POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

El pasado viernes, como colofón y clausura del «Festival Internacional de Teatro, Música y Danza», de San Javier, tuvo lugar la actuación de «dos grandes» de la escena musical, aunque ella también se prodiga, con indiscutible éxito e inusitado talento, en las tablas del teatro y en las secuencias cinematográficas. Hablamos de María del Pilar Cuesta Acosta (27-05-1951, Madrid) y Víctor Manuel San José Sánchez (07-07-1947, Mieres del Camino-Asturias). Ambos, seguramente, nos resultan más familiares y cercanos como Ana Belén y Víctor Manuel, quienes ofrecieron un concierto que «reventó» el ya mítico auditorio del «Parque Almansa» marmenorense.

Hasta la bandera

Se poblaron hasta la bandera todos los escaños del recinto mencionado. Varias generaciones se ponían de acuerdo para recibir al «dúo de los dúos», ese matrimonio que, en la vida real, forman, muy felizmente, estos dos prototipos del mundo artístico que, al ritmo de los primeros compases musicales, irrumpieron en el escenario de manera sincrónica y con la sencillez y elegancia que les caracteriza siempre. Y lo hacen con «El padre Antonio y el monaguillo Andrés», la composición que también abre el nuevo disco titulado «Canciones regaladas», selección de temas musicales con la que diseñaron un gran concierto, muy bien estructurado y dosificando las canciones nuevas para irlas «metiendo» con «calzador suave». Tema inicial, compuesto por Rubén Blades y dedicado al asesinato de Monseñor Romero, sucedido el 24 de Marzo de 1980. Y sonó «Luna», de Víctor Manuel, quien, seguidamente, se refirió a José Alfredo Jiménez como «excelente compositor», pese a que «llevó mala vida por sus fuertes vicios, lo que le ocasionó el morir joven y totalmente cirrótico». Para el nuevo disco, no ha elegido, aclaró, la canción que más le gusta, como es «El Rey», sino la que lleva por título «En el último trago». «Choca esos cinco» es otra composición del nuevo lanzamiento, creada por el portugués José Alfonso, con una letra que»parece escrita ayer por la mañana cuando, en realidad, tiene más de 40 años y que se compuso allá por la Revolución de Los Claveles», aclaró el de Mieres. Ángel Crespo, en la batería, y Amado Zulueta, en la percusión latina, fueron los dos primeros músicos en ser presentados al público, antes de sonar «Yo también nací en el ’53» para que Ana Belén se refiera, previamente, a «aquellos chicos que, como The Beatles, si no consiguieron cambiar el mundo, sí, por lo menos, que el mundo no les cambiara a ellos». En el saxo, flauta, armónica, teclados y pequeños elementos de percusión, Santi Ibarretxe. Y comienza «Nada sabe tan dulce como su boca» para seguir con «Soy un corazón tendido al sol», «un regalo queme hice a mí mismo, dijo Víctor, tras las primeras elecciones democráticas, a continuación de ser padre y como guinda a la situación de atacar un oscuro túnel del que siempre supe que iba a salir». En el bajo se anuncia a Javier Sáez para iniciar «Los pájaros perdidos», del argentino Astor Piazzolla, el gran bandoneonista y revolucionario de los parámetros musicales del tango y el Jazz. Osvi Grecco y Borja Montenegro en las guitarras, de punteo y rítmicas, respectivamente. «¿A dónde irán los besos?» para continuar Víctor Manuel, no sin antes indicar que se la inspiró el idioma francés y las guapas estrellas de cine, como la siempre admirada «BB», Brigitte Bardot. «¿Por qué conformarse con menos?», apostilló. Ana Belén siguió comentando que «Peces de Ciudad» es «la composición que me regaló Joaquín Sabina, diciendo que me merezco sus canciones. Pero con esta…¡¡¡se pasó!!!». En los telones de proyección, la letra de esa partitura y la imagen del de Úbeda con su inseparable bombín, telones que siempre mantuvieron temáticas en consonancia con los contenidos de las canciones.

