CARALLUMA, de conservar la naturaleza se trata…

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CARALLUMA, de conservar la naturaleza se trata…
CARALLUMA, de conservar la naturaleza se trata…

Juan de Dios Morenilla / Asociación Caralluma

Caralluma es una asociación con fines exclusivamente conservacionistas y sociales, sus fundadores eran en sus inicios naturalistas de campo, estudiosos de la fauna y flora de esta comarca natural del sureste ibérico -Noroeste de Murcia, Sierra de Segura, altiplanos de Almería y de Granada-; formaron con el tiempo un sólido grupo no sólo de observación e investigación, también de defensa de la naturaleza. Siempre ha sido un colectivo modesto en número de asociados, con pocos recursos económicos, pero con componentes muy formados en distintas disciplinas. Con gran tesón, ilusión y determinación, se han conseguido objetivos que en principio parecían inalcanzables. Su origen naturalista ha sido trascendental en la trayectoria de la asociación puesto que conocer la naturaleza y las gentes de la zona posibilitó enfrentarse a proyectos y problemas ambientales con amplios criterios, aportando alternativas y buscando la solución más efectiva, evitando en lo posible denuncias o manifestaciones, aunque en determinadas circunstancias nos hemos visto obligados a emprender campañas de denuncia pública y movilización ciudadana.

Dos años antes de publicar el primer número El Noroeste, se recuperaba una especie extinta en la Región de Murcia: el buitre leonado. La asociación Caralluma se enfrentó entonces al reto que suponía conseguir por primera vez en España su recolonización natural con escasos recursos económicos. Gracias al logro inicial, hoy existen buitreras reproductoras en las montañas de Moratalla, Caravaca, Lorca y Sierra Espuña. Paralelamente, en esos años, una pequeña rapaz diurna también salía de la lista de aves al límite de la extinción. Hablamos del cernícalo primilla, una beneficiosa ave que repite el patrón de recuperación de una especie social, como los buitres, que anida en colonias. En estos días un buen número de parejas de primillas anidan en cortijos de tierras cerealistas de Caravaca, Altiplano de Yecla y Jumilla, campo de Lorca, Cajitán de Mula o los Saladares del Guadalentín. La reintroducción y recuperación de ambas especies en la Comarca del Noroeste no fue fruto de la casualidad; durante décadas, el entusiasmo y trabajo de socios y colaboradores de la Asociación Caralluma, que no dudaron en poner sus recursos personales a disposición de los proyectos de reintroducción de estas aves, lo hicieron posible. Fue una época emocionante, llena de ilusiones y proyectos.

Años antes de diluirse el siglo XX y en la primera década del nuevo milenio fue muy complicado enfrentarnos a la maquinaria especulativa y administrativa durante la burbuja inmobiliaria, con diferencia fue la época más dura para la defensa del patrimonio natural e histórico-artístico; no era fácil convencer a los ciudadanos de que estaban siendo hábilmente manipulados por especuladores sin escrúpulos mediante burdos patrocinios deportivos, festivos o culturales . Gobiernos municipales de toda la región eran un simple títere de ellos. Canteras desfigurando el paisaje montano, urbanizaciones por doquier -incluido un cinturón de chalets en Las Fuentes del Marqués-, un innecesario segundo acceso rodado al castillo de Caravaca, un parking que destruía el mayor jardín urbano o el huerto con cipreses históricos del convento de las M.M. Carmelitas, infraestructuras eléctricas y de transporte, centros de visitantes, auditorios e incluso restaurantes en la nada, para algunos ayuntamientos todos los proyectos valían. Con innumerables alegaciones y la movilización de vecinos afectados conseguimos paralizar en la comarca algunos de ellos, así como los resort ficticios que intentaban venderlos virtualmente con planos. Cuántos ciudadanos se hubieran arruinado llevados por los “vendedores de humo” que prometían trabajo y un progreso eterno, con miles de viviendas en urbanizaciones fantasma ¿Recuerdan El Roblecillo/Golden Sky, Gorrafina/Llanera, el plan parcial de la UTE Caravaca del campo de fútbol o la urbanización de Profusa tras el castillo de Caravaca, con Basílica incluida? Hoy, esqueletos de hormigón de obra pública y la deuda histórica municipal, lastrada por la firma de convenios urbanísticos con ayuntamientos, son ejemplos de lo que nunca debió suceder: la trampa de especuladores y gobernantes locales.

Entre las dos últimas décadas del presente siglo llegaron los macroproyectos industriales. Las grandes empresas eléctricas y nuevos especuladores energéticos promovían proyectos de parques eólicos y dos centrales solares termoeléctricas de torre de concentración en Caravaca, pretendían transformar el relieve rural en suelo industrial. De nuevo, infinidad de alegaciones de Caralluma y ciudadanos afectados hizo que ninguno de ellos saliera adelante. Nos adelantamos al tiempo. Pocos saben que en España, por la falta de planificación energética estatal, hay sobre producción de energía eólica y solar, debiendo parar molinos y parques fotovoltaicos en horas centrales del día así como todos los fines de semana. Añadiríamos a la burbuja energética la “era del fracking”, esta vez los especuladores de empresas petrolíferas intentaban vender recursos de dudosa existencia en Cieza o Calasparra, investigaban los esquistos bituminosos, extraídos por la técnica de fractura del suelo. Creamos la muy activa coordinadora “La Cuenca del Segura Libre de Fracking”, consiguiendo tumbar proyectos promovidos por empresas que buscaban inversores inocentes que las salvaran de la quiebra.

En los últimos años nos ha llegado el extractivismo a las tierras del noroeste. Son ejemplos de ello el rescate del contaminante proyecto de las Minas de Gilico de Cehegín, la “marmenorización” del campo a manos de la agroindustria: roturación ilegal de monte para puesta en cultivo, transformación -en contra de la Ley- de secanos en regadíos, sobreexplotación y nitrificación de acuíferos por la intensificación agrícola y, por último, las macrogranjas de cerdos y la consecuente contaminación por nitratos del subsuelo y aguas subterráneas.

La defensa de las alamedas de Caravaca y Barranda, de Las Fuentes y El Copo, de los ríos Benamor, Argos y Quipar, de los acuíferos de la comarca, del paisaje y montañas del noroeste, la recuperación de fauna y flora en peligro, el anillamiento científico de casi 25000 aves, campañas de reforestación con especies autóctonas, Campos de Trabajo nacionales e internacionales, organización de un congreso nacional sobre Buitres y dos encuentros de asociaciones ambientales regionales, doce celebraciones de Jornadas de Medio Ambiente o el incipiente y ambicioso proyecto medioambiental El Bebior…, son algunos hitos de reivindicación y trabajos que esta asociación ha promovido en más de 46 años de infatigable actividad constante. Sin la lucha y colaboración de socios, simpatizantes y vecinos, hoy algunos espacios probablemente serían fotos para el recuerdo que estarían publicándose en una red social tipo “fotografías antiguas del noroeste”, que algunos suspirarían al recordarlas.

El movimiento conservacionista es víctima a veces de las hábiles manipulaciones de personas con intereses espurios e incluso de instituciones oficiales influenciadas, intentando que el ecologismo sea “mal visto” e incluso rechazado por la ciudadanía. Nos consta que algunos despachos de la administración, cuyo trabajo consiste realmente en controlar y denunciar atentados contra el patrimonio natural e histórico-artístico, nos han utilizado como coartada para eludir su propia responsabilidad. La denuncia social es la cara menos amable de todo colectivo ambientalista, acciones y reivindicaciones de Caralluma con un mismo fin, son la cara y la cruz de una misma moneda: la conservación de la naturaleza.

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