Antonio F. Jiménez

Viernes de las migas
Por fin salí del instituto. Ya tenía yo ganas porque llevo toda la semana oyendo al Tío de la Pita mientras estoy delante de los libros en clase, que los profesores, como no son de aquí la mayoría, pues no lo entienden y me parecen fríos cuando no se entusiasman al oír el Manuel. Comí sin hambre. En nada que éstas llamaron al timbre, me puse acelerada y solo me dio tiempo a pintarme un poco la raya. Fuimos a las barracas. De camino vi por primera vez la feria y me dio sentimiento que no hubiesen traído los caballos locos. Hay unos ponis que, encima, son de mentira. Una amiga dice que mejor porque así no sufren y además no hay pestuza. Cuando veníamos de recoger las camisetas de a cal José Luis, nos cruzamos con la comparsa y los políticos inaugurando la feria. Dimos unos botes en lo del chupinazo del Tío de la Pita en la Plaza, pero ya se va notando que soy de las más altas. Nos comimos de prisa y corriendo las migas en casa de mi abuela y volvimos a las barracas. Hay un zagalón que me mira mucho, pero no se atreve a acercarse. Ya podría, porque así de primeras no me desagrada. Se me fue la noche en nada. Caté por primera y última vez el whiskey. Salí en la Diana y nos encontramos entre todo el gentío a Los Inhumanos, que tocaron anoche en el Jardín. Me recogí con el sol y un regusto a panadería en el paladar. Me desperté sonriendo a las tantas con la música de las atracciones a lo lejos.

Sábado 3
Me dije de bajar a la Plaza Vieja a ver si pillaba algo en el almuerzo de la Diana que prepara La Barrecha y La Rosarico. Terminé por apañarme bien el cuerpo con medio chusco de morcillas y panceta que, digo yo, no me sentará muy bien para la gota. Cuando vi llegar a la juventud con todo el percal y el jumento encima, me orillé por lo del Arco y me fui con los viejos. Hicimos memoria de cuando la Feria era antes un tío vivo y una caseta aquí mismo en la Plaza Vieja. Los zagales dieron remo en la comida con lo de bajarse a los coches eléctricos. El mayor se está dejando barba y me ha dicho en serio que si me voy con él esta noche a una cosa de música en La Almazara, que si no me equivoco se llama Ruidismo. Le he dicho que en la feria hay un indio que está todo el rato tocando un laúd y le he preguntado que si en eso del Ruidismo van a tocar el laúd, pero el janglón se ha puesto con las risas y que el Ruidismo es una música independiente con sonidos de la naturaleza y demás. Porque se me está hinchando el dedo del pie, si no, bajaba a ver. A mí me chifla la música. Mi hija me ha traído un turrón casero de almendra y le he dicho que lo dejara en la despensa con los del año pasado. Esta noche ella se va al concierto de Los Secretos y yo, si se tercia, igual me bajo a la Plaza y veo lo del Bolillo artesanal. A ver si este viaje manejan pleita y me puedo agenciar algo de esparto para un capazo que me quiero hacer.

Domingo 4
Me despertaron los whatsapps por mi santo. Dice mi madre que aún me ve cáscaras de huevo esturreadas por el pelo. Ella y mi padre se fueron temprano al Zacatín con mi hermana pequeña y ya no los he vuelto a ver hasta la noche. Yo me fui a comer con los amigos de siempre y, cuando cruzamos La Plaza y pisamos el mosto de lo de esta mañana, el copero me ha dicho que los jóvenes vivimos la mitad de las fiestas porque solo salimos por la noche y la mañana la pasamos roncando. Me temo que nos hemos pasado con el Baylis. Nos fuimos al parque de la Quinta a bebernos unos cubatas. Jipé a la zagala, pero la chica nanay. Entramos a La Almazara a lo de los Dj’s y pegué unos brincos. El copero dijo de echar unos tiros en las casetas. De camino nos jalamos una hamburguesa. El Socio nos recibió con alegría y nos puso ya directamente los corchos en la bandeja. El copero se gasta maña para cargar la escopeta. Le dio gusto al gatillo y se bajó una de anís y otra de ron. Yo pegué cuatro petes y no bajé nada. En el quinto, la culata me dio en la mandíbula y me tuvieron que poner hielo. Quería bajar una navaja, pero cayó un peluche. Pensé en dárselo a mi hermana pequeña, pero no te extrañe que si veo de nuevas a la zagala esta se lo regale sin presentarme siquiera. Me han dicho que anda en lo del tributo a Héroes del Silencio. De primeras, tiene buen gusto musical. En las barracas volví a quedarme afónico. Eché un meo en los váteres portátiles y me encontré con una pastel. Tuve que estar con una mano sujetándomela y pinzándome las narices con la otra.