El lujo de llevar como director musical a un hijo de la pareja y auténtico maestro del arte del pentagrama

Arreglos, voces, teclados, composición y dirección musical, David San José, el hijo del matrimonio al que nunca presentan como tal, porque, hasta para eso, son elegantes y artistas, aunque bien es cierto que no pueden disimular su cara de satisfacción y gozo en esos momentos, porque, además, David es un maestro del arte del pentagrama. Continúa Víctor señalando que «existen muchos muertos en fosas comunes, en cunetas y otras situaciones semejantes y tan dolorosas, pero que ningún gobierno democrático ha afrontado este problema con la decisión y valentía que se precisa. No somos el primer país en esa dura adversidad. Es Camboya», preámbulo esgrimido para interpretar «¿Cómo voy a olvidarme?». «Todo cambia», otra canción nueva que escribió Julio Numhauser, componente de Quilapayún, exiliado desde el Chile pinochetista, en 1973, hasta Suecia. Pero se la escucharon, por vez primera, aclararon, «a toda una señora: Mercedes Sosa», mientras que «Quiéreme tal como soy» es otra maravillosa creación de Billy Joel, «ese gran compositor que ya me regalara ‘El hombre del piano’, otra preciosa canción», sentenció Ana en sus primeros compases. Siguió «Lía» y, luego, «Verano», de Marco Briguetti y Marco Martino, «una canción en la que digo convincentemente –aclara Ana- que odio el verano, pero que, en realidad, es lo que más me gusta».

Cambiando «limpia» por «blanca» para una misma camisa

«Basándose en un verso de Blas de Otero, que decía ‘España camisa limpia de mi esperanza’, Víctor me compuso ‘España camisa blanca de mi esperanza’. Y era el mejor regalo que podía hacerme en materia musical». «Escribí esta canción hace 37 años -prosiguió Víctor-. Y, desde entonces, ha contribuído a que sean visualizados con cariño y cercanía sus protagonistas cordobeses. Han tenido tres hijos y dos de ellos son universitarios». Naturalmente, se estaba refiriendo a «Sólo pienso en ti» que coreó todo el mundo. Replicó Ana señalando que Nacho Canut, Carlos Berlanga y David San José (su hijo al que sigue llamando por su nombre y primer apellido, sin más) arreglaron para ella esa nueva versión de «¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?». Echaron mano de un precioso y muy bien concebido dúo con «Quiero abrazarte tanto», para seguir con «Sólo le pido a Dios». «Porque nadie piensa en el sexo cuando le rebañan el pescuezo», dijo Víctor Manuel para interpretar esa preciosa canción que lleva por título «Ay, amor». Y sonó «Derroche», «Asturias», «El hombre del piano» y «La puerta de Alcalá», en un deliro colectivo que puso en pie a todo el mundo. Volvieron para regalarnos tres «bises»: «No sé por qué te quiero», del propio Víctor Manuel; «Contamíname», de Pedro Guerra, y la animada canción de Chico Buarque, muy propia para una alegre despedida, denominada «La Banda». Todo ello, dio para un extraordinario y brillante concierto al que solamente le faltaron tres minutos justitos para completar las dos horas y media de espectáculo, una actuación que dejó complacida a toda la concurrencia y en la que unos músicos extraordinarios y unos intérpretes veteranos que no hace falta presentar, por resultarnos sumamente conocidos, dieron, como siempre, lo mejor de sí mismos. Desgranaron 28 canciones, de las que 8 eran de su último lanzamiento discográfico, compuesto por 12 temas, de los que solamente dejaron de ofrecer «Aleluya» (de Leonard Cohen), «Al fin» (Mack Gordon y Harry Warren), «La guerra de las rosas» (José Mario Branco y Manuela de Freitas) y «Años dorados» (Chico Buarque y Antonio Carlos Jobim). Un concierto que, seguro, será recordado con cariño y admiración.

Cehegín les espera en sus fiestas patronales

Y, ahora, además, se repetirá en las fiestas patronales de Cehegín. Así, pues, que no se lo pierda nadie. Todo el Noroeste murciano y cuantas personas quieran sumarse, tienen una cita con dos ejemplos de dedicación y entrega a la música. Uno, con más de 50 años en escena. Y, ella, a punto de cumplirlos. Experiencia, constancia, calidad, sentido del arte y criterio interpretativo se dan la mano con estos dos grandes cantantes, queridos por todos, que producen las mejores vibraciones a varias generaciones simultáneamente. Buenos días.

Pedro Antonio Hurtado García es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN en el Noroeste murciano