Pedro Antonio Hurtado García

Es evidente la insolidaridad existente en materia de clasificación y depósito colectivo de los residuos sólidos urbanos. No obstante, es cierto que son muchas las personas mentalizadas en tal sentido, pero, con que unos pocos no respeten esa clasificación o distribución de las basuras domésticas generadas, se malogra el beneficio que se persigue.

Hay quienes argumentan que esa colaboración resta unos puestos de trabajo que el sistema y el servicio quieren ahorrarse; quienes, en un gesto de injustificado atrevimiento, hasta aseveran que, luego, los servicios de recogida de los contenedores lo mezclan todo y que, por lo tanto, realizar la clasificación es toda una tomadura de pelo.

Todo argumento, mayoritariamente sin ninguna consistencia, para justificar un comportamiento incívico que atropella y deja sin efecto el esfuerzo solidario de quienes tratan de ser consecuentes con esa necesidad colectiva tendente a reciclar los residuos, favorecer el medio ambiente, mejorar el planeta y, en definitiva, beneficiarnos todos.

Tanto que se culpabiliza a los jóvenes de muchas adversidades, es momento, ahora, de reconocer que, ellos, por educación familiar, en unos casos, por formación escolar, en otros, o por ambas prácticas simultáneamente, tienen mucho más interiorizada esta conveniencia y necesidad, pese a que existan graves e intolerables excepciones.

No nos excusemos, admitamos que es bueno para todos, que no es costoso más allá de la leve molestia y que los que practican este compromiso, sistemáticamente, merecen el máximo respecto colectivo. Tampoco nos creíamos que la prohibición del tabaco en espacios públicos iba a funcionar y, ahora, no solamente está asumido, sino que, incluso, queda mal visto y resulta intolerable fumar en esos lugares. Responsabilidad y compromiso es lo que nos falta a todos. Buenos días.