Lunes 5
Pues ya están las fiestas casi despachadas. Todo el año esperándolas y luego se pasan en un tris. Aunque las novenas terminaron el sábado, ayer cantamos de nuevas el himno y nos fuimos luego de procesión con la Virgen del Rosario. Hoy fue la misa por todos los difuntos de este año. Voy oliendo a rosas desde que el currillo de mi marido me regaló ayer por mi santo un frasco de un puesto. Bajé con el nieto a montarlo en los caballitos y luego cogimos dos pollos de la feria. Te ponen el pimiento verde y las patatas en el fondo, qué gracia. En la cola sufrimos las calores. El cocinero nos vio con la gotera y nos puso tres jarras de cerveza y unas olivas partidas gratis encima de unos barriles para que se hiciera más amena la espera. Majo como él solo sí que es. A la tarde saqué la silla al Camino Real y vimos pasar el desfile de carrozas. Cuánta juventud contenta. Qué gracia me hicieron los que iban de policía parando a los que iban de motoristas. A la noche bajé con mi marido a La Mundial. Hay que ver el ardil de esta gente, muchacho. La verdad es que este espectáculo nunca nos lo perdemos. Qué sentimiento me dio cuando le hicieron el homenaje a Lina Morgan. Mi marido estaba soso, pero se animó de sopetón cuando tocaron una mejicana. Mañana iré a ponerle un vergel de rosas a la Virgen en lo de la ofrenda floral.

Martes 6
Dice mi padre que doy mucho remo con las cebolletas y que como no pare con el azogue no me feria un juguete de la caseta. A mí es que me gustan las cebolletas más que los chinos porque no tengo que pedirle el mechero a mi madre. Mi padre me ha quitado los petardos y a mí se me ha puesto una pelota en la garganta y he echado unas lágrimas delante de todos y me he quedado sentado en el suelo y así hubiera venido toda mi familia junta a levantarme, yo que no y que no. Mi hermano ha salido esta tarde en lo de los autos locos. Luego fuimos a los churros y como estábamos más cerca de la caseta de los juguetes le recordé a mi padre lo de que me tiene que feriar. Mi padre al final se levantó pero el tonto va y se pone a ver un ajedrez. Yo lo que quiero es el helicóptero o el barco pirata, o las dos cosas. Al final fue un coche teledirigido y a mi hermano unas flechas indias. Me fui chochísimo para mi casa. Desde la terraza vimos la traca final pero yo me puse los dedos en los oídos. No sé qué ven de chulo en los truenos estos, jolín. El gordo del final dice adiós a las fiestas. Mi madre me dijo que venga para la cama. Mañana aún no hay clase. Mi padre me subió a coscoletas a la cama. No me gusta que se hayan acabado las fiestas. Pero dice mi padre que como somos de los últimos pueblos al que vienen los feriantes, van a dejar los coches eléctricos y los caballitos, y la caseta de los juguetes, y la de los tiros, y la de los pollos, y los churros, hasta por lo menos el día de todos los santos. ¡Bien!

Estas cinco crónicas de los cinco días de las Fiestas de Bullas, contadas a través de las vivencias de cinco voces distintas, son textos imaginarios que no están en absoluto lejos de la realidad de cómo los bulleros viven el jolgorio de sus Fiestas Patronales. Ya que, como dice el escritor António Lobo Antunes, «la imaginación no es más que la memoria fermentada que se nutre de la experiencia real de la gente».