JOSÉ MOLINA MOLINA

Los recientes manifiestos «por una España federal y una Europa socialmente federada» y otro texto alternativo «libres e iguales» que piden aAeropuerto de Corveral gobierno de la nación «postura enérgica frente al secesionismo catalán», ponen de relieve la inmadurez de los problemas territoriales y su repercusión en la sociedad. Los ciudadanos estamos observando que los recursos que se emplean en la defensa territorial, para abrir, cerrar, o escindir espacios (nacionalidades), no se emplean con la misma intensidad en la lucha por la solidaridad.
La solidaridad es una bandera de todos, y antes de discutir de lo que es «mío» (territorialmente), hay que discutir en profundidad lo que es «común». El común, sin distinción, los bienes y servicios de todos los ciudadanos, sean de donde sean, y vengan de donde vengan. Nos referimos a las necesidades básicas, esas que nos igualan a todos, y que hacen que un ciudadano de Caravaca, o de Úbeda, tenga cubierta las mismas necesidades que uno de Figueras, o de Baracaldo, por ejemplo. Es poner en acción la cobertura de las necesidades mínimas para todos. Cubierto ese primer escalón para todos, es cuando se puede discutir el sistema de reparto.
No puede serque tengamos una disparidad de necesidades sin cobertura, y que por otro lado, nuestro endeudamiento sea disparatado, como pasa en Murcia, con una hipoteca del presupuesto público regional del 20%-más del 50% del presupuesto de Sanidad y Servicios Sociales-, que se han convertido en un endeudamiento envenenado. Deberíamos preguntarnos en voz alta ¿para qué nos hemos endeudado? ¿Por qué? ¿Y quiénes son los beneficiarios? ¿Y quienes los adjudicatarios de los proyectos?
En cada territorio sus ciudadanos se organizan para desarrollar sus estructuras económicas, pero como decía Nietzsche, llegará un día que el hombreno lance la flecha de su anhelo más allá de lo sostenible. Las teorías del «siempre más» llevan el veneno de la destrucción. Los de nuestra tierra lo sabemos bien, cuando decimos con coherencia «tiene los pies en el suelo».
Queremos solidaridad para todos, no deseamos que unos tengan más oportunidades que otros, por eso observamos con preocupación, que en vez de poner la mirada en donde más duele, se tenga una fijación en proyectos que nos pueden alejar de los objetivos de igualdad. Por ejemplo, el aeropuerto de Corvera, Paramount, o el macro proyecto de Marina Cope,son proyectos en donde no se observan que lleven un bagaje de solidaridad como bandera, son apuestas económicas arriesgadas que prometen puestos de trabajo, si hay bonanza en los mercados. Me gustaría que el político que apoya el proyecto lo avalara con su patrimonio, porque jugar con el bienestar de todos, no se paga perdiendo unas elecciones.
Este desarrollismo es uno de los problemas de nuestro enfrentamiento, cada región quiere hacer «de su capa un sayo» y convierte a los políticos con los apoyosobtenidos, en caciques de su territorio, tentación reinante en todas las CCAA. Esos «sayos» cortados por los nuevos caciques, han roto la «capa» del territorio que llamamos España.
La derecha, el centro y la izquierda, deben recapacitar, y pensar de una vez por todas, que lo que está surgiendo de las entrañas del pueblo, el Noroeste no está ausente de este impulso, es defender la solidaridad entre sus ciudadanos, pero teniendo bien claro, que el enemigo a derrotar está dentro de cada territorio, porque el sayo de cada cacique político se ha confeccionado con los girones de la capa que debe cubrir a todos los ciudadanos por igual, y esa capa se llama «Estado Social de Derecho».

José Molina Molina. Doctor en Economía, Sociólogo y Miembro del Pacto por la Transparencia. Autor del libro: «Ciudadano y Gasto Público» 3ª edición (2014) Editorial Aranzadi.