas a los forasteros y peregrinos que acuden esos días llevados por su fe.

Constituyen un auténtico hito en lo que a originalidad y diversión se refiere, pero también en cuanto a la trascendencia religiosa de todos y cada uno de los actos de naturaleza sacra asociados a la venerada Cruz de Caravaca. Con hitos tan esperados como la ofrenda floral a la Santísima Cruz, la Misa Pontifical, el rito del Baño de la Cruz o la procesión del ‘Lignum Crucis’, que son el mejor testimonio de la profunda devoción de los vecinos caravaqueños.

Unas fiestas que recuperamos en propiedad tal y como eran antes de la pandemia, y que debemos disfrutar con responsabilidad cumpliendo las recomendaciones de los expertos; y que tienen en medios de comunicación como El Noroeste Digital la mejor cobertura informativa para quienes buscan conocer su verdadera esencia y un fiel testimonio de la manera tan vibrante en que toda Caravaca vive estas fechas tan señaladas.

Celebraciones cuyos orígenes se remontan ocho siglos atrás en el tiempo, pero que han sabido adaptarse a los cambios vividos a lo largo de tantos años hasta hacer de ellas una de las imágenes más reconocidas y populares de la Región de Murcia. En las que destaca el pasado medieval de la ciudad, que forma parte del legado cultural y de la identidad de todos sus vecinos, entregados al disfrute de unos festejos que son un gran motivo de orgullo para el millón y medio de murcianos, que se vuelcan esos días con los muchos atractivos que Caravaca siempre ofrece a cuantos participan de tan alegres y emocionantes jornadas.

Un magnífico preludio al Año Jubilar de 2024, que la ciudad acogerá de nuevo con la misma ilusión, dedicación y vigor con que celebra sus cada vez más universales Fiestas de Mayo.