José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y la Región de Murcia

Fotografía: Miguel Ángel Valero

Este verano ha cerrado definitivamente uno de los establecimientos comerciales más antiguos y emblemáticos de Caravaca: CALZADOS MANÉ, en la antiguamente llamada “Plazuela de la Encomienda”, ensanche urbano de la actual calle del pintor Rafael Tegeo, donde durante años compartió espacio con otros populares comercios como el de “Juan el Bata”, la “Tienda de Los Elías”, el todavía en activo comercio de “El Tío Amarillo”, la “Droguería de Adrián” y también el Despacho Central de la RENFE que gerenciaba la familia “Cantó”. Así mismo, el lugar en cuestión era “parada” del coche de línea de Moratalla, y no distaba mucho del antiguo  “Telégrafos”, del taller de bicicletas de “Luís” y hasta del almacén del hielo, ya en la confluencia con “Santísimo”.

Calzados Mané, siempre en el mismo lugar desde donde ahora se despide de su clientela y del público en general, nació como “guarnicionería” (o talabartería), donde se fabricaban la mayor parte de los aperos para los animales de monta y de tiro, en una época en que aquel negocio era muy lucrativo, cuando aún el trabajo de la tierra no se había maquinizado. También en aquel lugar se ofrecían a los agricultores “abarcas” para los pies y todo género de objetos para el ganado ovino, cabrío, caballar, mular y bovino, especialmente bozos, cencerros de diferente tamaño e incluso sillas de montar.

El negocio perteneció originariamente a José Sánchez Castillo, de cuyo padre (Manuel) proviene el apelativo de la familia pues de niño, con su media lengua, solía decir que su nombre era MANÉ. El edificio en cuyo bajo se ubica, perteneció al farmacéutico Pedro Antonio López, hasta su venta al actual propietario, cuando este fue beneficiado con un premio de la Lotería Nacional.

José falleció repentinamente el 28 de junio de 1968, haciéndose cargo de la transformación de la vieja talabartería (guarnicionería) en zapatería, sus hijos Manuel (quien hasta entonces se encargaba de coser “zamarras” o delantales de lona gruesa y herrajes, que utilizaban los segadores en su faena), y Antonia (quien entró en el negocio, con 12 años, en 1955)

Sus principales proveedores a lo largo del dilatado período de existencia del negocio, fueron fabricantes de Elda, Petrel, Elche, Monovar, Almansa y Villena, tales como “José María Pinor”, “Pérez y Casildo”, “Calzados Gonzalo”, “Torino”, “Piesanto”, “Cutillas” y otros, quienes siempre fabricaron calzado en piel de muy buena calidad, cuyos productos llegaban hasta “Calzados Mané” de Caravaca a través de las agencia locales “Rubio” y “Sabater, y sobre todo de los transportistas de Cehegín “El Lucio” y “Zarco”.

Las más importantes épocas de venta a lo largo del año coincidían con las fechas previas a las fiestas de la Santísima Cruz y a la Feria de Octubre, cuando la clientela se aprovisionaba para el verano y el invierno respectivamente; recordándose como los días de mayor venta a lo largo de todo el año, los lunes, día de mercado, cuando el comercio en general abría ininterrumpidamente de 9 de la mañana a 6 de la tarde.

A la hora de acercarse la fecha del cierre también se recuerda con nostalgia a la gran clientela local, así como a la no menos amplia de Cehegín y de los pueblos del Campo, siendo muchos de los que componían esta clientela amigos de la familia, que iban a acompañar a su madre, Carmen, sentándose con ella en la mesa camilla que ella adornaba con imágenes de sus devociones religiosas particulares. Era el caso entre otras muchas personas, de Dª Lucía y su hija Anita, Carmela “la Regalá” y “Genoveva”, todas ellas vecinas que acudían casi a diario a la tertulia de la Zapatería “Mané”.

La tertulia, durante los atardeceres y primeras horas de la noche en verano, se trasladaba a la calle, reuniéndose a las puertas de la familia “Cantó” un ameno conjunto de personas entre las que no faltaban, (provistos de sus sillas) vecinos de la plazuela como los ya citados, José (el padre), Isabel Celdrán y Pepe, el hijo de Dª. Lucía.

Carmen, la matriarca de la familia, siempre presente físicamente en el negocio, compatibilizaba su presencia en el mismo con sus obligaciones religiosas, que eran muchas, y siempre se la vio ataviada con el “hábito” de la Virgen del Carmen (costumbre generalizada entonces entre la sociedad local, fruto de promesas generalmente), no conociéndole sus hijos otra indumentaria a lo largo de su existencia.

Zapaterías contemporáneas a “Mané”, todas ellas desaparecidas en la actualidad, fueron las de Manolo Asturiano, el Nino y La Española en la C. Mayor. La de Paco Sánchez Castillo en El Pilar, y más modernamente “Calzados Castillo” en La Canalica; así como las de venta ocasional, instaladas en las casetas de feria durante las Fiestas de la Cruz y la Feria de Octubre en la Plaza del Arco y la Gran Vía.

Tras medio siglo largo de existencia “Calzados Mané” cierra sus puertas al público cuando sus propietarios, con 87 y 77 años respectivamente, han cumplido de sobra con su clientela y con la Hacienda Pública. Tras un breve periodo compaginando la venta de calzado de calidad con la ortopedia, los cuatro hijos de Manuel han decidido andar su vida laboral por otros caminos. El cierre de este negocio emblemático en la vida local privará a los caravaqueños en delante de un lugar de referencia y punto de encuentro social. Y a los mayores del recuerdo de cuando frente al mismo se despedían los duelos de los feligreses de la parroquia de El Salvador, antes que se generalizasen los entierros de los difuntos en el tanatorio.

Muchos de los proyectos de la cábila festera Khatar y de las asociaciones religiosas vinculadas al cercano convento del Carmen, se forjaron entre aquellas cuatro paredes que, si hablaran, contarían historias que a los de nuestra generación, seguro les encantaría escuchar.