REBECA GONZÁLEZ

El profesor Carlos Fernandez Liria, respecto al proceso de reforma universitaria del plan Bolonia, comentaba que «la calumnia ha sido un ingrediente muy importante en esta revolución educativa que los ricos de la Unión Europea decretaron contra los pobres. Una vez que se decidió sacrificar la Universidad pública hasta volverla rentable, era vital desprestigiarla.«

Esto se materializó en las últimas manifestaciones por la educación pública que se han convocado: al paso de la marcha que reivindicaba «somos estudiantes, no somos clientes«, una señora nos gritaba e insultaba orgullosa de su intervención, asegurando que no estudiamos, que somos unos gandules que viven de las becas, como si éstas pudieran sostener a alguien hoy día.

Claramente, las estudiantes ignoramos la brutalidad de sus palabras, pero nos removió por dentro la seguridad con que las decía, esa señora realmente nos odiaba. Es curioso que salgamos a las calles a pedir más contenido en las carreras, el estudio de filosofía y ética en secundaria, y el discurso del régimen sea que no queremos estudiar.

Lo cierto es que el modelo educativo ha cambiado mucho en 8 años, transformándose y anticipando la transformación de modelo productivo que iba a traer la crisis económica. Se necesitaba una cualificación de la mano de obra más precaria, enfocada al sector turístico, así que se redujeron becas, se subieron tasas y con ello se vaciaron las aulas y se llenó el sector de la restauración de empleos precarios, sin derechos y bien atados con las dos últimas reformas laborales.

Nada es casualidad en el capitalismo, ni los gritos que las estudiantes alzan en las calles, ni la señora que desprestigia a la base del conocimiento de su país. Son las dos caras de la moneda capitalista.

Pero esta reflexión que el movimiento educativo tiene es fruto de un pensamiento crítico que se criminaliza y sobretodo se desvalora, porque la juventud no tiene valor en un país donde se legisla en contra de su futuro.

 Aún con todo esto, sigue siendo necesario para los aparatos de poder el desprestigio de la Universidad pública, porque el sistema productivo ha dado un cambio irreversible e imperdonable, los asalariados en condiciones de pobreza crecen y la educación sigue siendo impedimento a la rebaja de condiciones laborales. Nos viene ahora una forma distinta, en la que el régimen ha aprendido de sus errores del 2000, reforma menos calumniadora pero más dura: ya se habla del «Pacto nacional por la educación», los partidos neoliberales que forman parte del congreso necesitan adaptar este modelo educativo al nuevo modelo productivo de esclavismo de las clases populares.

 Es una reforma tan predecible para el movimiento estudiantil que se convierte en mucho más difícil de explicar y de combatir, porque la sociedad no entiende la lógica del sistema como una estudiante que lleva leyendo reformas desde la LOE. Cuando hace 8 años explicábamos que iban a subir las tasas, reducir las becas, insertar empresas en la universidad, vaciar las Erasmus por mucha movilidad europea que Bolonia proclamara, eliminar carreras, devaluar la educación secundaria… cuando decíamos eso, nos llamaban locos, ningún partido nos creía, ningún sindicato. El tiempo, en desgracia, nos dió la razón y con ello nos dio fuerza. Pero esta vez necesitamos la fuerza de forma previa, necesitamos que la sociedad entienda que el hilo conductor de las reformas educativas desde el franquismo hasta ahora es el mismo.

 Me voy a atrever a dar una de esas predicciones como las que dimos en el movimiento antibolonia. Recordando de donde venimos podemos ver donde vamos: a ser el espacio periférico de vacaciones de una Europa racista, a la que serviremos a 5€ la hora en el mejor de los casos, sin derecho a pensión, dando horas extra gratis, con una sanidad totalmente mermada y sin recursos, con unos centros educativos en que estudiará una minoría elitista carreras con pocos contenidos, las becas serán el pasado o la buena voluntad de algunas entidades privadas que sean dueñas de las distintas facultades y el señor Mendoza de la UCAM será el señor feudal de nuestra educación, nuestros deportes, hospitales y religión. O bueno, si no les gusta, pueden evitarlo, ahí la predicción la dejo en manos de quiénes luchen por una educación pública en su país. Esto no es una guerra, es hacer valer la justicia e igualdad de las de abajo frente a los ricos que quieren dominar hasta nuestros conocimientos.

 Si el sistema cambia su discurso y sus formas, nosotras necesitamos cambiarlo. Necesitamos que la movilización educativa sea movilización social. Necesitamos que el nicho de mercado que es la educación para las élites, sea nuestra esperanza para transformar nuestro país. Porque el sistema educativo si es sostenible, lo insostenible es el sistema corrrupto capitalista.

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